Edición Nº 1088 - Viernes 10 de julio de 2026

Hungría recupera sus medios públicos

Viernes 10 de julio de 2026. Lectura: 4'

Tras años de denuncias por propaganda oficialista y falta de pluralismo durante la era de Viktor Orbán, Hungría inició una profunda reforma de sus medios públicos. La suspensión de los informativos, el pedido de disculpas a la ciudadanía y la creación de una nueva estructura institucional buscan recuperar la independencia periodística y la confianza perdida, aunque el éxito del proceso dependerá de que la renovación trascienda el simple reemplazo de un control político por otro.

Durante más de una década, Hungría fue presentada como uno de los ejemplos más preocupantes del deterioro de la libertad de prensa en Europa. Bajo los sucesivos gobiernos de Viktor Orbán, los medios públicos dejaron de ser concebidos como un servicio para la ciudadanía y pasaron a ser señalados, tanto por organismos internacionales como por organizaciones de periodistas, como una poderosa herramienta de comunicación gubernamental. Hoy, tras el cambio político que llevó al poder a Péter Magyar, el país atraviesa un proceso inédito: desmantelar ese aparato de propaganda y reconstruir un sistema público de medios que aspire a recuperar credibilidad.

La decisión más simbólica ocurrió esta semana. Los canales públicos suspendieron voluntariamente la emisión de sus informativos para emitir un mensaje institucional en el que pidieron disculpas a los ciudadanos por “años de mentiras” y anunciaron el inicio de una profunda transformación editorial. La escena, extraordinaria para cualquier democracia consolidada, refleja la magnitud del desafío que enfrenta el nuevo gobierno.

No se trata únicamente de cambiar autoridades. El problema es mucho más profundo: reconstruir la confianza de una audiencia que durante años recibió información seleccionada, sesgada o directamente orientada a respaldar las posiciones del gobierno de Orbán.

Durante los dieciséis años de administración del líder nacionalista, la radiotelevisión pública fue progresivamente concentrando funciones mediante la creación de la MTVA, organismo que absorbió la producción de contenidos de radio, televisión y la agencia estatal de noticias. Diversos informes internacionales denunciaron reiteradamente que los espacios informativos prácticamente excluían a la oposición, privilegiaban la cobertura favorable al Ejecutivo y convertían a los medios públicos en un instrumento político antes que periodístico. Esa situación fue uno de los factores que llevó a la Unión Europea a cuestionar el Estado de Derecho en Hungría y a congelar importantes fondos comunitarios.

Durante la campaña electoral, Péter Magyar convirtió esa situación en uno de sus principales blancos. Llegó incluso a comparar el funcionamiento de los informativos públicos con mecanismos de propaganda propios de regímenes autoritarios y prometió que los servicios de noticias serían suspendidos temporalmente hasta poder construir una nueva estructura verdaderamente independiente. Muchos interpretaron entonces aquella promesa como una declaración efectista de campaña. Sin embargo, tras llegar al gobierno, comenzó a ejecutarla.

La reforma aprobada por el Parlamento va bastante más allá de una sustitución de directivos. El proyecto elimina la actual MTVA y también la estructura de Duna Media para crear nuevas instituciones públicas, reorganizando completamente el sistema estatal de comunicación. La nueva arquitectura contempla una radiotelevisión pública distinta, una agencia nacional de noticias separada y, sobre todo, nuevos mecanismos de designación de autoridades mediante concursos abiertos en lugar de nombramientos puramente políticos.

Uno de los elementos más novedosos es la creación de un Consejo Independiente de Medios Públicos, integrado por representantes del oficialismo, de la oposición y de organizaciones profesionales del periodismo. Su misión será supervisar la independencia editorial, controlar la administración de recursos y fiscalizar los principales contratos de los nuevos medios públicos. Paralelamente se crea un Fondo de Prensa destinado a respaldar económicamente proyectos periodísticos independientes.

Naturalmente, la reforma no está exenta de cuestionamientos.

La oposición vinculada al antiguo gobierno sostiene que el nuevo oficialismo simplemente está sustituyendo un control político por otro y critica la velocidad con la que se aprobó la ley, sin una amplia consulta pública. Incluso algunas organizaciones de periodistas, que respaldan el objetivo de independizar los medios estatales, advierten que el éxito del proceso dependerá menos del nuevo diseño institucional que de las prácticas concretas que adopten quienes lo administren. Un consejo plural, por sí solo, no garantiza independencia si las mayorías políticas terminan condicionando igualmente las decisiones editoriales.

Ese probablemente sea el verdadero desafío.

Las leyes pueden modificarse con relativa rapidez. Mucho más difícil resulta reconstruir una cultura profesional basada en el pluralismo, la independencia y la credibilidad. La confianza del público no se recupera mediante decretos ni reorganizaciones administrativas; se gana lentamente, noticia tras noticia, demostrando equilibrio, apertura y rigor.

Hungría ofrece así un caso de enorme interés para toda Europa. Durante años fue exhibida como un ejemplo de captura política de los medios públicos. Ahora intenta convertirse en un laboratorio de recuperación institucional.

El proceso merece ser observado con atención, pero también con prudencia. Porque tan perjudicial para una democracia es que los medios públicos funcionen como órganos de propaganda gubernamental como que cada cambio de gobierno implique volver a refundarlos según la orientación ideológica del vencedor de turno.

La verdadera independencia no consiste en que los medios públicos dejen de servir a un partido para servir a otro. Consiste en que, finalmente, vuelvan a servir únicamente a los ciudadanos.



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