Gobierno asediado
Viernes 1 de mayo de 2026. Lectura: 3'
Por Julio María Sanguinetti
Un cuestionamiento frontal al rumbo del “Diálogo Social” y a las concesiones del gobierno ante el sindicalismo, con advertencias sobre los riesgos económicos, institucionales y de credibilidad que implicarían cambios en el sistema previsional.
La propuesta del promocionado “Diálogo Social” no puede ser más penosa. En lo personal porque un régimen de seguridad social que creamos con originalidad en medio de debates entre privatistas y estatistas y que ha demostrado en 30 años su eficacia, ahora se pretende desvirtuarlo por un prejuicio ideológico. En lo político, porque la propuesta es la demostración de que el gobierno está asediado por un sindicalismo retrógrado que viene ahora por la revancha, luego de fracasar en un intento de reforma constitucional que pretendió derogar el sistema y negarle a los trabajadores el derecho a ahorrar para mejorar su jubilación.
Somos conscientes del peso que el PIT-CNT tiene en el Frente Amplio y que el mismo ha sido el gran articulador del Diálogo. También que el gobierno tendrá que hacerle concesiones, pero algunas, como la comentada, pueden ser de un peso desproporcionado. Sobre todo por lo inútil, por enredar lo que funciona, por inventarse un problema que no existe y crear otro gravísimo en el terreno de las inversiones.
El gobierno trata de salvar la cara diciendo que las AFAP no se derogan. El propio Presidente había estado en contra del plebiscito y le sería imposible ahora desdecirse. Se busca entonces una vía oblicua: las AFAP sobreviven, pero sin la administración del dinero, que pasa al control político. La máquina permanece, pero sin combustible. Estamos hablando de 26.000 millones de dólares, un tercio del PBI del país. Eso es lo que hay en las cuentas de los ahorristas.
Es todo corporativista. Ya el trabajador no puede elegir, porque se rompe el vínculo con la institución. No olvidemos que la República AFAP es casi un 40% del sistema y es entonces más que un testigo de todos los aspectos a cuidar en cuanto a costos o prestaciones.
No hay ninguna razón económica para el cambio. No hay ninguna queja de gestión. Es simplemente una revancha ideológica propia de un sindicalismo que, por su concepción marxista, no da valor al voto ciudadano. Respeto el comunismo de sus dirigentes principales. Es una religión laica y quien quiere seguir creyendo en ella está en su derecho, pero cuando esa concepción perimida en el mundo se proyecta contra el interés general, no tenemos otro camino que enfrentarlo. Vivimos en una democracia liberal, que se basa en el voto ciudadano.
Si le añadimos la rebaja en la edad jubilatoria, completamos un cuadro de enorme peligrosidad. De pérdida de credibilidad del gobierno. El solo hecho de resaltar la simpática idea de reabrir la jubilación a los 60 años es una bomba en el prestigio de la conducción económica. Por más que no se lo estimule, por más que se siga hablando de la normalidad en 65 años, es una señal a contramano de la lógica. El propio Diálogo Social se convocó para afrontar las “transformaciones demográficas” del país y ponemos marcha atrás. Que actividades como la construcción o la policía pudieran tener un régimen especial de jubilaciones es razonable. Pero el solo hecho de establecer la posibilidad general de los 60 años pone una inesperada nota demagógica, cuando es imprescindible caminar en la dirección contraria. Si vivimos más años, si los vivimos con mejor salud, si las tareas hoy en general son menos fatigosas, es inaceptable el paso atrás.
Estamos aún en una etapa preparatoria. El Poder Ejecutivo tendrá que enviar sus propuestas al Parlamento en la mayoría de los asuntos planteados y habrá margen para discutir. Que se considere necesaria una reconsideración del sistema de seguridad social lo comprendemos. Hay duplicaciones, gastos excesivos en algunos lados y carencias en otros. Naturalmente, los márgenes de gasto público están muy acotados. No es tarea fácil conciliar tantas propuestas, pero es un esfuerzo plausible. Lo que lamentamos son esas definiciones prejuiciosas.
El gobierno está asediado por el PIT-CNT. Lo está el Frente Amplio desde hace muchos años. Confiamos en que la oposición ayude a liberarlo de ese cerco.
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