Edición Nº 1084 - Viernes 12 de junio de 2026

Final y comienzo

Viernes 20 de diciembre de 2024. Lectura: 5'

Por Julio María Sanguinetti

Fin de gobierno. Comienzo de gobierno. Cambio de Coalición. El que termina lo hace con la bendición de la opinión, según las encuestas, y al mismo tiempo la derrota electoral, paradójica repetición de lo que se venía observando en los últimos meses. Para añadir más confusión, la Coalición oficialista ganó la primera vuelta y en veintisiete días la perdió por una diferencia parecida. Ya estamos todos saturados de interpretaciones complejas para lo que los números explican con cierta sencillez: por los 41.000 votos de menos en el interior (falta de movilización) y el vuelco de los votos contestatarios de Identidad Soberana.

El gobierno que se inicia lo hace en un ambiente de moderación, sin el anuncio de grandes cambios, como reiteradamente lo dijo el Presidente electo, Prof. Yamandú Orsi. El gabinete refleja una distribución política pura y dura, hasta con un Ministro de Trabajo sindicalista comunista, que ya veremos cómo hace para cumplir su deber de árbitro imparcial de la puja obrero-patronal. Lo positivo es que el Ministro de Economía y el equipo que ha formado inspiran confianza en el mercado, por solvencia profesional y el anuncio de la continuidad de la línea monetaria.

El desafío, en especial para ellos, comienza en las promesas de campaña, como la absurda y antidemocrática persistencia del PIT-CNT en cambiar una ley jubilatoria avalada por la amplia mayoría de la ciudadanía en un plebiscito. Allí va a estar la primera pulseada fuerte. Luego vendrá el día a día, con un ministro radical en el MIDES pidiendo dinero todos los lunes y un sistema de seguridad social que acumula déficit gigantescos en el FONASA y en el propio Banco de Previsión Social. La situación general de las cuentas públicas no muestra rasgos críticos, pero tampoco está holgada la caja para “velitas al socialismo”. Ese es el tema: el marxismo se murió en el mundo (lo de Cuba no es vida), Danilo Astori enterró todos los viejos eslóganes de no pagar la deuda externa y nacionalizar la banca pero en los cuadros frentistas persiste la vieja mentalidad. Se resignan a la economía de mercado pero proponen todo el tiempo administrarla desde la otra doctrina, la corporativa, la clasista que tanto invoca el PIT CNT. En una palabra, jugar al fútbol con las reglas del básquetbol. Menuda pulseada.

En cuanto a la Coalición Republicana, confiemos en que mantenga la sintonía para coordinar una acción opositora de calidad. En el juego institucional, es “mano” el gobierno, de modo que el tono y la intensidad de la labor de contralor se regularán en función de su actitud. Es importante, sin embargo, que la Coalición se atenga a su razón de ser, a la que dio nacimiento a la idea en aquel lejano mayo de 2018 en que nos reunimos con los Dres. Larrañaga y Lacalle Pou: ser una alternativa. O sea, no sólo ejercer la clásica función de crítica sino ofrecer al mismo tiempo una perspectiva de futuro.

Es en esa dimensión que nuestro Partido Colorado tiene por delante un período desafiante. El que termina lo fue: comenzó con un candidato de renovación que abruptamente abandonó la política, transitamos el desierto desde la institucionalidad partidaria y llegamos finalmente a una interesantísima elección interna, de la que emergió una fórmula joven. Andrés Ojeda, sin ninguna organización previa aunque ya con años de militancia, desarrolló una campaña moderna, novedosa, juvenil, que mostró un partido refrescado y un conductor vivaz e inteligente. Robert Silva, con larga trayectoria en la educación, aportó un perfil propio desde ese tema consustancial a la historia batllista.

Ojeda ocupará la Secretaría General que conquistó en la elección. No dudamos que realizará una gestión amplia, abierta a todos los sectores y con una institucionalidad dinámica. Ese liderazgo institucional y político no excluye el de otras figuras con perfil propio, como Pedro Bordaberry, Tabaré Viera, Gustavo Zubía y la presencia de una vasta legión de correligionarios de la vieja guardia hoy en retiro de la competencia electoral pero activos en el debate nacional.

Se abre el espacio de la juventud, a la que el Partido venía dando relevancia pero que ahora requerirá más que nunca una oportunidad de fondo. El mundo sigue cambiando, hasta geopolíticamente, y los modos de comunicación y producción se transforman constantemente al impulso de la ciencia y la tecnología. No todos esos cambios son auspiciosos, porque la avalancha populista, los nacionalismos agresivos y las guerras socavan la democracia, hoy puesta a prueba aun en las grandes potencias democráticas. El desafío es como incorporar los nuevos horizontes que asoman, soslayando a la vez los malhumores que generan las migraciones y las amenazas de las nuevas formas del delito. En nuestro caso, además, economía modesta en un espacio latinoamericano sin poder propio, preservar la competitividad es un tema excluyente, del que dependerá el nivel de inversión, empleo y bienestar general.

El Partido Colorado sigue siendo un reducto de republicanismo, de laicidad, de sentido del Estado, de la educación popular, tantas veces degradada por abusivas gremiales aun remanentes de la vieja izquierda. Este brote de juventud que ha aparecido debe crecer y consolidarse, porque los batllistas tenemos un rol fundamental a cumplir en la coalición y en el país. Comenzando por impedir que la izquierda uruguaya, otrora con las armas en la mano para derrumbar la democracia “burguesa” del Estado Batllista, hoy pretenda cobijarse bajo ese amplio manto para esconder su falsedad ideológica. Soñaron con la sociedad socialista de Cuba, hoy el más triste fracaso de la historia; hasta hace muy poco abrevaban en el kirchnerismo argentino o el chavismo venezolano y de un día para el otro se cubren detrás de una bandera que no les pertenece.

El Partido Colorado ha sido el mayor constructor de las instituciones políticas y sociales del país. Al pie de ellas, no cejará un día de defenderlas de todo desvío populista, corporativista o como se quiera llamar a esa confusa ideología que de a ratos no sabe si Venezuela es dictadura o Hamas una organización terrorista.



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