Henrique Cymerman: “Hamás no lucha por un Estado palestino: se opone a un Estado palestino” (Primera parte)
Edición Nº 1095 - Viernes 28 de agosto de 2026. Lectura: 21'
En esta entrevista realizada por nuestro editor, Santiago Torres, el periodista israelí de origen portugués Henrique Cymerman, uno de los corresponsales más experimentados en Oriente Medio, analiza Israel después del 7 de octubre, Hamás, Netanyahu, la cuestión palestina y las posibilidades de una paz futura. Aquí les presentamos la primera parte de esa extensa charla.
Henrique Cymerman Benarroch nació en Oporto en 1959 y vive en Israel desde los 16 años. Periodista y corresponsal internacional, lleva más de tres décadas cubriendo Oriente Medio para medios como SIC, La Vanguardia y Mediaset España. Entrevistó a buena parte de los protagonistas de la región —entre ellos Yasser Arafat, Shimon Peres, Mahmud Abás y dirigentes de Hamás— y fue el último periodista que entrevistó a Yitzhak Rabin, apenas 24 horas antes de su asesinato. El papa Francisco lo llamó “Ángel de la Paz” por su papel en el encuentro de oración celebrado en el Vaticano en 2014 entre Peres y Abás.
Cymerman se encuentra en América del Sur para presentar la edición latinoamericana de El enigma Israel, publicada por Areté Grupo Editor. Su gira incluyó Buenos Aires y continuó en San Pablo, donde presentó la edición portuguesa del libro en la Bienal Internacional del Libro de San Pablo. En ese contexto mantuvo esta extensa conversación con Correo de los Viernes.
CORREO: Henrique, contame a grandes rasgos sobre tu libro El enigma Israel. ¿Qué pretende, qué busca?
Henrique Cymerman: Este libro fue escrito a raíz del 7 de octubre. Yo entendía que el sábado, cuando aquello todo ocurrió, que nada volvería a ser igual. Pero no me imaginé hasta qué punto sería el 7. Y conforme pasó el tiempo, yo empecé a escribir. Entendí que nada sería igual después de todo esto. Y realmente empezaron, yo digo, una serie de movimientos tectónicos. Que yo creo que aún no los hemos acabado. Aún estamos en el medio. La guerra de Irán es parte de ello. Toda la crisis del Estrecho de Hormuz. Toda la intervención de Estados Unidos en la guerra.
Todo esto, en mi opinión, es resultado de la peor masacre, según un gran historiador, Yuval Noah Harari, un israelí que es hoy el más famoso del mundo quizás. Dijo que para él era la mayor tragedia en Medio Oriente desde la caída del Segundo Templo en el año 70. Porque no había habido algo como esto. Un evento tan violento y tan terrible y con muchos efectos secundarios. Y, infelizmente, eso me impulsó a ver la tragedia, a sentarme a escribir. No tenía ni idea que iba a salir. Si iba a salir un artículo, si iba a salir... Y terminó saliendo un libro. Y salió un libro porque lo escribí solo. Empecé a escribir y me di cuenta que había más y más y más. Y me di cuenta que quería también hablar, al final del libro, de paz. Y no solamente de violencia.
Quería decir que creo que incluso de la tragedia tan terrible que vivimos, y que se vivió tanto de un lado de la frontera como del otro, pueden salir también cosas positivas. Es necesario que salgan cosas positivas. Y incluso me atreví en el libro a proponer lo que yo creo que es necesario hacer.
CORREO: Sobre eso vamos a hablar también. Pero hablemos primero de vos. Saliste de Portugal a los 16 años, si no me equivoco. Marchaste a Israel solo. A más o menos 50 años de que vos llegaras a Israel, ¿en qué se parece y en qué no se parece el Israel de hoy al Israel aquél? Sin duda, debe haber muchas diferencias.
Henrique Cymerman: Brutal. De todo tipo. Yo recuerdo aquellos años. Yo me fui a un kibutz. Se llama Mishmar HaSharon. Yo venía de Portugal. Familia medio española. Vivíamos a caballo entre Portugal y España. Pero yo recuerdo mi shock cuando me daba la impresión de que había caído en un país casi comunista. En los años 70.
