Edición Nº 1095 - Viernes 28 de agosto de 2026

Fernando Cerimedo, el operador transnacional de la nueva derecha

Viernes 28 de agosto de 2026. Lectura: 8'

La detención en Bolivia de Fernando Cerimedo por la investigación del atentado contra su expareja puso bajo los focos a un personaje que durante años se movió con notable eficacia entre campañas electorales, redes sociales, medios digitales y dirigentes de la nueva derecha internacional. Cercano a Milei, los Bolsonaro y Rodrigo Paz, asociado al ecosistema tecnológico del trumpismo estadounidense y conectado con operadores mediáticos españoles, su historia muestra hasta qué punto la política contemporánea ha creado una categoría de poder que no necesita cargos públicos para ejercer influencia.

Hasta hace pocos años, el nombre de Fernando Cerimedo decía muy poco fuera de los círculos especializados en comunicación política. Hoy resulta difícil contar la expansión de la nueva derecha latinoamericana sin que aparezca, en algún momento, su figura.

Consultor político, publicitario y empresario de comunicación, Cerimedo construyó su carrera fundamentalmente alrededor de Numen, su empresa de estrategia digital, y de La Derecha Diario, portal creado para disputar abiertamente la conversación pública desde posiciones de derecha. Nunca pretendió presentarse como un periodista neutral. Su propósito, según declaró él mismo, era influir políticamente y construir un aparato comunicacional propio para ese espacio ideológico. Una investigación internacional coordinada por el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística reconstruyó además un entramado empresarial que incluía agencias de publicidad, enseñanza de marketing político, numerosos sitios web y otras actividades.

Pero Cerimedo no es importante simplemente porque tenga medios o porque conozca políticos. Su especialidad ha sido otra: el dominio de la conversación digital.

En entrevistas concedidas durante su ascenso admitió disponer de trolls, aunque sostuvo que no los empleaba para hostigar adversarios sino para engañar a los algoritmos y mejorar artificialmente el posicionamiento de determinados contenidos. Esa admisión permite comprender buena parte de su valor para los dirigentes con los que trabajó: campañas capaces de combinar comunicación tradicional, segmentación de públicos, redes sociales, medios partidarios y estructuras digitales destinadas a multiplicar mensajes.

Su primera gran plataforma internacional fue Brasil.

Cerimedo se vinculó estrechamente con el universo de Jair Bolsonaro y particularmente con su hijo Eduardo. Después de la derrota de Bolsonaro frente a Luiz Inácio Lula da Silva en 2022, el argentino realizó una transmisión seguida por centenares de miles de personas en la que cuestionó la confiabilidad del sistema electoral brasileño. El Tribunal Superior Electoral ordenó retirar contenidos suyos y de La Derecha Diario que consideró desinformativos.

El asunto no terminó allí. En noviembre de 2024, la Policía Federal brasileña incluyó a Cerimedo entre los 37 indiciados al concluir su investigación sobre el intento de impedir la transición constitucional después de la victoria de Lula. Según los investigadores, Cerimedo habría participado en la elaboración y difusión de estrategias destinadas a desacreditar el sistema electoral y alimentar falsas denuncias de fraude. Fue indiciado, junto con Bolsonaro y otros integrantes de aquel entorno, por sospechas vinculadas a golpe de Estado, abolición violenta del Estado democrático de derecho y organización criminal. Cerimedo ha rechazado esas imputaciones y sostiene que sus actuaciones fueron públicas y que no participó de ningún complot.

Ese vínculo brasileño fue también el puente hacia Javier Milei.

Cerimedo desempeñó un papel relevante en la campaña presidencial argentina de 2023, especialmente en estrategia digital y fiscalización electoral. Su relación con el espacio libertario era suficientemente estrecha como para que, durante aquella campaña, se lo considerara uno de los operadores tecnológicos de Milei. Fuentes del actual gobierno argentino procuran hoy reducir la importancia de aquel vínculo y aseguran que se encuentra cortado desde hace tiempo, pero su participación en la campaña que llevó a Milei a la Presidencia está fuera de discusión.

Antes había mantenido contactos con sectores del macrismo y con Patricia Bullrich. Una investigación de varios medios reconstruyó reuniones del consultor con la dirigente durante la pandemia. Cerimedo dio posteriormente una versión muy crítica de aquella experiencia. También organizó en Buenos Aires encuentros en los que participaron Eduardo Bolsonaro y dirigentes argentinos de la oposición de entonces.

Y en el medio de esa historia aparece Natalia Basil, su exesposa, que no debe confundirse con Nadia Beller, la mujer cuyo atentado originó la actual causa boliviana.

Basil es ingeniera química, fue socia empresarial de Cerimedo y estuvo vinculada desde sus primeros tiempos a La Derecha Diario y a sus empresas. Con el gobierno de Milei llegó además al Estado: entre mayo y noviembre de 2024 ocupó la Dirección Nacional de Apoyos y Asignaciones Económicas de la Agencia Nacional de Discapacidad, la hoy célebre ANDIS.

Ese dato cobra particular importancia porque Cerimedo terminó declarando ante la Justicia argentina, en 2025, que el entonces titular de la ANDIS, Diego Spagnuolo, le había hablado de un supuesto esquema de coimas en el organismo. En aquel momento negó haber grabado a Spagnuolo o haber filtrado los audios que desataron el escándalo. Nadia Beller sostiene ahora que Cerimedo le confesó que Basil estuvo detrás de aquella filtración. Es, por el momento, una afirmación de Beller y no un hecho judicialmente probado.

