Frustrante retroceso
Viernes 5 de diciembre de 2025. Lectura: 5'
Por Julio María Sanguinetti
La ofensiva para crear la Universidad de la Educación se convierte en un nuevo capítulo de la disputa ideológica que vuelve a frenar las transformaciones que el país necesita.
Desde nuestros lejanos tiempos de ministro de Educación y Cultura, en 1972, estamos envueltos en el debate sobre el sistema educativo. Desgraciadamente, ha sufrido, y sigue sufriendo, el penoso retroceso posterior a cada momento de progreso y superación que se ha emprendido. Ir y venir, subir y bajar…
En aquel año propusimos, y se sancionó, un proyecto de ley que, en lo estructural, establecía la autoridad común del sistema, el órgano que hoy se llama Codicen. Se nos dijo de todo por subsumir las viejas autonomías de Primaria y Secundaria en la autonomía general del ente ANEP, conducido por esa autoridad. Era imprescindible, porque la total descoordinación entre la educación primaria, secundaria y técnica imponía un órgano superior coordinador. Bien se sabe que la educación es un proceso único y que esos cortes abruptos resultaban cada día más disfuncionales, especialmente cuando la democratización de la enseñanza pública había llevado a que ya Secundaria era terminal y no mero tránsito vestibular hacia la Universidad.
Desde entonces, a nadie se le ha ocurrido retornar a las viejas autonomías sino, al revés, fortalecer la conducción del Codicen.
Vino luego la interrupción dictatorial, con todas sus consecuencias, y el retorno democrático en 1985. Le pedimos entonces un esfuerzo a dos figuras fundamentales de la cultura uruguaya, Don Juan Pivel Devoto y Aldo Solari, para que condujeran el difícil proceso de reinserción de funcionarios destituidos o postergados en su carrera, mientras se actualizaban los programas que habían sido muy influidos por la mentalidad disciplinaria del período de facto.
Normalizada la situación, en nuestra segunda presidencia intentamos una reforma importante que en lo institucional y social fue la mayor en los últimos sesenta años. Se crearon los Centros de Formación Docente en el Interior (CERP), se reestructuró la enseñanza media, se crearon escuelas de tiempo completo, hasta se creó un sistema de alimentación por bandejas que increíblemente fue rechazado con violencia por las gremiales. Era un programa amplio y coherente, que venía precedido de estudios que en su momento le habíamos pedido a CEPAL y en los que había trabajado como técnico Germán Rama. Le pedimos que presidiera el nuevo Codicen y, con un acompañamiento de gran nivel, se arrancó ese proceso de reforma, que incluyó un notable progreso en las infraestructuras edilicias. Más allá de las oposiciones, se avanzó.
Llegó el Frente Amplio y con él, nuevamente, la hegemonía de un gremialismo obsoleto, reivindicativo, intoxicado de ideologismo marxistoide. Se borró el proceso de cambio en la educación media y si bien sobrevivieron los CERP, ya no fueron parte de una nueva pedagogía sino expresión del retorno al viejo sistema. Ya no hablamos más de áreas de conocimiento sino de asignaturas, en el viejo estilo.
La enseñanza se había masificado. Realmente eran imprescindibles los cambios. La educación secundaria básica, como decimos, es educación terminal, requerida como mínimo por todas las oportunidades de empleo. Vino el Frente, nada se pensó y marcha atrás en todo lo que se pudo. No en todo, pero ya los CERP dejaron de ser parte de un sistema integral de educación por áreas de conocimiento para retornar a la vieja rutina.
Con el triunfo de la Coalición Republicana, ahora bajo la conducción de Robert Silva, se intentó nuevamente un cambio, mediante una educación por competencias, que tomara en cuenta los procesos de aprendizaje, acompañada por un sistema de evaluación permanente. También flexibilizar la matrícula, darle opciones al educando para generarle más interés, diversificar sus posibilidades, acentuar lo tecnológico.
Estamos ahora, nuevamente, en un proceso de retroceso. De nuevo la rutina, la nebulosa de la izquierda antigua, cuando la revolución científica nos lleva por delante, la riqueza cambia de naturaleza y el empleo se aleja de la formación que se brinda.
En ese contexto reaparece el gran proyecto de la Universidad de la Educación, donde se concentraría toda la formación docente. Lo que hoy es el Consejo de Formación en Educación saldría de la órbita del Codicen para autonomizarse en una nueva universidad. Allí, por arte de magia, todo mejoraría.
Crear esa nueva universidad es retornar, en una peor versión, a la incoherencia y contradicción del sistema. Esa universidad autónoma formaría a los maestros y profesores según su criterio, que puede o no coincidir con la orientación del Codicen, también autónomo y a cargo del sistema educativo nacional. Así como en los viejos tiempos Primaria, Secundaria y UTU andaban cada uno por su lado, sin coordinarse nunca, ahora las contradicciones se harán más evidentes. Por ejemplo: ¿formamos profesores por áreas de conocimiento o por asignaturas? Para ser más claros: ¿historia y geografía juntos o separados? ¿Y matemática y física? ¿Qué valor le dan y con qué orientación a las disciplinas vinculadas a la tecnología y al mundo digital? Seguramente la Universidad de la Educación y el Codicen piensen distinto.
Estamos ya hoy en pleno retroceso. Con esto, lo institucionalizamos alegremente, simplemente entonando el himno del valor universitario de la formación, que ya está previsto por las leyes vigentes.
Otra frustración organizada sobre la vida de las nuevas generaciones. Marcos Galperin, el empresario joven más exitoso de la región, preguntado sobre qué le aconsejaría aprender a un joven hoy, dijo días pasados: “matemáticas… y ajedrez”. En una palabra, pensamiento abstracto, capacidad de razonar desde la nada, método para abordar cualquier situación, entender opciones estratégicas… Como para que Fenapes entienda...
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