CORREO: Los fundadores de Israel eran socialistas.
Henrique Cymerman: Totalmente. Era una especie de Albania. Además era un país muy modesto. Yo recuerdo mi shock cuando entré en un supermercado y vi que había un tipo de pan marrón solamente. Un tipo de queso amarillo solamente. Y yo no venía de una superpotencia. Venía de un país empobrecido.
CORREO: Portugal. Sí, sin duda. Después de las guerras coloniales, especialmente.
Henrique Cymerman: Bueno, no era no era Estados Unidos, ni era un país escandinavo. Y sin embargo sentí un auténtico shock. Pero me gustó igual.
CORREO: Pero además el shock cultural. Eso después se fue moderando, pero al kibutz que vos llegaste —me refiero al modelo— era virtualmente comunista. No había ni siquiera posesión privada de las cosas.
Henrique Cymerman: Totalmente. Yo además hice cosas en el kibutz. Yo, que venía de una familia burguesa de clase media alta, nunca había pensado ni soñado no solamente trabajar en el campo sino ser panadero en pleno verano con hornos de 80 grados, 100 grados y sacar el pan allí y así afuera 35 grados húmedos o darle vacunas a los pollos o conducir —que eso era el summum— un tractor en el campo. Realmente hice cosas que no había soñado que algún día haría.
CORREO: Como le decimos nosotros, eras un “nene bien”...
Henrique Cymerman: Sí, por ahí. Una clase acomodada.
CORREO: Y de golpe te diste contra la pared. Bueno, pero te sirvió.
Henrique Cymerman: Me encantó.
CORREO: Sirvió como crecimiento personal.
Henrique Cymerman: Totalmente. Luego yo no sabía que yo iba a empezar una serie de cambios en mi vida resultado de la muerte prematura de mi padre, muy joven, y de otros golpes familiares ocurridos con pocos meses de diferencia. Pero el hecho, vamos parte por parte, es que en el kibbutz yo me enamoré. En el sentido literal. Dije, es aquí que quiero quedarme. Fui a correos y envié un telegrama a mis padres. Se pagaba por palabra. Envié dos palabras: “Fico Israel”, que quiere decir “me quedo en Israel”. Y ya está. Y me quedé. Y busqué un colegio, terminé... Yo era muy joven. Terminé... salté un año e hice unos exámenes.
Terminé el bachillerato. Me dijeron, tienes ocho meses para aprender hebreo. Me fui a un colegio interno donde también era todo muy básico. Vivía con tres chicos que tenían a sus padres en la cárcel. Gente que venía de familias muy modestas. Y había también chicos de Argentina y de Uruguay que habían llegado allí y que estaban también en el colegio, con quien yo estaba más cerca. Y fue una escuela de verdad. Una escuela... era un poco una jungla a nivel de que me encontré con un tipo de vida totalmente distinto al que yo había tenido hasta entonces. Y además tuve que aprender hebreo muy rápido porque tenía exámenes finales.
Pero fue una apuesta... No, no, nada, nada.
CORREO: Es un idioma que no tiene nada que ver con el que vos hablabas.
Henrique Cymerman: Nada que ver. Pero, por suerte, yo hablaba varios idiomas. De hecho, trabajo hoy en día en varios idiomas. Y eso me ayudó a aprender rápidamente y tenía una motivación de hierro. Y bueno, fue muy duro. Muy duro también por el fallecimiento primero de mi abuelo, que vino a Israel para estar cerca de mí, y de mi padre después, sorpresivamente. Y todo esto me ocurrió en pocos meses, en plena inmigración, que de por sí es algo muy duro. Y mira, me quedé desde entonces.
CORREO: Muy bien. ¿Y cuáles son las diferencias entre aquel Israel y este?
Henrique Cymerman: Hoy en día Israel es un país que es considerado la Startup Nation. Es el país de, diría yo, una meca tecnológica. Sí. Es un país que tiene más startups en el Nasdaq, en la bolsa norteamericana, que todos los países de la Unión Europea juntos. Que tiene una renta per cápita superior a la de Japón y a la mayoría de los países de la Unión Europea. Es un país que si en aquella época yo viajaba a visitar a mis padres, a mi madre, en Barcelona y volvía, me obligaban a hacer una noche de diapositivas en la universidad con mis amigos para explicarles cómo es el extranjero porque nadie tenía dinero para viajar, muy pocos.
