Edición Nº 1096 - Viernes 4 de setiembre de 2026

Entre el barro y Ceuta: los cortocircuitos entre Sánchez y Felipe VI

Edición Nº 1096 - Viernes 4 de setiembre de 2026. Lectura: 8'

La relación entre Pedro Sánchez y Felipe VI mantiene las formas que exige la Constitución, pero acumula episodios de fricción cada vez más difíciles de disimular. Paiporta dejó una fotografía incómoda, Notre Dame expuso problemas de coordinación y la crisis de Ceuta acaba de abrir un nuevo capítulo: el presidente anunció lo que hará el Rey y, al día siguiente, su gobierno tuvo que aclarar que no había querido reprocharle nada.

No hay una crisis constitucional entre La Moncloa y La Zarzuela. Pedro Sánchez y Felipe VI se reúnen, despachan, aparecen juntos cuando corresponde y ambos aparatos institucionales se esfuerzan periódicamente en proclamar que las relaciones son normales. Precisamente por eso resulta llamativo que cada pocos meses sea necesario reiterarlo.

El último episodio se produjo con Ceuta. En una entrevista con la Cadena SER el lunes 31 de agosto, Sánchez anunció que Felipe VI visitaría la ciudad autónoma —y también Melilla— “cuando se den las condiciones”, después de subrayar que él sí había viajado a ambas ciudades y que el actual monarca todavía no lo había hecho. Incluso cometió un pequeño lapsus al hablar de los “20 años” de reinado de Felipe VI, cuando lleva doce en el trono.

La observación podía presentarse como un dato histórico. Pero políticamente sonó de otra manera. El presidente no se limitaba a anunciar una iniciativa institucional coordinada con la Casa Real: parecía señalar públicamente una ausencia del jefe del Estado y, al mismo tiempo, comunicarle al país que esa ausencia terminaría porque había llegado el momento de hacerlo.

Veinticuatro horas después apareció la habitual brigada de desactivación. La portavoz del gobierno, Elma Saiz, aseguró que Sánchez no había formulado ningún reproche al Rey, que las relaciones con Zarzuela eran “buenas” y que tampoco existía ningún veto del Ejecutivo a una visita real a Ceuta. El asunto, explicó, ya había sido hablado entre Moncloa y Zarzuela, aunque todavía no existía fecha.

Cuando es necesario explicar con tanto entusiasmo que nadie ha reprochado nada a nadie, alguna electricidad circula por los cables.

Ceuta, Marruecos y un Rey que se adelantó

El contexto hace el episodio especialmente delicado. Tras la gigantesca entrada de migrantes desde Marruecos a fines de julio, Felipe VI tomó una iniciativa pública poco habitual. Habló con Sánchez, con los presidentes de Ceuta y Melilla y posteriormente con Alberto Núñez Feijóo. El 1º de agosto, Zarzuela difundió además un mensaje en el que el monarca expresaba su “preocupación e indignación” por lo sucedido y reclamaba que el Estado adoptara las medidas necesarias para garantizar la seguridad de las dos ciudades autónomas.

No era una rebelión del Palacio Real, por supuesto. Pero el tono era más rotundo que el que durante buena parte de la crisis había empleado el gobierno respecto de Marruecos.

Ahí reside una de las claves del nuevo cortocircuito. Sánchez ha intentado preservar con extraordinario cuidado su relación con Rabat y ha descartado públicamente que el gobierno marroquí estuviera detrás de la avalancha, mientras un informe policial conocido ahora apunta precisamente a una posible implicación de Marruecos.

Una visita de Felipe VI a Ceuta sería cualquier cosa menos turística. Juan Carlos I sólo estuvo allí como Rey en 2007 y Marruecos reaccionó airadamente. La presencia del jefe del Estado en un territorio cuya soberanía Rabat cuestiona históricamente constituye por sí misma un mensaje político.

Por eso la visita debe ser coordinada entre el gobierno y la Casa Real. La Constitución define al Rey como jefe del Estado y máximo representante de España en las relaciones internacionales, pero sus actos están sometidos al sistema de refrendo: el monarca reina, representa y simboliza; quien responde políticamente es el gobierno.

