Jorge o la lealtad a sus ideas
Viernes 30 de octubre de 2026. Lectura: 4'
Por Julio María Sanguinetti
Conocí a Jorge Batlle en 1953, cuando con 17 años comenzaba nuestra vida periodística. La militancia ya la había emprendido en un club de la 15 que en diciembre de 1951 preconizaba el Voto por No para la propuesta de Constitución que instauraba el colegiado.
Son 63 años de vida en común, en el servicio al país, a través de la acción del Partido Colorado.
En todos esos años, Jorge hizo periodismo y sucedió a su padre en la dirección de Acción, donde le secundé como subdirector. Electo diputado en 1958, su vida política no tuvo un día de descanso.
Fue siempre innovador. Nunca se atenía a verdades reveladas o lugares comunes. Sus propias campañas tuvieron ya un sesgo distinto, desde la primera, en 1966, cuando no había cumplido los 40 años pero los dábamos por hecho para aportarle un cierto aire de respetabilidad.
Con la muerte de Don Luis, repentinamente, en1964, todo había cambiado. La 15 se divide. Amílcar Vasconcellos nuclea una tendencia, a la que se sumará Maneco Flores; un grupo de Senadores encabezado por Glauco Segovia arma otro.
Ahí lanza la idea de la reforma constitucional. En el verano de 1966 estábamos veraneando en el viejo Manantiales, que ni agua tenía, cuando cae Jorge y me dice: «Ponete a escribir la nueva Constitución». Yo no tenía ni la vigente, pero pergeñamos las reformas a las que aspirábamos y arrancamos. Esa reforma es hija de su impulso político. La hicimos para fortalecer las estructuras políticas que lucían débiles frente a tiempos de guerrillas y crisis económica. No sirvió para ese objetivo, pero, restaurada la democracia, sólo fue posible hacer una exitosa transición gracias a la estructura que armó.
Naturalmente, abandonar la idea colegialista había sido realmente disruptiva y de ahí la división. Pero los quincistas nunca le tuvimos apego al colegialismo porque, como decíamos, votamos en silencio en contra, por sentir que aquella reforma pretendía detener la segunda presidencia de Don Luis. Así nació lo que llamamos Unidad y Reforma.
Fue candidato en 1966 y en 1971. En 1972 fue preso por los militares. Los quincistas nos fuimos del gobierno y personalmente me tocó interpelar al Ministro de Defensa. En 1973 se cerró el diario. Jorge perdió todo, pero no bajó los brazos. Y si se ha hablado de presidentes pobres, ninguno lo fue tanto como él.
Después de la dictadura me tocó representar al Batllismo y obtuvimos el gobierno.
Al término de esa primera presidencia, tuvimos una diferencia política, porque yo pensaba que no era su momento de candidato. Él no lo sintió así, siguió adelante, ganó la interna a Tarigo, pero luego en la nacional perdió con Lacalle Herrera. A esa altura nosotros habíamos fundado el Foro y por eso en 1994 competimos, abriendo el capítulo de nuestra segunda presidencia. En esa, como en la anterior, Jorge fue un apoyo fundamental, aunque a veces discrepábamos cuando él sostenía con vigor una posición más liberal que la nuestra en cuanto a economía. Debo reconocer que en todos nosotros influyó, porque asumimos los excesos paternalistas del Estado y nos introdujo en la visión macroeconómica que no estaba en los folletines políticos de nuestra generación. También es verdad que en su gobierno no hizo propuestas maximalistas y actuó con el pragmatismo que aquellos huracanes exigían.
En todos esos debates fue fiel a sus ideas. El cálculo político no le modificaba sus criterios y así afrontó muchas veces la impopularidad de medidas que había podido soslayar. Fue así desde el principio y muchas veces me vi en el medio de discusiones con don Luis.
Aun con esas diferencias nunca perdimos la fraternidad de nuestra primera juventud. Para nosotros fue muy importante, en lo íntimo, poder apoyar su candidatura en 1999, no solo defendiendo la gestión del gobierno sino procurando su éxito electoral. En su quinto intento llegó y, si bien le correspondió enfrentar una tremenda crisis bancaria importada desde Argentina, hoy se reconoce el valor de su posición de no aceptar la exigencia de default que nos imponía el Fondo Monetario Internacional. El Partido lo pagó caro, pero está en su esencia el sacrificio político en bien de la integridad del Estado y la paz del país. Se salvó el crédito de la República y hasta hoy ese es un activo inmaterial de enorme repercusión económica.
Generosamente intentó, con la Comisión para la Paz, cerrar el debate sobre las heridas del pasado dictatorial. Habían pasado años y parecía llegada esa hora. Hizo un aporte, pero el capítulo sigue desgraciadamente abierto, ahora —además— con los juicios no siempre ecuánimes a los militares de la época.
Los últimos años los vivimos con una particular correspondencia espiritual. Largas charlas históricas se alternaban con propuestas e iniciativas que él siempre estaba agitando con fervor.
Fue una vida de lucha llena de altibajos, triunfos y decepciones, esperanzas, batallas por ideas y severos combates personales. Nunca perdió su ánimo. Siempre hurgando en el mundo para encontrar la novedad, la idea vanguardista.
A diez años de su muerte, su figura se recorta con un perfil nítido, en que luce la grandeza del servicio público y la lealtad a las ideas.
|
|
 |
Las instituciones están por encima de los partidos
|
Jorge o la lealtad a sus ideas Julio María Sanguinetti
|
La Semana
|
El Partido Colorado celebra su Convención Nacional este sábado
|
Cuando se estrechan las puertas de entrada y reingreso al trabajo
|
María Julia Muñoz o la infamia como arma política
|
Una reforma de fondo, no cosmética
|
Las armas de los delincuentes y los derechos de los ciudadanos
|
Mirar más allá de los ómnibus
|
Solaria: entre la recuperación bursátil y las garantías pendientes
|
Con el carisma de Lula no alcanza Luis Hierro López
|
La vaca atada no es competitividad Santiago Torres
|
La insistencia con la extranjerización de la tierra Tomás Laguna
|
¿Qué ve Japón en América Latina? Fitzgerald Cantero Piali
|
La fragilidad de una infraestructura crítica Juan Carlos Nogueira
|
Las elecciones y el laberinto político israelí Eduardo Zalovich
|
El tiempo también es un derecho Angelina Rios
|
Los siete pecados capitales que no debemos cometer Dante Steffano
|
Barranca abajo y el país que se niega a terminar como Don Zoilo Eduardo Irigoyen García
|
Catorce por día Alicia Quagliata Rienzi
|
El camino nos enseña Susana Toricez
|
Venezuela y el regreso de María Corina Machado
|
Brasil después del terremoto
|
Serbia demuestra que el poder no es eterno
|
Runa y la justicia que debe dar explicaciones
|
Frases Célebres 1104
|
Así si, Así no
|
ENTRE DICHOS
|
|