Hoy en día los israelíes hay quien trabaje de lunes a jueves en Europa y vuelve el fin de semana o la gente se va a pasar el fin de semana y vuelve.
CORREO: Se liberalizó la economía israelí mucho, ¿verdad?
Henrique Cymerman: Sí, pero yo debo decirte que... Una buena parte de aquella...
CORREO: Sí, por supuesto. Mucho de aquella economía socialista fue superada.
Henrique Cymerman: A nivel macroeconómico, sí. A nivel microeconómico, debo decirte que hasta hoy hay un ambiente socializante en la economía. Por ejemplo, yo tengo un seguro médico muy básico, como todos, dentro de lo que dicen que es uno de los sistemas de salud más desarrollados del mundo y que es muy socialista y que asegura a todo ciudadano por una suma muy baja los mejores servicios médicos. De hecho, me llaman a mí para decirme “oye, ¿te has olvidado de hacer tal análisis? O tienes que hacer tal cosa”. O mi madre que se vino a vivir a Israel en los últimos años de vida, iban a su casa a hacer el análisis de sangre a las 8 de la mañana. Hay un sistema realmente muy bueno, esperemos que no sea necesario usarlo, pero cuando fue necesario para mí y para mis hijos es extraordinario y eso queda de la época socialista.
O ves un cierto reparo en la clase pudiente israelí, más rica israelí de enseñar signos de riqueza. Es algo muy curioso. Eso queda del antiguo sistema más socialista aunque hoy la economía israelí es más capitalista. Es curioso, es un caso muy sui generis ese Israel.
CORREO: Esto que esto nos habla de en qué Israel cambió para mejor. ¿Y en qué cosas, en tu visión, cambió para peor la sociedad israelí?
Henrique Cymerman: Yo creo que el 7 de octubre, sobre todo ahora en los últimos años, veo que quizás radicalizó un cierto sector de la sociedad que es algo realmente grande lo que ocurrió. Yo creo que es algo que tocó en el alma de muchos israelíes. Alguien me dijo que sintió lo que su abuela le había contado de los pogromos en Rusia y en Polonia. De alguna manera despertó fantasmas que yo pensaba que estaban superados. Y obviamente eso no es algo bueno, eso no es algo positivo. Y yo creo que tenemos todos, además después de las guerras en Gaza, en el Líbano, en Irán, tenemos que empezar un proceso de recuperación para regenerar toda una generación que vive un cierto post-trauma, pero no solamente en el lado israelí, también en el lado árabe en general.
Yo creo que es muy necesario y no tirar la toalla y decir esto es imposible.
CORREO: Advierto una fuerte polarización política dentro de Israel. El primer ministro es una figura polarizante. ¿Qué va a pasar con Netanyahu en las elecciones?
Henrique Cymerman: La verdad que es la primera vez que yo veo realmente una posibilidad de algún cambio. Veo que las encuestas así lo indican en este momento. Sin embargo, Netanyahu, que no es tanto de mi devoción, sí quiero reconocer, aunque políticamente es día y noche para mí, su figura y lo que él representa, él no es lo que la prensa occidental escribe. Yo le conozco bien. Yo sé que Netanyahu es es un conservador, un republicano norteamericano. Es más, que él creció en Estados Unidos y es próximo al partido republicano, pero no es un fascista, no es un tipo de extrema derecha. Lo que pasa es que él, para crear una coalición, aceptó a dos ministros que son de extrema derecha.
CORREO: Que no ayudan nada en la comunicación...
Henrique Cymerman: Que perjudican seriamente a la imagen internacional de Israel y a la causa incluso. Cuando son causas muy justas, ellos perjudican profundamente.
CORREO: Las deslegitiman.