Lo que resulta menos elegante es convertir públicamente esa coordinación en una especie de recordatorio presidencial de que Felipe VI todavía no fue y ahora deberá ir.

El PP lo interpretó inmediatamente así. Su portavoz parlamentaria, Ester Muñoz, acusó a Sánchez de estar todavía “escocido” con el Rey y de arrastrar “ciertos complejos” desde Paiporta. Es, naturalmente, una valoración partidaria y no un hecho comprobable. Pero puso sobre la mesa el episodio que probablemente más daño hizo a la relación entre ambos.

El barro de Paiporta

El 3 de noviembre de 2024 los Reyes, Sánchez y el entonces presidente valenciano Carlos Mazón visitaron Paiporta, devastada por la DANA.

La comitiva fue recibida con insultos, barro y lanzamiento de objetos. Los servicios de seguridad evacuaron rápidamente a Sánchez después de que un objeto pasara cerca de él. Felipe VI y Letizia, en cambio, permanecieron en el lugar, cubiertos de barro, hablando durante largo rato con vecinos enfurecidos.

Desde el punto de vista estrictamente policial, no hay nada reprochable en que un equipo de seguridad retire al presidente cuando entiende que existe riesgo físico. Y tampoco puede afirmarse seriamente que Sánchez “huyera” por decisión personal mientras el Rey heroicamente desobedecía a todo el mundo.

Pero la política también está hecha de imágenes.

Y aquella fue demoledora.

El presidente abandonaba la escena; el Rey se quedaba. Sánchez desaparecía rodeado de escoltas; Felipe VI escuchaba insultos cubierto de barro y trataba de contener a vecinos desesperados.

La fotografía hizo el resto.

El País informó después que la visita había sido impulsada por la Casa Real y que en el gobierno existían dudas sobre si era oportuno acudir en ese momento, aunque Zarzuela subrayó que nada se había hecho contra el criterio del Ejecutivo y que el acto había sido coordinado entre las instituciones.

Desde entonces han aparecido repetidamente informaciones que describen un deterioro personal entre Sánchez y Felipe VI. Algunas van bastante más lejos de lo que puede demostrarse y hablan directamente de una relación “rota”. Lo comprobable es más modesto, pero suficiente: desde Paiporta los desencuentros han sido más visibles y varias fuentes próximas tanto al gobierno como a la Corona han reconocido fricciones. Incluso El País señalaba a comienzos de este año que las relaciones entre Moncloa y Zarzuela “no son las mejores”, apuntando especialmente al episodio valenciano.

Notre Dame: un “malentendido” bastante elocuente

Un mes después llegó otra chispa.

Felipe VI y Letizia fueron invitados a la reapertura de Notre Dame en París, convertida en una gran cita internacional con decenas de dirigentes mundiales. No asistieron. España tampoco envió finalmente una representación política de primer nivel.

El Ministerio de Asuntos Exteriores dejó trascender su malestar porque, según sus fuentes, se había enterado por la prensa de que los Reyes habían recibido la invitación y la habían declinado. Algunas voces de Exteriores agregaron que no era la primera vez que tenían problemas de coordinación con la Casa Real.

Zarzuela y el ministro José Manuel Albares terminaron rebajándolo todo a un “malentendido”. La Casa Real explicó que la ausencia obedecía a razones de agenda y que los Reyes estaban preparando una visita de Estado a Italia.

Otro malentendido resuelto. Otra relación excelente que necesitaba ser reparada públicamente.

Franco tampoco ayudó

En enero de 2025 volvió a haber ruido cuando Felipe VI decidió no asistir al acto inaugural del programa España en libertad, con el que Sánchez conmemoraba los 50 años de la muerte de Francisco Franco.

La explicación oficial fue perfectamente razonable: coincidía con la recepción de cartas credenciales de varios embajadores, una ceremonia programada con mucha antelación. Además, Zarzuela confirmó que el Rey participaría en otras actividades vinculadas a la conmemoración y tanto Moncloa como la Casa Real aseguraron que existía “sintonía total”.