La siguiente estación del recorrido fue Bolivia.

Cerimedo trabajó en la campaña de Rodrigo Paz, vencedor de las presidenciales bolivianas de 2025, y continuó relacionado con su entorno posteriormente. El gobierno boliviano ha procurado precisar que no ocupa un cargo formal ni define las políticas oficiales de comunicación, aunque autoridades reconocieron la existencia de una asesoría política o comunicacional.

Es precisamente allí donde su carrera adquirió esta semana una dimensión completamente diferente.

Su expareja sentimental Nadia Beller, abogada y activista política boliviana, fue atacada a balazos frente a un hotel de Santa Cruz de la Sierra por individuos vestidos como repartidores. Sobrevivió. Beller acusó directamente a Cerimedo de haber encargado el ataque. El consultor fue detenido en el aeropuerto de Viru Viru y la Fiscalía boliviana lo imputó como presunto autor intelectual de una tentativa de feminicidio. Al momento de redactarse esta nota continúa detenido y el Ministerio Público pretende que permanezca 180 días en prisión preventiva mientras avanza la investigación. Cerimedo niega la acusación y su defensa afirma que se está montando un espectáculo político, llegando incluso a plantear la hipótesis de que el atentado hubiera sido provocado por la propia víctima.

La investigación se ha ampliado además en las últimas horas. Allanamientos realizados en propiedades vinculadas al consultor llevaron, según la Fiscalía boliviana, al hallazgo de más de US$44.000 en efectivo y de equipamiento que las autoridades describieron como una “granja de bots”. El Ministerio Público abrió asimismo una investigación relacionada con el posible origen ilícito de determinados fondos. También aquí corresponde mantener la cautela: se trata de investigaciones abiertas, no de delitos probados mediante sentencia.

Pero el mapa Cerimedo es todavía más grande.

En Honduras, su empresa apareció vinculada con la estrategia electoral de Nasry “Tito” Asfura, representante de la derecha que llegó a la Presidencia. En Chile, Cerimedo se atribuyó participación en la estrategia comunicacional del “Rechazo” a la propuesta constitucional de 2022, aunque integrantes de la conducción formal de aquella campaña relativizaron o negaron el papel que él aseguraba haber cumplido. Esa diferencia resulta ilustrativa de un rasgo permanente del personaje: sus conexiones son indudables, pero Cerimedo suele presentar su propia influencia en dimensiones que no siempre resultan verificables independientemente.

Lo mismo ocurre con Estados Unidos.

Durante años Cerimedo realizó afirmaciones sobre supuestos trabajos o contactos con la Casa Blanca que una investigación internacional no consiguió corroborar. Incluso una dependencia en la cual sostuvo haber trabajado no existía bajo el nombre que proporcionó. Por eso sería incorrecto afirmar, sin más, que fue asesor de Donald Trump.

Sin embargo, su conexión actual con el ecosistema trumpista sí es concreta.

Cerimedo representa en América Latina a Campaign Nucleus y EyesOver, plataformas vinculadas a Brad Parscale, quien fue director digital de Trump en 2016 y posteriormente jefe de su campaña para la reelección. Esa relación coloca al argentino dentro de una infraestructura tecnológica dedicada al procesamiento de información electoral, segmentación de audiencias y optimización de campañas políticas. Parscale aparece además asociado con Cerimedo en trabajos latinoamericanos recientes.

Y existe todavía el puente español. Cerimedo estuvo asociado con Javier Negre, empresario y comunicador de derecha que expandió La Derecha Diario fuera de Argentina y lo convirtió en parte de una red mediática con presencia en otros mercados de América Latina. Cerimedo se habría desprendido recientemente de su participación societaria, pero el proyecto que ayudó a construir continúa funcionando como una pieza del ecosistema comunicacional de la derecha internacional.

Conviene, entonces, no exagerar ni minimizar.

Cerimedo no es el cerebro secreto de “toda la derecha mundial”, como alguna caricatura podría sugerir. Tampoco existen pruebas sólidas de vínculos personales directos con cada uno de los grandes líderes conservadores que alguna vez mencionó. Su currículum contiene zonas comprobadas, otras discutidas y unas cuantas que parecen estar adornadas por su propia capacidad de autopromoción.

Pero sería igualmente equivocado considerarlo simplemente un publicista que se cruzó casualmente con algunos políticos importantes.

Milei, los Bolsonaro, Rodrigo Paz, Asfura, Parscale y Negre dibujan una red suficientemente importante como para que la dimensión transnacional de Cerimedo sea indiscutible. El argentino entendió tempranamente que las nuevas derechas no necesitaban compartir un partido, una nacionalidad ni siquiera exactamente la misma doctrina. Bastaba compartir adversarios, discursos, tecnologías, medios y métodos de comunicación.

Ese fue su verdadero negocio político: transportar de un país a otro herramientas para conquistar la conversación pública.

Por eso su caída en Bolivia tiene una importancia que supera largamente la crónica policial. Si las gravísimas acusaciones que enfrenta terminan respaldadas por pruebas judiciales, no caerá solamente un consultor. Quedará expuesta desde adentro una de esas redes de operadores privados que, sin ser presidentes, ministros ni legisladores, aprendieron a circular entre gobiernos y campañas, manejar información, construir medios, conectar dirigentes y modelar electoralmente a millones de personas.

Y acaso sea precisamente allí donde reside el aspecto más interesante del personaje: Fernando Cerimedo representa una forma de poder político propia de nuestro tiempo, mucho más difícil de ver que un partido y bastante más difícil de controlar.



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