Henrique Cymerman: Totalmente. Y yo creo que eso es algo que yo no le perdono a Netanyahu, haberse unido con estos personajes por el bien de su coalición política. Creo que es un grave error y espero que sea rectificado en el próximo gobierno, que se forme después de las elecciones del 27 de octubre. Aunque ocurra una situación política que implique que Netanyahu sigue en la coalición de una manera o de otra, espero que estos personajes no lo estén de ninguna forma. Pero puedo decir que ahora, con las encuestas, todo indica que puede haber un cambio. Aunque Netanyahu es el mejor político que hay en Israel.
CORREO: Sí, es muy hábil.
Henrique Cymerman: Y dos meses pueden ser mucho tiempo, por lo tanto yo no cantaría victoria antes de tiempo.
CORREO: Usted entrevistó a Yitzhak Rabin 24 horas antes de su muerte. ¿Quién murió políticamente en Israel con Rabin? ¿Fue solo Rabin?
Henrique Cymerman: Con la muerte de Rabin se acabó un proceso o empezó a caer un proceso que podría haber llevado a un acuerdo de paz histórico con los palestinos.

Foto: En la frontera entre Israel y Gaza
CORREO: Porque la gran pregunta que aún a muchos nos queda es si fue la muerte de Rabin, el asesinato de Rabin, lo que de alguna forma tumbó esa posibilidad o si el proceso realmente no tenía posibilidades —el proceso de Oslo— de terminar en un acuerdo de paz. ¿Había chances reales de un acuerdo? ¿Tenés la certeza de que sí?
Henrique Cymerman: Yo no tengo la más mínima duda que sí. Aunque mi única reserva es el personaje de Yasser Arafat, hombre que yo conocí muy de cerca y con quien tuve...
CORREO: Hombre complicado.
Henrique Cymerman: ...decenas de horas de charla. Un hombre complicado y un hombre que ahora me es fácil mirar la historia y en la perspectiva verlo. Entonces no lo entendí. Lo positivo de su punto de vista fue que puso la causa palestina, que era una causa desconocida casi, en los años 60 del siglo pasado, creando la OLP. Logró con su teatralidad y con su personalidad, logró poner la causa palestina en la mesa internacional.
CORREO: Creo que además creó una identidad palestina que no existía hasta ese momento.
Henrique Cymerman: Digamos que la identidad palestina no era una identidad sólida décadas antes. A mí no me gusta decir que no existía. Sí existía, pero no estaba del todo delineada, consolidada. Yo creo que había otro tipo de identidades que se mezclaban con la identidad palestina que es muy joven. Pero cuando viene la derecha israelí y me argumenta esto, yo discuto que es irrelevante porque no importa lo que nosotros digamos, importa lo que los árabes palestinos piensen. Y si ellos están convencidos de que esa es su identidad, es su identidad y punto.
Pero así como digo que Arafat puso el tema palestino sobre la mesa —y desde su punto de vista fue un gran logro—, él no consiguió hacer la metamorfosis de guerrillero, de “Che Guevara palestino”, a estadista capaz de construir un Estado palestino. Y eso no se lo perdono. Eso me duele profundamente porque afecta a todos, al pueblo palestino y al pueblo de Israel. Yo creo que él perdió varias oportunidades muy grandes. Yo estoy muy cerca hace años de Mahmud Abás, que es un señor que tiene ya que jubilarse, pero que creo que es otro que perdió la oportunidad.
Él perdió y los israelíes perdieron una oportunidad con él, porque es un hombre que tenía más motivación de llegar a un acuerdo de paz que Arafat y que realmente era anti cualquier forma de terrorismo —lo sigue siendo— y perdimos todos una gran oportunidad con él, pero ya es demasiado tarde, tiene 91 años. Pero él me ha dicho, él me reconoció en cientos de conversaciones que tuvimos en los últimos años, en los últimos 20 años. Él me dijo, perdimos oportunidades muy importantes, primero en 47 cuando Naciones Unidas dividen el territorio en dos. Los judíos lo pillaron al vuelo y crearon un Estado. “Nosotros esperamos que otros hicieran el trabajo por nosotros e impidiesen la creación de un Estado judío y perdimos todo”.
