El que las hace, las paga
Edición Nº 1105 - Viernes 6 de noviembre de 2026. Lectura: 2'
Por Luis Hierro López
La derrota parcial de Trump era previsible. Estados Unidos da otra lección de buen criterio y de un sano ejercicio de los controles democráticos.
Trump tiene su merecido. Atentó contra las bases democráticas y contra las leyes, creyéndose un dios con minúscula que podía, como un sheriff prepotente, llevarse todo por delante. Ninguna de sus grandes iniciativas ha culminado con éxito. Ni sus guerras comerciales ni sus imaginarias declaraciones de paz, ni su enfrentamiento con Irán. Todo está en un proceso confuso y arrebatado.
Atentó contra resoluciones de la Justicia de su país, lo que en Estados Unidos es una especie de traición. Violó resueltamente varios tratados de libre comercio. Tuvo las increíbles fantasías de quedarse con Groenlandia, con Canadá y con el Mar Caribe, en excesos que podrían haber provocado su internación en un hospital psiquiátrico. Esas amenazas no pasaron de bravuconadas, pero en todo caso envilecieron las negociaciones internacionales.
Abandonó a Ucrania y coqueteó con Putin, en un maridazgo rotundamente infiel. Y fue un presidente grosero, matón, maleducado y, para colmo, ineficiente.
Pero Estados Unidos es más grande que Trump. Y esa es la lección que debemos extraer de esta contienda de medio término, que le permite a ese país recuperarse de la pesadilla. Trump es un populista, es decir, alguien que llega al poder y que está dispuesto a pasar por arriba de los controles constitucionales, de las normas y de los consensos, con tal de obtener sus resultados preferidos. Eso ocurre a la derecha y a la izquierda y el único remedio existente es la vigencia de los procedimientos republicanos, lo que, por enormes mayorías, la población de Estados Unidos ha recompuesto.
Los ciudadanos que votaron el martes pasado quizás no lo hicieron sólo por estos principios. Trump no pudo dominar la inflación, aumentó mucho el gasto militar postergando la atención a otras necesidades, agrandó las grietas y no pudo resolver varios de los problemas de la vida cotidiana, por lo que muchos electores pudieron haber votado como reacción ante estos desafíos diarios. Pero tampoco puede haber dudas de que muchos otros electores sufragaron cansados de las tropelías de un excéntrico personaje que se creyó ser el héroe solitario de los "cowboys", el muchachito de la película que Hollywood cultivó durante décadas. El personalismo extremo, ese que el multimillonario presidente personifica, lleva a esas transfiguraciones supuestamente heroicas que terminan en el barro.
Se abre ahora un nuevo tiempo, aunque Trump mantendrá parte de su poderío en la política exterior. Seguirá habiendo improvisaciones, amenazas y protagonismos exacerbados, pero sin duda la situación ha variado favorablemente. Los dirigentes demócratas deberán demostrar que representan la sensatez y la moderación, en vez de dejarse envolver por fantasías woke y novelerías progre. Pero en todo caso, la democracia respira un poco más en estos días, lo que no ocurre en otros lados del mundo, como Rusia, Cuba e Irán.
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