Edición Nº 1090 - Viernes 24 de julio de 2026

La UdelaR barranca abajo: curso sobre Palestina, Israel, Nakba y genocidio

Viernes 24 de julio de 2026. Lectura: 10'

Por Jonás Bergstein

La Universidad de la República presenta un curso sobre Palestina e Israel como una propuesta académica, pero su diseño, contenidos, bibliografía y apoyos institucionales revelan —según el autor— un enfoque ideológicamente sesgado que renuncia al pluralismo propio de una universidad y convierte un ámbito de enseñanza en una herramienta de militancia política.

Días pasados la UdelaR anunció que en el mes de agosto comenzaría el dictado de un curso de 30 horas bajo el título Palestina e Israel, Nakba, conflicto y genocidio. Visiones desde la UdelaR.

A primera vista, uno podría pensar que nada de errado hay en el dictado de un curso de estas características. Más bien todo lo contrario, si aceptamos que una de las funciones de la UdelaR es entender el mundo en que vivimos, tal como lo establece su propia carta fundacional: “Le incumbe … contribuir al estudio de los problemas de interés general y propender a su comprensión pública” (Art. 2 de la Ley Orgánica del 58’). De hecho, si en el mundo hay cosas que infelizmente sobran, son el hambre y la guerra, razones por las cuales, a estar al menos a su estatuto legal, la UdelaR puede y debe abocarse a su estudio. Por lo mismo, si acaso la Universidad organizara cursos de extensión sobre la actual guerra en Irán o en Ucrania, o sobre el Estado de Derecho en Cuba, Venezuela, Corea del Norte o China, o sobre la pérdida de peso del ciudadano venezolano medio desde el chavismo hasta el terremoto, en principio nada errado habría en ello, sino todo lo contrario.

A fin de cuentas, también nosotros en su momento intentamos —inmediatamente después del 7 de octubre— explicar en diversos ámbitos el marco histórico de la guerra que recién se había desatado (aunque justo es decir que en nuestro caso no corrimos la misma suerte: con una sola excepción, todas las puertas nos fueron cerradas, incluidas las de la UdelaR).

Quiere decir que el problema no es el dictado del curso ni el tema escogido: dictar cursos es una de las tareas inherentes a toda universidad, y si el tema es actual y socialmente relevante, más pertinente resulta aún.

El problema es el por qué, el para qué, y el cómo. El problema es utilizar la plataforma de la UdelaR y sus fondos públicos, no precisamente con el ánimo de profundizar, estudiar, llegar a la verdad, difundir el conocimiento y esclarecer —que en definitiva es el fin de toda universidad—, sino para hacer exactamente todo lo contrario a lo que debe: en un tema universalmente politizado como ningún otro, con dos bandos claramente identificados y notablemente embanderados con una determinada bandera política, este curso tiene una función mucho más militante, política y propagandística que académica. Sólo aspira a difundir la visión de una de las dos partes en pugna, que en nuestro país —y en buena parte del mundo— está identificada con lo que tradicionalmente se ha llamado la izquierda (por más que para mí sea la derecha). A saber, la postura anti-israelí —y agregamos: anti-judía— de los Lula, de los Petro, de los Boric, de los Maduro, y de los Pedro Sánchez; la misma que permea los campus universitarios en EEUU y Europa, la cultura WOKE y el progresismo liberal que hoy domina en Canadá, Irlanda, Noruega, Australia, Sudáfrica y tantos otros países del mundo occidental. (Y así estamos, si se nos permite).

¿Y qué hay de errado en todo eso? Absolutamente todo. Porque la función de la universidad es estudiar, investigar y enseñar, no hacer política. En parte porque esa misma política es la que destruyó la universidad desde adentro —al decir del gran Lincoln Maiztegui, bastó un gusano para pudrir todo el árbol—; en parte porque la ley —ese olvidado de siempre— se lo prohíbe (laicidad mediante); en parte porque tiene constitucionalmente vedado incursionar en tareas ajenas a su razón de ser (principio de especialidad, Art. 191 de la Constitución Nacional); y en parte porque, tal como lo señalara el Representante Nacional Felipe Schipani, los fondos públicos no pueden servir para fines ajenos a los establecidos en la ley: no hay razones por las cuales los ciudadanos todos debamos contribuir a sufragar las aventuras políticas de la UdelaR. En resumen: la iniciativa que comentamos anula el pensamiento crítico que es el objetivo supremo de toda academia.