Y él lo reconoció ante cámara esto, pero no fue solo él, o sea, no fueron solo el liderazgo palestino del 47 y el liderazgo árabe del 47. Fue también Arafat en el 2000 en Camp David cuando Ehud Barak y Shlomo Ben-Ami, que fue mi profesor en la universidad, ministro de exteriores, y Bill Clinton, le ofrecieron: 96% de Cisjordania, el 100% de Gaza, una bandera palestina en Jerusalén Oriental y con capital en Jerusalén Oriental. Y él dijo que no. Y cuando Miguel Ángel Moratinos, mi gran amigo desde hace décadas, un gran amigo de la causa palestina y de Arafat, le vino a ver cuando él abandonó Camp David el helicóptero y le dijo: “Pero presidente, ¿cómo pierde usted esta oportunidad?”. Arafat contestó: “Si aceptara, me matarían”. “Se refiere a sus hermanos palestinos”, le respondió Moratinos. “Sí”, respondió Arafat.
Él no tuvo el coraje de ser un Sadat, como el líder egipcio, y de hecho yo creo que hasta hoy lo que faltan en los palestinos es un Sadat. Es muy necesario que haya un líder que esté dispuesto a pagar un precio para conseguir un acuerdo salomónico que salve vidas. Esto se podría haber hecho ya hace tiempo. Luego de Camp David hubo otra sesión meses después, semanas después, en Taba, en Egipto, y luego Mahmud Abás, el presidente actual, se reunió con Ehud Olmert que le hizo una oferta aún más amplia que lo que hicieran Ehud Barak y Clinton en Camp David y él se echó atrás.
CORREO: Tampoco quería que lo mataran.
Henrique Cymerman: Él nunca dijo que ese fue el motivo.
CORREO: Pero probablemente algo de eso haya.
Henrique Cymerman: No quiero especular en su nombre. Creo que tenemos un problema en el periodismo actual, Santiago, y es que no nos ceñimos a los hechos. Interpretamos. Es legítimo interpretar, pero el público tiene que saber que estamos interpretando cuando lo decimos. En este caso yo me voy a ceñir a los hechos y los hechos son que él no aceptó la propuesta de Olmert y yo creo que él ahí perdió una posibilidad histórica de lograr un Estado palestino.
Hubo otros momentos también, te diría, después de la Guerra de los Seis días, pero bueno, eso es historia ahora. Creo que es necesario que surja un liderazgo quizás más joven, quizás más abierto, quizás menos influenciado por Hamás, cuyo objetivo es exterminar el Estado de Israel a todo precio.
CORREO: Precisamente tú te has entrevistado incluso con líderes de Hamás. O sea, tú conoces ese movimiento de adentro, ¿qué es lo que le falta entender a Occidente de Hamás, de sus objetivos? ¿Es un movimiento nacionalista palestino o es un movimiento islamista, que no es lo mismo?
Henrique Cymerman: Me imagino que sabes que yo, más allá de mi trabajo y más allá de todo lo que hago, dedico mi vida a intentar lograr paz.
CORREO: Sí, sí, absolutamente lo tengo claro.
Henrique Cymerman: Por eso fui candidato al Premio Nobel de la Paz. Eso es lo más importante para mí.
CORREO: El papa Francisco lo llamó “el ángel de la paz”.
Henrique Cymerman: Hace 12 años estuve con él y ayudé en muchas cosas que serán publicadas y otras que no, por ahora. Pero lo que sí te puedo decir es que si hay algo importante para mí, la cara actual de aquel niño de 16 años que se quedó en el kibbutz, es que mis hijos, mis nietos, mis bisnietos, que están todos en Israel, gocen del máximo de paz posible, así como todos nuestros vecinos. Ese es el objetivo máximo de mi vida. Sin embargo, yo creo que un grupo como Hamás es un cáncer para obtener mis objetivos de lograr la paz. Creo que Occidente no lo entendió. Occidente los ve un poco como la resistencia francesa contra los nazis.
