La amenaza que ya no se esconde
Viernes 28 de noviembre de 2025. Lectura: 3'
La amenaza sufrida por dos menores judíos expone un problema que ya desborda lo anecdótico: el antisemitismo encontró canales para expresarse sin pudor, legitimado moralmente por la prédica sedicente “antisionista” pero que no se asume como lo que es realmente, o sea, judeófoba lisa y llanamente.
En un grave episodio de odio informado por el portal El Observador, dos adolescentes uruguayos de 13 y 14 años, identificados como judíos por llevar el uniforme de la Escuela Integral Hebreo Uruguaya, fueron perseguidos en la tarde noche del martes 25 en el barrio de Punta Carretas por dos jóvenes —presuntamente veinteañeros— que los amenazaron con baldosas con intención de golpearlos. Le gritaron: “Ustedes son judíos, ya sabemos lo que hicieron”, los empujaron, los persiguieron hasta la puerta de una de sus casas e incluso dirigieron amenazas a la madre de uno de ellos: “Judía, llamá a quien quieras, ahora sabemos a dónde vivís”.
Ese hecho condujo inmediatamente a la presentación de una denuncia penal, respaldada por el Comité Central Israelita del Uruguay, cuya Secretaría de Asuntos Legales confirmó que acompañará a las familias en el proceso judicial.
En su comunicado, el CCIU subraya que no se trata de un hecho aislado sino de otro episodio en una secuencia creciente de actos antisemitas —pintadas, amenazas, hostigamientos— que han sido denunciados en diferentes puntos de Montevideo.
Según palabras del propio CCIU, “los mensajes de odio solamente generan odio” y la demonización pública de la comunidad judía, incluso por hechos que ocurren “a miles de kilómetros”, habilita agresiones de este tipo.
Este no es un incidente casual ni aislado, sino que debe interpretarse como parte de una tendencia más amplia —y profundamente inquietante— de normalización del antisemitismo en espacios públicos, sociales y mediáticos. En el último año se han multiplicado los escraches, las pintadas, las amenazas directas a personas e instituciones judías, y manifestaciones públicas de odio en el país. La marcha del 8M de 2024 en Montevideo con un “cabezudo” con estrella de David atravesado por una lanza, vandalización con pintadas en la fachada de la sede de B'nai B'rith Uruguay con consignas como “Israel estado genocida” y “Palestina resiste”, la vandalización del muro exterior del Cementerio Israelita de La Paz (Canelones) con pintadas del PCU, el escrache contra una escuela judía, y muchos otros hechos más, han dado pábulo a ataques más virulentos como este que sufrieron estos dos adolescentes. Para ponerlo más claro: se empieza en el libelo y se termina en la “Noche de los Cristales Rotos”.
Lo que está en juego no es solo la seguridad de dos adolescentes, sino la vigencia de principios fundamentales de respeto, diversidad y convivencia democrática. La impunidad ante estos actos —o su tratamiento con desdén o ambigüedad por parte de autoridades políticas— es, en sí misma, un estímulo para quienes pretenden usar el odio como arma.
Por eso, este tipo de agresiones requieren no solo una condena institucional, sino políticas públicas claras: programas educativos contra la xenofobia y el antisemitismo, campañas de concientización, y sanciones efectivas frente a quienes promueven el odio. Al mismo tiempo, organizaciones como el CCIU deben recibir un respaldo sostenido de la sociedad civil, los medios y los partidos políticos, para que su tarea de denuncia y protección no quede reducida al plano simbólico, sino que tenga fuerza real.
El episodio de Punta Carretas no puede ser ignorado como un caso aislado de violencia callejera. Es una advertencia de que la tolerancia y el pluralismo están bajo asedio, y que el antisemitismo —como otras formas de odio— requiere una respuesta clara, institucional y colectiva. Y mientras siga latente, la convivencia democrática estará siempre en jaque.
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