Humanidades: cuando la consigna reemplaza al pensamiento
Viernes 8 de mayo de 2026. Lectura: 3'
El planteo de la Facultad de Humanidades de revocar el convenio con la Universidad de Tel Aviv, basado en acusaciones extremas y conceptualmente débiles, expone un clima de radicalización que ya deriva en censura y consecuencias políticas.
El Consejo de la Facultad de Humanidades de la Universidad de la República solicitó revocar el convenio de cooperación con la Universidad de Tel Aviv, al considerar que dicha institución “coopera con un régimen de apartheid” y forma parte de un supuesto “genocidio” en Gaza. Ese punto de partida no es menor: fija el marco conceptual —y el tono— de un debate que, desde su origen, aparece atravesado por afirmaciones de extrema gravedad y escaso rigor.
La utilización del término “genocidio” constituye el primer problema. No se trata de una etiqueta retórica más, sino de una figura jurídica precisa del derecho internacional, que exige la demostración de una intención deliberada de exterminio de un grupo como tal. Su empleo indiscriminado, sin atender a esos estándares, no solo debilita el argumento sino que banaliza una categoría central para la comprensión de los crímenes más atroces del siglo XX y XXI. Convertirla en consigna implica vaciarla de contenido.
En la misma línea, la caracterización de la Universidad de Tel Aviv como una “pieza clave” de ese supuesto genocidio o como parte orgánica del aparato militar israelí incurre en una simplificación que roza la caricatura. Se trata de una institución académica compleja, con pluralidad de enfoques y con investigadores que, en muchos casos, han sido críticos de las propias políticas del gobierno israelí. Equipararla sin matices a una estructura militar no es un análisis académico: es una descalificación ideológica.
Ese mismo clima de intolerancia tuvo una expresión concreta en mayo de 2024, cuando se frustró la conferencia del politólogo Alberto Spektorowski. Aunque se comunicó que la actividad sería “postergada”, lo cierto es que nunca llegó a realizarse. El argumento implícito —su supuesta cercanía con posiciones “sionistas”— bastó para excluirlo del ámbito académico. No hubo refutación de ideas ni intercambio crítico: hubo silenciamiento.
La acumulación de estos episodios configura un clima en el que la crítica política a Israel deriva con frecuencia en una lógica de estigmatización más amplia. La identificación entre instituciones, posturas académicas e identidades personales con una culpabilidad colectiva abre la puerta a formas contemporáneas de antisemitismo, menos explícitas pero no por ello menos problemáticas. Se trata de un fenómeno que merece ser señalado con claridad, precisamente para evitar su naturalización.
El asunto ya trascendió el ámbito universitario. El diputado Felipe Schipani anunció que convocará al decano de Humanidades al Parlamento, trasladando el conflicto al terreno político e institucional. No es un dato menor: indica hasta qué punto decisiones y pronunciamientos adoptados en clave ideológica pueden tener consecuencias más amplias para el sistema democrático.
En este contexto, la conclusión es ineludible. La Universidad de la República no debería avanzar en la cancelación del programa de cooperación con la Universidad de Tel Aviv. Hacerlo implicaría validar un diagnóstico construido sobre categorías utilizadas de manera imprecisa, aceptar la lógica de exclusión académica por motivos políticos y profundizar un clima de intolerancia que ya ha demostrado sus efectos.
La universidad puede albergar —y de hecho debe hacerlo— debates intensos y posiciones críticas. Pero su razón de ser se desvirtúa cuando sustituye el rigor por la consigna, el pluralismo por la cancelación y el pensamiento por la adhesión. Preservar los vínculos académicos, incluso —y sobre todo— en contextos de conflicto, no es una concesión: es una obligación intelectual.
|
|
 |
La línea roja cruzada: la incertidumbre previsional empieza a cotizar
|
La enfermedad “infantil” Julio María Sanguinetti
|
Humanidades: cuando la consigna reemplaza al pensamiento
|
30%: la cifra que debería encender todas las alarmas
|
Lula negocia, ¿y Uruguay...?
|
Cuando la memoria es frágil y la ideología necia
|
PachaLeaks: el misterioso país donde la nafta uruguaya es barata
|
Cosse y el síndrome del gasto público compulsivo
|
Salud Pública en ebullición: renuncias, blindajes y un ministerio cada vez más cerrado
|
Competitividad: los deberes que Uruguay no puede seguir postergando
|
El antiyanquismo Luis Hierro López
|
Nathalie Barbé: si no gano, no vale Santiago Torres
|
Brasil y su denuncia de dumping lácteo, burda expresión de proteccionismo primario Tomás Laguna
|
Cuando el Estado decide por usted Juan Carlos Nogueira
|
1o. de Mayo: una reflexión sobre el Día de los Trabajadores Jonás Bergstein
|
Montevideo, ¿qué te han hecho? Angelina Rios
|
La comunicación política Alfredo Menini
|
La estación vuelve, el tren no Alicia Quagliata
|
El valor de lo cotidiano Susana Toricez
|
Irán abre otro frente y deja al descubierto sus fisuras internas
|
Una medida simbólica... y profundamente equivocada
|
Adorni: un escándalo en expansión
|
Trump y su fracaso en Irán
|
Frases Célebres 1079
|
Así sí, Así no
|
|