Algunos algunos periodistas no saben cosas primordiales como, por ejemplo, que no solamente la Unión Europea, que no es gran simpatizante del gobierno de Israel actual, por decirlo con estilo británico, considera a Hamás un grupo terrorista, los 27 países europeos, pero no solamente ellos. La Liga Árabe, 22 países árabes, afirman que Hamás es parte de la Hermandad Musulmana y es un grupo terrorista. Y otra cosa que muchos periodistas occidentales no saben, que Hamás no lucha por un Estado palestino: se opone a un Estado palestino. ¿Y por qué? Parece ilógico, ¿no? ¿Por qué ellos se oponen a un Estado palestino?
Porque un Estado palestino sería laico y ellos quieren un Estado basado en la sharía, la ley religiosa. Y por otro lado, porque un Estado palestino laico significa aceptar al lado un Estado judío. Y ellos, su principal objetivo, me lo dijeron decenas de veces, de forma clara. El jeque Ahmed Yassin, su fundador, el médico Abdel Aziz al-Rantisi, que vino después, el médico Mahmoud al-Zahar, que vino después, Ismail Haniyeh, Khaled Mashal, Hassan Youssef, son seis de los siete fundadores de Hamás en 1987. Me encontré con ellos decenas de veces. Estuve en la casa del fundador de Hamás 15, 16, 17 veces, en el barrio de Sabra, en Gaza.
Él me llamaba a mí cuando quería hablar con la prensa extranjera. ¿Por qué? Hablé con él, tengo decenas de horas, del jeque Yassin y de los demás también. Y siempre me decían, la tierra de Israel está construida sobre un territorio islámico que nos pertenece. Y por lo tanto, lo que nosotros queremos, y ese es nuestro objetivo, es crear un Estado islámico sobre el actual Estado de Israel y sobre el Estado palestino de Cisjordania, Gaza y Jerusalén Oriental.
CORREO: De alguna forma, estás contestando que más que un movimiento nacional palestino, es un movimiento islámico.
Henrique Cymerman: Es un brazo de la Hermandad Musulmana.
CORREO: La causa nacional palestina entonces es, más bien, un objetivo meramente táctico, en función de su estrategia islamita.
Henrique Cymerman: Yo creo que ni hay táctica, porque ellos no lo esconden. Hay gente que te dice, en el movimiento nacionalista palestino, en Al Fatah, que aunque ellos reconocieron a Israel, en Oslo, en 1993, todo es una etapa. O sea, alguno te suelta eso: “Bueno, por ahora aceptamos el Estado de Israel. Ya veremos después”. La mayoría no piensa así. La mayoría entiende que dice que quiere un Estado palestino al lado de Israel.
En cambio, Hamás no me lo esconde. Su objetivo es crear un Estado islámico y destruir el Estado de Israel. Ellos no aceptan simplemente la existencia de un Estado judío en la tierra de Israel. Para ellos, los israelíes son como los cruzados. Y por lo tanto, ellos dicen que van a acabar como los cruzados, expulsados de la tierra aquella. Lo tienen muy claro. Y ellos también creen que los palestinos nacionalistas son traidores, porque pactan con los judíos. Ellos, los de Hamás me lo decían todo el tiempo: “Esos son los traidores. De hecho, yo creo que hay una guerra civil latente en el seno de la sociedad palestina.
CORREO: Bueno, ya tuvieron su enfrentamiento feroz cuando Al Fatah fue expulsado de Gaza.
Henrique Cymerman: Tiraron oficiales de Al Fatah del décimo octavo piso de Gaza. Y yo recibí allí llamadas increíbles de un amigo que era el director de la cárcel de Gaza. Tenía los 80 tipos más peligrosos de Hamás y de la Yihad. Y que me metió allí muchas veces. Hice películas ahí dentro de la cárcel. Y a él le tiraron en la pierna, porque fue algo que ellos hicieron para marcar y dejar cojos a oficiales de la autoridad palestina. Y luego él logró huir en un barco hacia Egipto y me llamó desde el barco pidiendo ayuda con su móvil. Jamás se me olvidará. Se llamaba [Hamdi] al-Rifi. No sé dónde estará hoy en día. Pero muchos fueron asesinados y los que tuvieron suerte huyeron y fueron expulsados de Gaza.
La próxima y última entrega será publicada el viernes 4 de setiembre.
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