La Argentina de Milei
Edición Nº 1059 - Viernes 31 de octubre de 2025. Lectura: 4'
Por Julio María Sanguinetti
Entre la revalidación del oficialismo y la dispersión de la oposición, Argentina encara un panorama de consolidación política y desafíos estructurales.
La elección de medio término en la Argentina ha terminado del mejor modo para la gobernabilidad. Opínese lo que se opine sobre el gobierno que preside Milei, que cayera en la ingobernabilidad era lo peor para el país. Ese fantasma estuvo presente hasta las 9 de la noche del domingo pasado, en que, ante la sorpresa de la gente y el silencio abrumado de los fracasados encuestadores de opinión, el gobierno obtuvo una notable mayoría. Remontar los 14 puntos de distancia de la elección reciente de la provincia de Buenos Aires fue realmente una hazaña y deja planteadas enormes interrogantes sobre los modos de comportamiento de la ciudadanía.
Se estima que en el resultado ha pesado la baja de la inflación, la mejoría en la seguridad ciudadana y el temor a un retorno kirchnerista, atizado desde el balcón en que la ex presidenta envía sus mensajes. Realmente la gran mayoría no acepta volver a ese tiempo cuya nefasta herencia tuvo que enfrentar el actual gobierno.
Ha salido el gobierno ampliamente revalidado, el peronismo muy rechazado y los demás partidos muy desvanecidos. El PRO de Macri salvó la ropa en los lugares donde pudo sumarse al oficialismo, pero donde no lo logró le fue mal. El radicalismo, penosamente dividido, nunca ha tenido un peor momento en su larga historia. Los gobernadores de las Provincias Unidas, que parecían ser un soplo artiguista, desgraciadamente no tuvieron un estreno prometedor. La presencia de los grupos de izquierda más radicales fue también inexpresiva. Una lástima es que no revalidó su banca Ricardo López Murphy, que lo merece por capacidad y trayectoria.
El discurso del Presidente en la noche fue lo mejor de lo que le hemos oído. No porque haya tenido una retórica extraordinaria, sino por un ánimo conciliador que no ha sido lo usual en él. Su estilo, su proclamada lucha contra “la casta”, le llevó más allá de lo razonable a descalificar mucha gente, demasiada, del mundo político, intelectual y periodístico. En el momento de la victoria apareció un Milei razonable, conciliador, y eso es muy bueno.
La cuestión principal, mirando hacia adelante, es que el programa económico del gobierno estaba en estado crítico y por eso precisó de la tabla salvadora de Trump. Podrá atribuirse el problema a la incertidumbre electoral, pero había algo más profundo, más de fondo. Es lo que tendrá que abordar ahora y esperemos que tenga éxito en la empresa de modificar los estatutos laborales y el sistema impositivo, mientras sigue limpiando la administración de excesos varios.
Una Argentina próspera es lo mejor para nosotros. A veces con simplismo se piensa que es mejor lo opuesto, porque nos regala gente valiosa y nos trae inversiones. Por el contrario, mucho más nos ofrece un país en crecimiento, que derramará sobre nosotros más turismo y seguramente más inversiones que nunca. La experiencia histórica nos lo dice.
En otro plano, es muy importante cómo se está redibujando el mapa del vecindario sudamericano. En Bolivia ganó un candidato del centro político, poniendo punto final a la etapa disolvente de Evo Morales. En Chile probablemente gane la derecha. En Ecuador ya ganó y el gobierno enfrenta con dureza a los movimientos desestabilizadores del correísmo. Perú tiene perspectivas políticas muy inciertas, pero hoy está demostrando que aun sin gobierno, con un Banco Central independiente y bien orientado, se puede administrar e incluso mejorar. Es una experiencia curiosa, porque siete Presidentes en ocho años es una locura de inestabilidad, mientras el país sigue creciendo como si no pasara nada. Al consolidarse el gobierno argentino, se tiene un panorama de política ubicado muy sobre el centro del espectro ideológico. Lo que nos lleva a Brasil, donde Lula gobierna con la moderación de siempre pero con una política exterior errática, que lo ha llevado a la complicidad con la dictadura venezolana y a enfrentamientos con los EE.?UU., que esperamos pasen. Es demasiado importante para que no ejerza su liderazgo natural, el propio de su peso específico.
En suma, por fin Argentina nos da buenas noticias. Anhelamos que sean la alborada de mejores tiempos.
|
|
 |
La dirección correcta
|
Otro Libro Julio María Sanguinetti
|
ILS CAT III: la tecnología que Uruguay no puede seguir demorando
|
Habla Julio vuelve en una edición ampliada que actualiza el retrato de Sanguinetti y del Uruguay contemporáneo
|
“Los riesgos del Diálogo Social”
|
Recuperar la confianza en la JUTEP ya
|
Y dale Juana con la palangana
|
Cuando los ministros discuten por los diarios
|
El paro de las reivindicaciones infinitas y el saludable baño de realidad de Oddone
|
Una maniobra escandalosa: el oficialismo retiró venias ya acordadas para castigar a Ferrero
|
No cuesta mucho hacer las cosas bien Luis Hierro López
|
Cuando los que no viven las consecuencias deciden el resultado Santiago Torres
|
¿Por qué eliminar la exoneración de autos eléctricos? Elena Grauert
|
Autoconvocados de ayer y de hoy Tomás Laguna
|
La ilusión de una renta básica universal: la demagogia en su cruda expresión Juan Carlos Nogueira
|
Terminó la expectativa y empieza la exigencia Angelina Rios
|
La ciudad negociada Alicia Quagliata
|
Los extremos de la vida Susana Toricez
|
Adorni, la inocencia fiscal y el problema de la ejemplaridad pública
|
Perú ante el abismo de la incertidumbre: una elección definida por centenares de votos y una polarización persistente
|
Armenia votó algo más que un gobierno
|
Belfast, Southampton y el malestar europeo: cuando la crisis migratoria deja de ser un debate y se convierte en una fractura social
|
Frases Célebres 1084
|
Así si, Así no
|
|