Edición Nº 1089 - Viernes 17 de julio de 2026

La campaña antiargentina

Viernes 17 de julio de 2026. Lectura: 8'

Por Diego Papic

En esta columna de la revista “Seúl”, el periodista Diego Papic —editor de Seúl y crítico de cine— analiza lo que percibe, con buenas razones, una campaña antiargentina combinada con un antisemitismo rampante.

Nos dicen el Israel del fútbol como insulto y, sin querer, aciertan: el odio que estamos recibendo es el mismo que persigue a los judíos desde siempre.

El 16 de junio, cuando todavía no había terminado el primer partido de Argentina en el Mundial, un usuario de X oriundo de Paquistán, con las banderitas de Portugal y de Palestina y el arroba del Real Madrid en su bío, tuiteó: «ARGENTINA ES EL ISRAEL DEL FÚTBOL!!!!!!!». Que el madridismo es una religión, ya lo sabía, pero nunca se me había ocurrido que podía existir una cruza con el islamismo. Me pareció una curiosidad, atribuible quizás a que estábamos jugando contra Argelia, un país en el que la religión oficial es el islam sunita.

De todas maneras, no entendí por qué Argentina sería el Israel del fútbol. ¿Por su poderío? ¿Porque, según ellos, hacemos trampa? ¿Porque estamos protegidos por el establishment? ¿Por el mismísimo Dios? Cuando terminó el partido, el mundo estaba enloquecido con Argentina y en particular con Lionel Messi, que, a pocos días de cumplir 39 años, había convertido tres goles (se puso de moda decir hat trick, expresión que aprendí jugando al FIFA 99, pero que nunca se había usado seriamente en Argentina hasta ahora).

Con el correr de los días, cuando empecé a meterme en el submundo del periodismo deportivo mejicano, me di cuenta de que muchos estaban reclamando una tarjeta roja para Messi por un pisotón al defensor Aïssa Mandi cuando el partido iba recién 1 a 0. El runrún de que Argentina estaba siendo beneficiada empezó a crecer, alimentado luego por el golazo anulado al egipcio Mostafa Ziko y por la expulsión del suizo Breel Embolo. Los anti-Messi, madridistas, pro-Cristiano, mejicanos y uruguayos anti-Argentina contribuyeron a construir en las redes la narrativa de que la FIFA quería que ganara Messi. Es cierto que no era una novedad, pero las voces que habían dicho eso durante el Mundial de Qatar eran más bien marginales.

Todo esto se cruzó con la otra narrativa, que se viene repitiendo hace varios mundiales, de que la Selección argentina no tiene negros y de que, por lo tanto, somos un país racista. Los partícipes necesarios fueron muchos progres locales, claro, aunque me parece que ahora están percibiendo que la jodita se les fue de las manos. Porque entonces lo deportivo se mezcló con lo social y lo político, y de golpe el blanco de las acusaciones no es un jugador de fútbol o un equipo, sino un país entero y todos los ciudadanos. Muchos de nosotros, seguramente, nos vimos en la situación de tener que aclarar, estas últimas semanas, que no todos somos racistas, que Argentina es un país que recibió muchos inmigrantes, etc.

¿Por qué pasa esto? ¿Será casualidad que nos haya tocado jugar (y ganar) contra Argelia, Jordania y Egipto, tres países de mayoría musulmana? Yo creo que contribuyó, que se dio una tormenta perfecta. Anteayer, la cuenta de X de Al Jazeera (rebrandeada como AJ+), el conglomerado de medios qatarí, con más de un millón de followers, publicó un video con el texto: “Algunos hinchas latinoamericanos en el Mundial han reabierto los debates sobre raza y colonialismo en América Latina”. En el video, una mujer con hiyab dice: “¿Por qué algunos hinchas latinoamericanos en el Mundial están tan ansiosos por mostrar lo racistas que son?” y muestra imágenes de hinchas argentinos cantando la famosa canción de Francia y Angola. Aprovecha eso para decir que en Argentina hubo una “limpieza étnica”, que “se borró a los negros de nuestra historia” y todas las cosas que ya sabemos.

Los de Al Jazeera no son tontos. Son muy prolijos. Pero son la punta de lanza de un ejército (no voy a decir de trolls, porque seguramente es gente real que lo hace gratis y orgánicamente) que disemina mentiras e injurias.

