Entre la incertidumbre y el control
Viernes 18 de setiembre de 2026. Lectura: 5'
Por Fitzgerald Cantero Piali
A partir de las cifras de suicidio en Uruguay, el autor reflexiona sobre la ansiedad, la incertidumbre y el aporte que una filosofía como el estoicismo puede ofrecer, sin confundir sus herramientas con la atención profesional en salud mental.
El pasado 10 de setiembre se conmemoró el Día Mundial de la Prevención del Suicidio.
Uruguay enfrenta un problema persistente que exige atención, sensibilidad y respuestas sostenidas. En 2025 se registraron 668 fallecimientos por suicidio, frente a los 764 de 2024. La reducción del 12,6% merece ser reconocida. Sin embargo, como advirtió el Ministerio de Salud Pública al presentar las cifras, corresponde interpretarla con cautela. Un descenso anual no permite dar por consolidado un cambio de tendencia.
El suicidio es multicausal. Intervienen factores sociales, psicológicos, biológicos, culturales y ambientales. Reducirlo a una dificultad para manejar las emociones o a una manera de pensar sería un error. La prevención requiere políticas públicas, atención oportuna, redes de apoyo y una sociedad capaz de escuchar y acompañar.
Desde ese reconocimiento, la conmemoración también puede abrir una reflexión sobre cómo afrontamos el malestar cotidiano y sobre las herramientas que tenemos para convivir con la incertidumbre, atravesar frustraciones y pedir ayuda cuando la necesitamos.
Porque una parte de nuestro sufrimiento puede relacionarse con lo que creemos que va a ocurrir.
La ansiedad forma parte de la experiencia humana. Pero cuando la preocupación se vuelve excesiva y persistente, puede afectar nuestra vida cotidiana. En algunos casos, las posibilidades adversas adquieren la apariencia de certezas: imaginamos un desenlace negativo y comenzamos a vivirlo como si fuera inevitable.
Un estudio de LaFreniere y Newman, publicado en Behavior Therapy, ofrece un resultado ilustrativo. En una muestra de 29 participantes con trastorno de ansiedad generalizada, el 91,4 % de las predicciones preocupantes registradas no se cumplió durante el período observado. Los participantes anotaron sus preocupaciones durante diez días y se hizo un seguimiento de sus resultados durante treinta días.
Es una investigación pequeña, referida a una población específica. No permite afirmar que nueve de cada diez preocupaciones de cualquier persona nunca se concretarán. Pero muestra cómo podemos sobreestimar la probabilidad de aquello que tememos. El sufrimiento que provoca esa anticipación, aunque el desenlace no ocurra, es real.
En ese punto, una filosofía antigua como el estoicismo puede ofrecer un marco de reflexión de notable vigencia.
Uno de sus principios centrales consiste en distinguir entre lo que depende de nosotros y lo que escapa a nuestra voluntad.
En teoría, parece simple. En la práctica, nos cuesta aceptar que nuestras decisiones y esfuerzos no garantizan los resultados. Podemos prepararnos para una entrevista, pero no decidir si seremos elegidos. Podemos cuidar un vínculo, pero no determinar cómo responderá la otra persona.
El estoicismo no propone resignación. Propone un enfoque: actuar sobre lo que está a nuestro alcance, reconocer los límites de nuestra influencia y prepararnos para responder a las dificultades. No controlar completamente un resultado tampoco significa carecer de capacidad para influir sobre él. Podemos reducir riesgos, buscar apoyo y construir respuestas junto con otros.
Por eso, prepararse para el futuro es compatible con esta filosofía. Epicteto recomendaba considerar los contratiempos que podían aparecer antes de emprender una actividad. La distinción relevante está entre prepararse para una dificultad y vivirla anticipadamente como una certeza.
Podemos pensar qué haríamos si algo saliera mal sin dar por hecho que saldrá mal.
Cuando la anticipación negativa se vuelve constante, puede estrechar nuestra percepción de las alternativas y alimentar la desesperanza. Pensamientos y emociones se entrelazan. Reconocerlo no significa atribuir a quien sufre la responsabilidad de resolverlo por sí solo: hay situaciones en las que el acompañamiento y la atención profesional son indispensables.
El estoicismo puede ayudar a examinar algunas interpretaciones y a orientar nuestras acciones. Su valor como recurso filosófico no equivale a una eficacia clínica demostrada. El estudio citado no evaluó esta filosofía ni su capacidad para prevenir el suicidio.
Leer a los estoicos jamás reemplazará la atención en salud mental, las políticas públicas o las redes de contención. Puede, en cambio, enriquecer las herramientas con las que afrontamos la incertidumbre y las dificultades de la vida.
En ese sentido, hay una discusión educativa que merece espacio. Incorporar herramientas filosóficas como las que ofrece el estoicismo permitiría acercar a los estudiantes preguntas que los acompañarán siempre: ¿qué puedo hacer frente a esta situación?, ¿qué estoy suponiendo?, ¿qué depende de mis decisiones?, ¿cuándo necesito ayuda?
La propuesta debería formar parte de una educación que también enseñe a reconocer el malestar, expresarlo, escuchar a otros y buscar apoyo, con contenidos adecuados a cada edad y docentes preparados para abordar estos temas.
Aprender a distinguir entre hechos y anticipaciones, entre capacidad de acción e incertidumbre, tiene un valor cotidiano. También lo tiene comprender que pedir ayuda es una manera de actuar.
Leer e interpretar a los estoicos no elimina los problemas. Puede ampliar nuestra perspectiva y ayudarnos a responder con mayor claridad. La filosofía ofrece preguntas, criterios y prácticas para examinar la vida; sus aportes pueden convivir con los conocimientos y cuidados que brindan otras disciplinas.
No todo lo que tememos ocurrirá. Y frente a aquello que sí ocurra, podemos cultivar recursos propios y vínculos que nos ayuden a atravesarlo.
También hay en el estoicismo una reflexión sobre el propósito, los valores y nuestras responsabilidades hacia los demás, aspectos que merecen ser desarrollados en futuras columnas.
Fuentes: Ministerio de Salud Pública, datos de suicidio de 2025; LaFreniere y Newman, estudio sobre preocupaciones y ansiedad generalizada; OMS, trastornos de ansiedad y suicidio; Epicteto, Manual, apartado 4.
*Línea de prevención del suicidio en Uruguay: 0800 0767 / *0767 desde celulares. Gratuita, confidencial y atendida por profesionales las 24 horas.
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