La batalla por Bolivia
Edición Nº 1081 - Viernes 22 de mayo de 2026. Lectura: 6'
Bolivia arde entre el colapso económico, la interna del poder y la sombra de Evo Morales: un país paralizado donde las protestas ya no buscan sólo respuestas sociales, sino definir quién controlará la transición política... y quién evitará terminar ante la Justicia.
La crisis que atraviesa hoy Bolivia no es un estallido espontáneo ni una simple protesta social contra el presidente Rodrigo Paz Pereira. Es la convergencia de tres procesos distintos pero entrelazados: el agotamiento económico del modelo del MAS, la ruptura traumática del ciclo político iniciado por Evo Morales, y la disputa feroz por el control del poder dentro del propio universo “evista”. El resultado es un país bloqueado, con desabastecimiento, violencia callejera, fracturas diplomáticas y una institucionalidad sometida a una presión creciente.
El origen profundo: el final del modelo económico del MAS
Durante casi dos décadas, Bolivia sostuvo estabilidad política y expansión social gracias a una combinación excepcional de altos precios internacionales del gas, fuerte gasto público, subsidios masivos y centralización política bajo el Movimiento al Socialismo (MAS). Mientras ingresaban dólares por exportaciones energéticas, el modelo parecía sostenible.
Pero el deterioro comenzó antes de la llegada de Paz al poder. La caída de reservas internacionales, el estancamiento gasífero, el creciente déficit fiscal y la dependencia de subsidios —especialmente a combustibles— fueron erosionando la economía boliviana lentamente. Cuando Rodrigo Paz asumió en noviembre de 2025, heredó un país prácticamente sin margen financiero.
El nuevo gobierno optó por un giro brusco: reducción de subsidios, ajuste fiscal, apertura económica, acercamiento a Estados Unidos y desmantelamiento parcial de estructuras estatales creadas por el MAS. Paz buscó presentarse como el hombre que “normalizaría” Bolivia tras veinte años de hegemonía socialista.
Pero la velocidad y la orientación ideológica del cambio generaron un efecto explosivo.
Rodrigo Paz: reformas rápidas, poca base social
El gobierno de Paz cometió un error político central: intentó transformar el modelo boliviano sin construir previamente una coalición social capaz de sostener el costo del ajuste.
Su gabinete quedó dominado por técnicos, empresarios y dirigentes alejados de los movimientos campesinos, indígenas y sindicales que históricamente estructuran la vida política boliviana. La exclusión simbólica fue percibida de inmediato: retiro de la wiphala del Palacio Quemado, eliminación del Ministerio de Medio Ambiente, cierre del Ministerio de Justicia y alineamiento diplomático con Washington y gobiernos conservadores de la región.
En Bolivia, donde las organizaciones sociales son actores de poder territorial real, gobernar sin ellas equivale a gobernar sobre una falla tectónica.
La eliminación parcial de subsidios a combustibles agravó la inflación y disparó el malestar popular. El encarecimiento del transporte y de alimentos básicos activó protestas que inicialmente tenían una base económica genuina. Pero rápidamente el conflicto fue capturado políticamente.
Evo Morales: supervivencia política y supervivencia judicial
El rol de Evo Morales es decisivo para comprender la escalada.
Sobre Morales pesa actualmente una orden de captura vinculada a acusaciones de trata y abuso de menores, además de otras investigaciones judiciales. El exmandatario permanece refugiado políticamente en el Chapare, su bastión cocalero, desde donde conserva enorme capacidad de movilización territorial.
El gobierno sostiene que las protestas fueron coordinadas y potenciadas deliberadamente por el “evismo” para forzar la caída de Paz o provocar una “sucesión constitucional”.
Y hay elementos que respaldan parcialmente esa hipótesis:
- Morales llamó explícitamente a sostener bloqueos y cercos sobre La Paz.
- Sectores cocaleros y campesinos ligados históricamente al MAS lideran buena parte de las movilizaciones.
- Las consignas dejaron rápidamente de ser económicas para exigir la renuncia presidencial.
- El expresidente comenzó a plantear públicamente la necesidad de una “sucesión constitucional”.
La motivación de Morales no parece exclusivamente ideológica. Hay un fuerte componente de supervivencia personal.