Con todo rigor lógico, el lector bien podría cuestionar este planteo e interpelarnos: “Esa es tu interpretación; todo lo que dices debe ser demostrado”.

Mil por ciento de acuerdo. Y por eso justamente a eso nos abocaremos de inmediato: a demostrar que la tendenciosidad, el sesgo y la parcialización del curso no es fruto de nuestra imaginación —bien podría serlo, a la luz de tanto racismo vivido desde el 2023—, sino que es lo que se desprende, con bastante nitidez, de las propias bases del curso.

Como diría Jack, vayamos por partes:

1. El título del curso: Palestina e Israel, Nakba, conflicto y genocidio (...). La palabra “Nakba” no es neutral: significa catástrofe y es el término con el cual el discurso tradicional y oficialista del mundo árabe ha denominado a la creación del Estado de Israel. Decimos tradicional porque nada menos que un autor como Gilbert Achcar —libanés e integrante del grupo comunista revolucionario (no precisamente pro-israelí, to say the least) —, escribió que el verdadero arquitecto de la Nakba no fue Israel sino el Mufti de Jerusalem (conforme Oren Kessler, Palestine 1936, 2024, p. 293). Otro tanto podría decirse de la referencia del genocidio: salvo que la referencia corresponda al genocidio perpetrado por Hamas contra los gazatíes, o al que Hamás intentara perpetrar contra los israelíes el 7 de Octubre. Hipótesis ambas por demás improbables.

2. El lugar. El curso se impartirá en el local de AFFUR, la Asociación de Funcionarios de la Universidad de la República (AFFUR). Ya desde su primer ingreso, luego de haber tecleado tan sólo tres palabras (“AFFUR e Israel”) la IA nos dice: “Mantiene una postura activa de rechazo a las políticas del Estado de Israel. El sindicato apoya históricamente la causa palestina, respalda al movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) y ha promovido instancias académicas y resoluciones gremiales críticas con Israel”. ¿Hace falta agregar algo? Si se nos permite un símil, sería algo así como si la Universidad organizara un curso sobre los desaparecidos durante los tiempos oscuros de la dictadura y lo impartiera en la tristemente célebre sede del ESMACO, ¿no es cierto?

3. Los auspiciantes. Entre ellos se cuentan el PIT-CNT, la Coordinadora por Palestina, y FUCVAM, todos ellos erigidos —junto con la propia UdelaR— en algunos de los principales motores del racismo en el Uruguay de hoy (a menos que no consideremos al antisemitismo como una forma de racismo).

4. El temario. Entre otros, ahí se habla: (i) del posicionamiento de Uruguay ante la guerra (…) “desde la ocupación de territorios hasta la actualidad”: ¿será que se refiere a la ocupación de Gaza por Egipto o de la Margen Occidental por Jordania?, (ii) del escolaricidio en Gaza (no conocíamos la expresión, pero bienvenida sea porque para aprender nunca es tarde): ¿será que se refiere al uso de escuelas, hospitales y ambulancias para camuflar a los terroristas?, (iii) de la limpieza étnica como borramiento de la existencia del pueblo palestino: ¿será que se refiere a la limpieza perpetrada por el Rey Hussein en el Setiembre Negro del 70’?, (iv) de “los derechos humanos y la naturalización de la violencia sobre poblaciones vulnerables”: ¿será que por derechos humanos se refiere a los de las mujeres israelíes judías violadas por Hamas el 7 de octubre o a los de los homosexuales palestinos castrados por Hamas? (Todo ello sin ingresar a una larga lista de puntos de inflexión que a texto expreso no aparecen mencionados y que no tenemos claro en qué instancia del curso habrían de plantearse, como la Declaración Balfour, el rechazo árabe a los planes de partición —1936, 1947, etc—, la masacre del 7 de Octubre, la irrupción del yihad islámica en la región, por citar algunos).

