Edición Nº 1072 - Viernes 13 de marzo de 2026

El voto que el alma pronuncia...

Edición Nº 1001 - Viernes 2 de agosto de 2024. Lectura: 4'

Por Julio María Sanguinetti

Cuando el plebiscito de 1980, resultó inolvidable la escena de nuestra televisión entrando a la histórica escuela Elbio Fernández y registrando los primeros votos que salían de las urnas. Había varias mesas y en pocos minutos quedó claro que el No venía alcanzando la mayoría. Algunas sospechas de fraude, que todavía flotaban como una posibilidad, en ese mismo instante quedaron aventadas.

Eso no pudo ser este domingo pasado en Venezuela, porque a los lugares de votación no entraba nadie. En nuestro caso, incluso se nos había asegurado, además, que se nos entregaría la llamada “cuarta acta”, pero la denuncia de un presunto complot por un General, había dejado una sensación preocupante. El periodismo cumplía su rol protector de todas las garantías institucionales.

Naturalmente, todo esto no sorprende. Que Venezuela es una dictadura lo sabemos desde hace rato. Incluso cuando nuestra última elección la señalábamos como el test ácido de la calidad democrática. El proceso vivido ahora nos había mostrado una cierta luz al final del túnel, pese a todos los actos arbitrarios y lesivos de la institucionalidad democrática. Se descalificó a la líder de la oposición María Corina Machado, se descalificó a su posible sucesora y finalmente se aceptó a regañadientes a un ex diplomático, el Dr. Edmundo González Urrutia, sin trayectoria política previa. Se apresaban dirigentes, se amenazaba a funcionarios. No se dejaba entrar a Venezuela a ex presidentes democráticos y se llegó a “desinvitar” a Alberto Fernández, compañero de ruta hasta el momento. Hasta se llegó a cerrar bares y restaurantes por el delito de haber atendido al candidato opositor en su gira… Por supuesto, Maduro decía que cumpliría el mandato popular, pero Diosdado Cabello, sin reticencias, afirmaba que la oposición “jamás” gobernaría Venezuela. En fin, nada debiera llevar a una expectativa positiva, pero los días pasaban y eso iba haciendo cada vez más compleja la ominosa tarea del fraude. Queríamos creer que no ocurriría lo inevitable, pero ocurrió.

La reacción internacional ha sido la esperada. Los regímenes autoritarios, desde Putin a Ortega, de inmediato felicitando a Maduro. Las democracias, como las europeas y nosotros, claramente condenando el episodio y aceptando las clarísimas pruebas que presenta la oposición. En el medio, en expectativa, gobiernos importantes, que asumen una actitud de espera. México ya se sabe que aceptará el resultado porque anuncia que respetará lo que diga la oficialista autoridad electoral. Brasil es la incógnita, porque si bien Lula había tomado distancia de las arbitrariedades que viciaban en sustancia el proceso electoral, su política exterior sigue cerca de los viejos tiempos de la guerra fría y los figurines envejecidos del “antiimperialismo”. Pese a que su Presidente ha dicho que el problema se soluciona “presentando las actas”, Brasil se abstuvo de votar en la OEA una resolución para instar a Venezuela “a que publique inmediatamente los resultados de la votación” y “se lleve a cabo una verificación integral de los resultados” en presencia de observadores internacionales independientes “para garantizar la transparencia, la credibilidad y la legitimidad de los resultados electorales”.

Lo que resulta realmente inexplicable, hundido en el ridículo, es la actitud de los compatriotas frentistas que han vuelto a los viejos tiempos de la “lengua de madera”, cuando viajaban a Moscú y narraban las maravillas de la “otra” forma de libertad, maravillosa, que allí se disfrutaba…. El MLN, que todavía existe e integra el Frente Amplio, se lanzó a festejar no bien Maduro proclamó su victoria. Un dirigente comunista uruguayo, de los que fueron de “observadores”, llega a decir que el sistema electoral es mejor que el nuestro, aludiendo probablemente a la tecnología digital que ha facilitado este fraude. Pese a que este se ha hecho evidente a través de las actas que se lograron reunir por la oposición y que son aproximadamente el 70%. En ellas, el resultado es abrumador en favor del Dr. Edmundo González Urrutia.

Más allá de sus “observadores” en el lugar de los hechos, la dirigencia frentista está ante una compleja situación. No saben cómo hacer. La mayoría sabe que la dictadura es desembozada y que la sola campaña configuraba ya un fraude. Ninguno aceptaría aquí lo que ha tenido que soportar la valerosa oposición venezolana para seguir adelante e intentar lo que fuera posible. Están encerrados entre una realidad ostensible y ese alineamiento automático que los pone de cualquier lado no bien estén los EE.UU. del otro. Como les pasa con los terroristas de Hamás y Hezbolá, las organizaciones más retrógradas de nuestro mundo contemporáneo, a las que terminan convalidando en nombre de una defensa del pueblo palestino, que es -al igual que el israelí- víctima de su cruel despotismo.

Venezuela vuelve a ser la divisoria de las aguas. De un lado los demócratas. Del otro los que dicen serlo pero en el fondo, su viejo sueño marxista los mantiene como creyentes de esa religión fracasada. El “voto que el alma pronuncia” no es lo suyo. En lo íntimo, es así. Más allá de acomodos oportunistas para no lucir tan vergonzosamente ante la opinión pública...



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