Edición Nº 1084 - Viernes 12 de junio de 2026

Gaza bajo control: el regreso de Hamás y el riesgo de una nueva guerra

Viernes 27 de febrero de 2026. Lectura: 4'

Mientras la comunidad internacional habla de reconstrucción y desarme, Hamás consolida su poder en la Franja, derrota a clanes rivales, vuelve a recaudar impuestos y mantiene intacta su capacidad militar. El fortalecimiento interno del movimiento islamista no parece el preludio de una transición política, sino la antesala de un nuevo ciclo de confrontación.

Después de más de dos años de guerra, el grupo islamista Hamás no solo mantiene presencia en la Franja de Gaza, sino que ha reforzado su control político, económico y social en el territorio, en un proceso que expertos y fuentes locales interpretan como preparación para una eventual retoma del conflicto armado. Lejos de desvanecerse tras el alto el fuego de 2025, la organización ha consolidado su influencia sobre las estructuras de poder en Gaza, colocando a sus leales en puestos claves y controlando aspectos fundamentales de la vida cotidiana de los gazatíes, lo que plantea inquietudes sobre la viabilidad de una paz duradera.

Control institucional y económico

En varias zonas de Gaza, Hamás ha aprovechado la tregua para reorganizar y fortalecer su aparato de gobierno. La organización ha designado a sus partidarios en ministerios, gobernaciones y oficinas administrativas, posiciones desde las cuales puede influir directamente en la toma de decisiones y el manejo de recursos.

Además de su presencia institucional, Hamás ha retomado funciones de Estado al cobrar impuestos, tasas y contribuciones sobre la actividad comercial y la importación de bienes, incluso en un contexto de graves dificultades económicas. Esta recaudación fiscal —en muchos casos sobre productos contrabandeados o servicios básicos— alimenta las arcas del grupo y le permite seguir pagando salarios y manteniendo servicios públicos bajo su control.

Según fuentes locales y organizaciones de noticias, Hamás ha utilizado este poder económico para desarrollar su presencia en todos los niveles de la vida social y económica de Gaza, lo que contrasta con la idea de una transición política neutral o un vaciamiento de poder de la organización.

Supresión de rivales y lucha de clanes

El fortalecimiento de Hamás también se ha dado en el terreno de la seguridad interna. Tras el alto el fuego, el grupo lanzó operaciones para neutralizar y reprimir a facciones y clanes rivales que disputan el control territorial o se oponen a su hegemonía.

En varios distritos de Gaza han ocurrido enfrentamientos violentos entre las fuerzas de Hamás y milicias autónomas que buscan conservar espacios de influencia. Estas luchas internas suelen ser intensas, con arrestos, ejecuciones y persecuciones de aquellos percibidos como colaboradores de Israel o “enemigos de la resistencia”.

Este fenómeno se presenta como una consolidación de su monopolio de poder y como un intento de erradicar cualquier estructura armada o autoridad alternativa que pueda competir con la de Hamás en la Franja, una estrategia que si bien refuerza su posición interna también aumenta la tensión social.

Desarme pendiente y perspectiva internacional

A pesar de este reforzamiento de su control, el proceso de desarme de Hamás pactado en algunos marcos de alto el fuego sigue siendo una asignatura pendiente. Diversos planes internacionales, incluida una iniciativa de paz respaldada por Estados Unidos, han exigido la entrega de armas por parte del grupo como condición para avanzar hacia una gobernanza compartida o una reconstrucción estable.

Sin embargo, el grupo no ha decidido entregar su arsenal de forma irrestricta, lo que mantiene una significativa capacidad militar latente en Gaza. La existencia de miles de combatientes entrenados y armados, y la falta de una desmovilización efectiva, son elementos que dificultan cualquier transición hacia una situación de paz duradera sin enfrentamientos armados futuros.

¿Consolidación política o preludio de conflicto?

En este contexto, el aparente fortalecimiento de Hamás no es solo institucional, sino estratégico. La organización ha consolidado su estructura política, económica y de seguridad, alimentando una narrativa de control efectivo en Gaza. Esto hace cada vez más difícil la implementación de estructuras alternativas de gobernanza —como un comité técnicamente neutral— sin una negociación que atienda las realidades de poder sobre el terreno.

La presencia de Hamás en la administración de impuestos, la provisión de servicios y la supresión de grupos rivales sugiere que el grupo no está en retirada sino recalibrando su influencia. La pregunta que surge es si esta fortaleza creciente —que se alimenta de la necesidad de mantenimiento del orden interno y del control de recursos— puede coexistir con iniciativas de paz o si, por el contrario, constituye el preludio de una reanudación del conflicto armado.

La historia reciente de Gaza, con guerras devastadoras, ciclos de violencia y la incapacidad de desarmar plenamente a las partes, indica que los factores estructurales de violencia aún persisten. El reforzamiento de Hamás en estos años no solo refleja su resistencia ante la presión internacional, sino también una predisposición a conservar el poder por encima de soluciones políticas que modifiquen el status quo.



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