Sin embargo, El País constató malestar en sectores socialistas, donde la ausencia fue interpretada como una voluntad de Felipe VI de evitar verse asociado a una iniciativa que el PP y Vox rechazaban.

Nada concluyente por sí solo. Pero otra pieza en el álbum.

Una convivencia inevitable

Felipe VI tiene un problema que también es su principal obligación constitucional: no puede pelearse públicamente con Pedro Sánchez.

Y Sánchez tiene otro: tampoco puede permitirse una pelea abierta con un monarca cuya valoración social, especialmente en momentos de crisis como Paiporta, puede superar ampliamente la suya.

El Rey debe mantener una neutralidad extrema. Puede sugerir, advertir y conversar en privado durante sus despachos con el presidente; no puede convertirse en líder de una oposición institucional. Sánchez, por su parte, dispone de prácticamente toda la capacidad política efectiva, pero debe recordar que la Corona no es un ministerio más de su gabinete.

Ahí aparecen los cortocircuitos.

No parece haber una conspiración palaciega contra Sánchez ni una guerra declarada entre Zarzuela y Moncloa. Hay algo más prosaico: dos hombres de personalidades muy diferentes, colocados por el sistema constitucional en una relación obligatoria, que han atravesado episodios en los que sus intereses, sus tiempos y hasta sus imágenes públicas no coincidieron.

Paiporta fue probablemente el punto de inflexión porque produjo algo que ningún gabinete de comunicación podía corregir: una comparación visual inmediata entre ambos.

Ceuta recupera ahora aquella tensión bajo otra forma.

Sánchez quiso demostrar que controla la situación y anunció la futura visita del Rey. Zarzuela no lo contradijo. El gobierno insiste en que todo está perfectamente coordinado. Felipe VI guarda silencio.

Formalmente, entonces, no pasa nada.

Y seguramente esa sea la frase que mejor permite sospechar que pasa algo.



Los cursos de género: expectativas y realidades
Una extraña fotografía
Julio María Sanguinetti
La Semana
Sanguinetti y Cohen en Feria Internacional del libro de San José
Manuel Herrera y Obes: victoria colorada en la Guerra Grande
Henrique Cymerman: "Hablar de genocidio empieza a ser una caricatura de la realidad" (Segunda y última parte)
Trabajar menos exige producir más
Una economía prácticamente vegetativa
Dos votos, un Pacha y un Castillo lleno de sospechas
Que gobierne la excusación
El vergonzoso fracaso de una revolución
Luis Hierro López
La erosión democrática que Clara López no ve
Santiago Torres
INALE y el siempre cuestionado financiamiento de la institucionalidad agropecuaria
Tomás Laguna
La demografía también es desarrollo
Fitzgerald Cantero Piali
Cómo perder una elección teniendo más votos: cuando el enemigo está en la propia Coalición
Juan Carlos Nogueira
Cuando el delito desafía al Estado
Angelina Rios
Todos rotos y además online
Eduardo Irigoyen García
Lo que el Estado no vio venir (porque no estaba mirando)
Marcela Pérez Pascual
Montevideo sucia por partes
Alicia Quagliata Rienzi
Nostalgia con gomina (y otras glorias de la época)
Susana Toricez
Militar por Lula o la épica del voto ajeno
Paraguay pone la carga y Uruguay debe poner la certeza
El petróleo venezolano: un acuerdo gigantesco envuelto en opacidad
Trump y la tentación de castigar al periodismo
Entre el barro y Ceuta: los cortocircuitos entre Sánchez y Felipe VI
Cuando la guerra empieza a pesar en casa
Patria o muerte... salvo que haya casa en Galicia
Ceuta: cuando el relato tropieza con los hechos
Frases Célebres 1096
Así si, Así no
ENTRE DICHOS
Inicio - Con Firma - Ediciones Anteriores - Staff Facebook
Copyright © 2024 Correo de los Viernes.