Edición Nº 1068 - Viernes 13 de febrero de 2026

Kim Ju-ae: la niña que podría heredar el trono nuclear de Corea del Norte

Viernes 13 de febrero de 2026. Lectura: 4'

La inteligencia surcoreana sostiene que Kim Jong-un ya habría designado internamente a su hija adolescente como sucesora. De confirmarse, Corea del Norte avanzaría hacia la cuarta generación de una dinastía que funciona más como monarquía hereditaria que como república socialista.

Corea del Norte podría estar ante un momento histórico: la consolidación de una cuarta generación en la dinastía Kim. Según el Servicio Nacional de Inteligencia (NIS) de Corea del Sur, Kim Ju Ae, hija adolescente del líder norcoreano Kim Jong-un, habría pasado de estar “en proceso de formación como sucesora” a encontrarse en la fase de “designación interna” como heredera del poder.

La evaluación fue trasladada a legisladores en Seúl esta semana y se basa en múltiples indicios: la creciente visibilidad pública de la joven, su presencia en actos militares de alto perfil y su participación en ceremonias cargadas de simbolismo dinástico, como las visitas al mausoleo de Kumsusan, donde reposan su abuelo Kim Jong-il y su bisabuelo Kim Il-sung .

De figura simbólica a “número dos”

El cambio en la valoración de la inteligencia surcoreana es significativo. Hasta hace poco, Ju-ae era considerada una posible heredera en formación. Ahora el NIS sostiene que ya ha sido tratada como sucesora designada y que incluso estaría dando opiniones sobre asuntos políticos, siendo percibida como la “número dos” del régimen.

Desde su primera aparición pública en noviembre de 2022 —en una inspección de misiles balísticos—, su presencia ha sido constante en pruebas armamentísticas, desfiles militares y visitas oficiales. Más recientemente, acompañó a su padre en actos con fuerte carga internacional, incluida una visita a China que intensificó las especulaciones sobre su papel futuro.

El simbolismo no es casual. En Corea del Norte, donde el culto al linaje constituye el eje del sistema político, cada gesto es una señal cuidadosamente calibrada.

Una monarquía de facto

Corea del Norte se define formalmente como república socialista, pero en la práctica ha consolidado una estructura de poder hereditaria. Si Ju-ae fuera oficialmente proclamada heredera en el próximo congreso del Partido del Trabajo —previsto para finales de febrero—, se confirmaría la continuidad de una lógica dinástica que ya atraviesa más de siete décadas.

El propio NIS indicó que la eventual asignación de un título oficial durante ese congreso sería la señal más clara de formalización de su estatus.

La edad de Ju-ae, estimada en 12 o 13 años, no impide este movimiento estratégico. La sucesión en el régimen norcoreano no se decide por méritos políticos abiertos, sino por consolidación simbólica y lealtad del aparato militar y del Partido.

El desafío del género en un régimen patriarcal

Uno de los interrogantes recurrentes es si una mujer puede liderar un sistema profundamente patriarcal. Inicialmente, analistas surcoreanos dudaban de esa posibilidad, pero su visibilidad creciente ha llevado a revisar esa evaluación.

El régimen ha promovido figuras femeninas en posiciones clave —como la influyente hermana de Kim, Kim Yo-jong—, lo que sugiere que el obstáculo cultural podría ser menor si la legitimidad dinástica se mantiene intacta.

En foros y debates internacionales, incluso en plataformas como Reddit, las opiniones oscilan entre quienes creen que Ju-ae es una heredera genuina y quienes sostienen que podría existir un hijo varón mantenido deliberadamente en secreto. La opacidad estructural del régimen alimenta estas especulaciones.

Escenografía nuclear y pedagogía del poder

Un aspecto revelador es el entorno en el que Ju-ae aparece. No se trata de imágenes domésticas ni de construcción de una imagen paternal amable. La mayoría de sus apariciones ocurren en sitios de pruebas de misiles, instalaciones militares o ceremonias vinculadas al poder estratégico del Estado.

Esa puesta en escena sugiere que el mensaje no es únicamente interno. También se dirige al exterior: Corea del Norte exhibe continuidad en su liderazgo nuclear y estabilidad en su estructura de poder.

En paralelo, el régimen continúa desarrollando capacidades militares, incluido un submarino potencialmente equipado con misiles balísticos, lo que refuerza la narrativa de fuerza y permanencia.

Consolidación o cálculo estratégico

Aunque el NIS habla de “designación interna”, Pyongyang no ha confirmado oficialmente el nombramiento. Como es habitual en Corea del Norte, la ambigüedad forma parte del método.

Algunos analistas interpretan que la visibilidad de Ju-ae cumple también una función política inmediata: proyectar estabilidad, desalentar especulaciones sobre salud o sucesión abrupta y reforzar la imagen de continuidad en un entorno internacional incierto.
Si el anuncio formal se produce en el congreso del Partido, sería la culminación de un proceso de exhibición gradual que comenzó hace más de tres años.

Un futuro sellado por el linaje

La posible designación de Kim Ju-ae como heredera no transforma la naturaleza del régimen; la reafirma. Corea del Norte seguiría siendo un Estado donde el poder se transmite por sangre y no por competencia política.

En ese sentido, la pregunta no es si habrá sucesión, sino cuándo y cómo será oficializada. Si ocurre en las próximas semanas, el mundo presenciará la consolidación de la primera mujer en la cima de la dinastía Kim —pero dentro de un sistema que dista de ser una apertura democrática.

Más que una ruptura histórica, sería la confirmación de que, en Pyongyang, la revolución sigue teniendo apellido.



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