5. El equipo docente. Es poco lo que aquí podemos decir, simplemente porque no conocemos a ninguno de los 12 nombres que figuran en la lista. Naturalmente esto no quiere decir nada; pues si bien es cierto que uno lleva algunos años estudiando estos temas, no pretende conocer a todos los especialistas de nuestro país en la materia. Puedo decir en cambio que nos llamó la atención no ver nombres como los de Ricardo Barboza Zas, Eduardo Kohn o el propio Presidente Julio María Sanguinetti, a quienes uno tiene como referentes en estos temas.

6. La bibliografía. La bibliografía básica —se alude a una complementaria a distribuirse con posterioridad— contiene unos 22 títulos. Hay algunos nombres que son patrimonio universal, por decirlo de alguna manera —Hana Arendt en primerísimo lugar, pero también el propio Traverso—, otros marcadamente identificados con la defensa palestina —Said y Pappé acaso serían los nombres más emblemáticos—, y alguna referencia a la “Industria del holocausto”, whatever that means. En cualquier caso, confesamos no haber podido identificar nombre alguno claramente identificado con la defensa de Israel ni del sionismo. Los clásicos con los cuales nosotros nos formamos hace 30 o 40 años, Paul Johnson, Abba Eban o Abdel Kader, ciertamente no aparecen. ¿Casualidad? No. A nuestro juicio, y tratándose de un curso impartido en nuestro medio, sorprenden tres ausencias vinculadas a la literatura nacional: (i) desde el año 1960, dos generaciones de Jerozolimsky han dedicado su vida a explicar estos temas desde las páginas de Semanario Hebreo. (No conozco ningún otro caso parecido, ni acá ni en ninguna otra parte en América Latina). No obstante, debe inferirse que la organización del curso pareciera no haber encontrado siquiera un solo artículo útil en ninguna de las 3.240 ediciones publicadas por el Semanario hasta hoy. La omisión no sería tan grave si no fuera porque uno de los puntos del programa —el penúltimo— lleva por título “Palestina e Israel en el periodismo uruguayo” (¿Será que el Semanario Hebreo no se considera periodismo uruguayo?); (ii) la ausencia de toda mención al libro de Rosa Perla Raicher, Nacionalismos e imperialismos en el Cercano Oriente (1962, con prólogo de José Luis Romero), es casi inexcusable. Primero por su carácter pionero: fue la primera obra en su género en todo el Río de la Plata. Segundo por su enfoque multifocal —léase: nacionalismo árabe, nacionalismo judío, panarabismo e imperialismo. Y tercero, porque fue escrito como investigación de tesis en 1958 en el marco de lo que luego sería la Facultad de Ciencias de la UdelaR, la misma que hoy ignora uno de sus textos fundamentales. (iii) Mucho más acá en el tiempo, Marcos Israel ha publicado Antisemitismo y conflicto árabe-israelí (1ª ed., 2014), y Posguerra: Israel-Hamas (1ª ed., 2015). Si ninguno de los textos mencionados precedentemente ha tenido cabida en la bibliografía del curso, la razón sólo puede ser una: ninguno de ellos se presume alineado con la visión que el curso pretende transmitir. De donde se infieren —desde nuestro punto de vista— dos o tres conclusiones: no es un curso plural ni genuinamente universitario, en la medida en que no pretende mostrar miradas alternativas, sino una sola y única visión; por lo mismo no es correcto el subtítulo del curso — “Las visiones desde la UdelaR” — puesto que se pretende transmitir una única visión.

Más allá de estos aspectos concretos, nos parece que en momentos en que en nuestro país el racismo ha alcanzado cotas hasta ahora casi insospechadas, un curso como el que se propone difícilmente pueda esclarecer, enriquecer o contribuir a acercar posiciones y así disminuir la polarización. Todo lo contrario, sólo contribuiría a alimentar las semillas del racismo, del odio, de los prejuicios, y de la desinformación, que en el fondo no es otra cosa que atentar contra las bases mismas de la democracia. Y ésta última es responsabilidad de todos, UdelaR incluida (Art. 2 in fine de su Carta Orgánica).

El tema da para mucho más. Sobran las razones por las cuales la Universidad debiera dar marcha atrás con este curso. Ya lo hizo —aunque injustificadamente— con el de Charrúa Spectorovsky, por razones infinitamente menos comparables; sin embargo, sabemos que en este caso no lo hará, por nada del mundo. Se oyen apuestas.



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