Si ponen “Argentina is the Israel of football” en el buscador de X, van a ver que hay un montón de tuits, no solamente el primero que vi yo durante el partido contra Argelia. Algunos incluyen fotos modificadas de Messi con nariz grande y kipá, o de Messi con Netanyahu o de Messi en el Muro de los Lamentos. El periodista egipcio Mohammed Nour publicó un video en el que dijo: “Jugamos contra Argentina, pero también contra la FIFA e Israel. La Selección argentina es el equipo israelí por excelencia. Messi fue a Israel varias veces, hasta usó kipá y fue al Muro de los Lamentos”.

El entrenador de Egipto, Hossam Hassan, que agitaba una bandera de Palestina al final de cada partido (a pesar de que su país tiene la frontera cerrada con la Franja de Gaza), hizo la seña de que estaba sufriendo insultos racistas cuando vio una bandera de Israel en la tribuna argentina. Recibió una tarjeta amarilla por esto.

Por si fuera poco, el viernes el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, también dijo que a Egipto lo habían “robado” en el partido. Por supuesto que Mamdani no tiene ni la menor idea de la forma que tiene una pelota de fútbol, pero su batallón de asesores está siempre atento a los trends de las redes y el tipo se sube a todas. Y, ¿de qué lado se iba a subir? Del del Eje del Mal.

Lionel Messi es famoso por su silencio respecto de cuestiones políticas. Él y sus compañeros (con ayuda del Chiqui Tapia, hay que reconocerlo) gambetearon a Wado de Pedro y todo el Gobierno kirchnerista en 2022, y nunca ha expresado opiniones sobre ningún tema, ni ha posteado en redes sociales nada demasiado jugado. Fue muy criticado por el progresismo vernáculo cuando fue a la Casa Blanca y le dio la mano a Donald Trump, pero eso no implicó adhesión alguna: fue como capitán del equipo campeón de la MLS en una visita protocolar al presidente de los Estados Unidos.

Incluso me acuerdo de que, en junio de 2018, antes del Mundial de Rusia, la Selección iba a jugar un amistoso con Israel en Haifa, pero la ministra de Cultura y Deportes israelí, Miri Regev, lo movió a Jerusalén sin consultar con nadie, con lo que se puso en marcha un boicot que incluyó amenazas a los familiares de los jugadores, que prefirieron cancelar el partido. En ese momento, me enojé con el equipo, pero se me pasó enseguida, antes del primer partido con Islandia. Hoy, a la distancia, entiendo que era una estupidez y hasta diría un acto de egoísmo insensato pedirles que hicieran la heroica. Pero, sobre todo, lo más probable es que a ellos les chupara un huevo Israel. Ni a favor ni en contra.

Pero para los islamonazis, un neutral es lo mismo que un sionista. Un argentino que festejó la victoria sobre Egipto es un infiel que forma parte del lobby judío. Las teorías conspirativas son el fermento que está alimentando este antiargentinismo organizado, al que están sucumbiendo no sólo termos profesionales como el mejicano Álvaro González, sino tipos inteligentes y hasta ahora racionales como Garry Kasparov o el economista egipcio-estadounidense Mohamed El-Erian, a quien el viceministro de Economía José Luis Daza se tomó el trabajo de contestarle con un largo tuit.

Es que desmontar las teorías conspirativas es muy trabajoso. Después de que el medio mejicano Indie 505, con 600.000 seguidores en X, posteara “En las últimas 48 horas, publicaciones anti-Messi y anti-Argentina están alcanzando rápidamente 200 - 300 MIL me gusta en X” (fuente: de ravioles), alguien respondió con un video de la influencer Delfi Maccari en el que aplica los que se conocen vulgarmente como los principios de la propaganda de Goebbels (simplificación y enemigo único, contagio, transposición) a lo que está ocurriendo con Argentina: todos los argentinos somos racistas y genocidas, todos nos odian, nos acusan de una cosa y cuando empezamos a defendernos nos acusan de otra cosa, etc.

Vi el video y me corrió un escalofrío por lo parecido que es a los miles que veo a diario de influencers judíos que intentan desmontar las teorías conspirativas antisemitas. No es un genocidio, no todos los judíos son tacaños, un judío de Villa Crespo no es responsable de lo que hace el Estado de Israel.

Entonces, al final, ¿Argentina es el Israel del fútbol? Bueno, no. Supongo que este hateo se va a terminar cuando se termine el Mundial. Argentina no está en guerra con nadie. Todo es infinitamente más soft. Pero, como argentinos, recibimos por unas semanas el mismo odio que reciben (recibimos) los judíos desde siempre. No abrigo la esperanza de que ningún antisemita, blanco ahora de teorías conspirativas parecidas a las que ellos creen de los judíos, tenga una epifanía. Pero quizás esto despierte la empatía de algún neutral. Quizás.



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