Mientras el sistema político permanezca convulsionado y el país se encuentre al borde de la ingobernabilidad, resulta más difícil ejecutar una detención contra él. Además, si logra debilitar o derribar al gobierno, podría negociar condiciones de impunidad o reconstruir capacidad de influencia institucional.
En otras palabras: la crisis social es real, pero Evo intenta convertirla también en un escudo judicial.
El vicepresidente: el factor más peligroso
Uno de los elementos más delicados del escenario boliviano es el comportamiento del vicepresidente Edmand Lara.
Desde el inicio del gobierno mantuvo tensiones públicas con Paz, cuestionó decisiones del gabinete y cultivó un perfil propio.
Pero en medio de la crisis esas diferencias adquirieron otra dimensión. Diversas versiones periodísticas señalan una convergencia táctica entre sectores vinculados al vicepresidente y el entorno de Evo Morales. El objetivo sería precipitar la caída de Paz y habilitar un reemplazo constitucional menos confrontativo con el MAS. El escenario recuerda una lógica clásica de la política boliviana: la erosión interna del poder presidencial antes que un golpe militar tradicional.
La gravedad institucional reside en que el vicepresidente no aparece como un factor de estabilización sino potencialmente como un actor de transición.
Eso explica por qué Paz endureció el discurso sobre “desestabilización” y buscó respaldo externo en la OEA y Estados Unidos.
La dimensión internacional
La crisis boliviana ya dejó de ser doméstica.
Estados Unidos respaldó explícitamente a Paz y habló incluso de intentos de “golpe”.
En sentido contrario, Gustavo Petro cuestionó al gobierno boliviano y tomó distancia del relato oficial, provocando una crisis diplomática que terminó con expulsiones recíprocas de representantes.
La fractura regional reproduce el viejo clivaje latinoamericano:
- gobiernos que ven en Paz una transición democrática post-MAS;
- y gobiernos que interpretan su administración como un experimento conservador apoyado por Washington.
Bolivia vuelve así a convertirse en un escenario geopolítico sensible.
¿Qué puede pasar ahora?
Hay cuatro escenarios posibles:
- Paz sobrevive debilitado: Es el escenario más probable a corto plazo. La reorganización del gabinete y la creación de un consejo económico-social buscan abrir negociación con sectores moderados mientras se aísla al núcleo duro “evista”. Pero incluso si logra desactivar parcialmente las protestas, Paz quedará políticamente herido y obligado a moderar su agenda reformista.
- Radicalización y violencia creciente: Si continúan los bloqueos y el desabastecimiento empeora, la presión social puede empujar al gobierno a endurecer la represión. Ese sería el escenario ideal para Morales: transformar un conflicto económico en una crisis de legitimidad democrática. Bolivia tiene una larga tradición de gobiernos que colapsan no por elecciones sino por desgaste callejero.
- Ruptura interna del oficialismo: El gran riesgo inmediato para Paz no parece provenir únicamente de las calles, sino de una implosión interna. Si sectores del poder concluyen que el presidente se volvió inviable, podrían impulsar una salida “constitucional” encabezada por el vicepresidente. Ese escenario sería presentado como una solución institucional, aunque en los hechos equivaldría a una capitulación política frente a la presión combinada del conflicto social y del “evismo”.
- Reconfiguración del MAS sin Evo: A mediano plazo, incluso si Morales logra sobrevivir políticamente a esta crisis, su situación judicial y su desgaste personal vuelven difícil un retorno pleno al poder. Por eso varios sectores del MAS parecen explorar una transición post-Evo: preservar el movimiento, pero sin depender totalmente de un líder cada vez más tóxico internacionalmente. La paradoja es que Evo sigue siendo simultáneamente el principal activo movilizador del MAS y su mayor problema.
La paradoja boliviana
La crisis actual revela una paradoja profunda.
Rodrigo Paz llegó al poder prometiendo cerrar el ciclo político inaugurado por Evo Morales. Pero su debilidad económica y su falta de base social terminaron devolviéndole a Morales centralidad política.
Y Morales, perseguido judicialmente y sin posibilidad clara de retorno electoral, necesita precisamente que Bolivia permanezca convulsionada para seguir siendo indispensable.
Por eso el conflicto ya no es solamente entre gobierno y oposición. Es una disputa por quién controla la transición del país después del agotamiento definitivo del ciclo del MAS.
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