La “Armada invencible”: nuevos estudios académicos históricos
Viernes 27 de setiembre de 2024. Lectura: 3'
Por Daniel Torena
Denominar “invencible” a la Armada Española en la historiografía anglosajona no se ajusta a la realidad de los hechos históricos. El término hace referencia a la flota que envió el Rey Felipe II de España en 1588, con destino a Flandes, y luego para invadir Inglaterra con el objetivo de destronar a la Reina Isabel I, enemiga de España a nivel geopolítico y estratégico.
El propósito no era conquistar Inglaterra, sino coronar a un monarca aliado y no enemigo de España. Los ingleses realizaban la “guerra de corso” en el Caribe contra los barcos mercantes españoles, y la Reina Isabel I apoyaba a los holandeses en su “guerra de los Países Bajos” contra España, bajo la excusa de ser una guerra de protestantes contra católicos. En realidad, Isabel I buscaba, a nivel geopolítico, terminar con el poder de España como potencia europea.
El término “Armada invencible” se atribuye a una carta de William Cecil (1520-1598), Barón de Burghley, consejero real y secretario de la Reina Isabel I, quien utilizó el término para mofarse de la flota española, a la que él llamó “invencible” pero que resultó ser “muy vencible”. Sin embargo, no fue porque la Real Armada fuera realmente derrotada por la Royal Navy, ya que apenas hubo combates de magnitud entre las flotas. La mayor parte de las pérdidas españolas se debió a las grandes tempestades en el Mar del Norte y en las costas de Irlanda, cuando la flota regresaba a España. Estas tormentas causaron grandes bajas.
El historiador Pedro Luis Chinchilla, en su recomendable obra Los prisioneros de la Armada Invencible, aclara que la carta de Burghley es una copia posterior, difundida por el toscano Petruccio Ubaldini, calígrafo de la Reina Isabel I. Ubaldini añadió frases y sentencias de su propia imaginación a lo escrito por el Barón para magnificar la imagen de una gran victoria inglesa sobre los españoles, aunque no existen documentos probatorios de tal victoria.
En cuanto al impacto en el pueblo español, fue enorme debido a la muerte de casi 19.000 españoles, la mayoría de ellos perecidos luchando contra las fuerzas de la naturaleza entre los meses de julio y agosto de 1588. Solo unos 1.500 murieron en combate. A pesar del desastre, España continuó siendo la mayor potencia militar de Europa hasta mediados del siglo XVII, cuando el Reino de Francia, bajo el liderazgo del Cardenal Richelieu, la superó en los campos de batalla. No obstante, España mantuvo su estatus como un gran imperio colonial, especialmente en América y el Pacífico, con las Filipinas.
De estos trágicos recuerdos han quedado escritos literarios muy sentidos por la pérdida de tantas vidas humanas en alta mar. Un ejemplo de ello es el Tratado de la tribulación de la Armada Invencible del Padre Pedro de Ribadeneyra. En 1589, escribió lo siguiente:
“Una armada grande y poderosa, y que parecía invencible, aprestada para volver por la causa de Dios y su santa fe católica, y acompañada de tantas oraciones y plegarias y penitencias de sus fieles y siervos, se haya deshecho y perdido de una manera tan extraña que no se puede negar, sino que es el azote y severo castigo a la mano del Muy Alto”.
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