Edición Nº 1082 - Viernes 15 de mayo de 2026

El pulpo militar que devora a Cuba

Viernes 15 de mayo de 2026. Lectura: 4'

Mientras millones de cubanos sobreviven entre apagones, hambre y hospitales colapsados, el conglomerado militar GAESA concentra buena parte de la riqueza de la isla bajo control de la élite del Partido Comunista y las Fuerzas Armadas. La nueva ofensiva de sanciones de Estados Unidos vuelve a poner bajo la lupa a la estructura económica más opaca y poderosa de la dictadura cubana.

Mientras millones de cubanos sobreviven entre apagones, escasez de alimentos y hospitales sin insumos básicos, una estructura empresarial opaca vinculada a las Fuerzas Armadas y al aparato del Partido Comunista concentra buena parte de la riqueza de la isla. Su nombre es GAESA: Grupo de Administración Empresarial S.A. Un conglomerado militar convertido en el verdadero corazón económico de la dictadura cubana.

Lejos de la retórica revolucionaria sobre igualdad y sacrificio colectivo, GAESA funciona como una maquinaria de acumulación de poder y dinero para la élite gobernante, administrando hoteles, bancos, puertos, tiendas, remesas, inmobiliarias, aerolíneas y empresas financieras. Distintos análisis estiman que controla alrededor del 40% de la economía cubana.

La paradoja es brutal: mientras el régimen invoca el “bloqueo” estadounidense —en puridad un embargo parcial— para justificar la crisis humanitaria, una cúpula político-militar vive de un sistema empresarial privilegiado, hermético y prácticamente inmune a cualquier control ciudadano.

Un Estado dentro del Estado

GAESA fue creado por Raúl Castro durante el llamado “Período Especial”, tras la caída de la Unión Soviética. La idea original era garantizar recursos propios a las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Con el tiempo, sin embargo, el conglomerado se transformó en algo mucho más ambicioso: un Estado paralelo con capacidad financiera autónoma.

La organización llegó a estar dirigida por el general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, exyerno de Raúl Castro y uno de los hombres más poderosos del régimen hasta su muerte en 2022. Desde entonces, la estructura siguió expandiendo su influencia bajo control militar.

GAESA controla el grupo turístico Gaviota —el gigante hotelero de la isla—, cadenas comerciales, bancos, empresas inmobiliarias y las tiendas en moneda extranjera donde los cubanos deben pagar productos básicos a precios exorbitantes. También maneja buena parte de las remesas enviadas por familiares desde el exterior.

En otras palabras: la misma dictadura que condena el capitalismo ha construido una oligarquía militar que monopoliza las divisas y los sectores rentables de la economía.

Hoteles de lujo en un país que se derrumba

Uno de los aspectos más obscenos del modelo GAESA es la obsesión del régimen con la construcción hotelera incluso en medio del colapso social.

Mientras los cubanos padecen cortes de electricidad de hasta 20 horas, falta de medicamentos y deterioro alimentario, el gobierno continúa invirtiendo millones en hoteles de lujo administrados por el conglomerado militar.

El símbolo de esa desconexión entre la élite y la población es la gigantesca torre K23 en La Habana, un proyecto turístico impulsado por GAESA que se levanta sobre una capital cada vez más deteriorada. Para muchos cubanos, la imagen resume el cinismo del régimen: rascacielos para turistas extranjeros mientras los ciudadanos comunes hacen filas interminables para conseguir pan o antibióticos.

La estructura además opera con niveles de secretismo impropios incluso para estándares autoritarios. Diversos informes sostienen que GAESA evade mecanismos normales de auditoría estatal y administra recursos fuera del presupuesto público.

La nueva ofensiva de Washington

En las últimas semanas, la administración de Donald Trump endureció significativamente las sanciones contra el conglomerado militar cubano.

El Departamento del Tesoro estadounidense anunció nuevas medidas dirigidas específicamente contra GAESA y contra empresas asociadas al aparato económico-militar de la isla.

El secretario de Estado Marco Rubio sostuvo que los ingresos generados por GAESA “no benefician al pueblo cubano”, sino a la cúpula del régimen y sus mecanismos de represión.

Las sanciones buscan dificultar el acceso del conglomerado a inversiones, financiamiento y operaciones internacionales. Entre las consecuencias inmediatas apareció la decisión de la canadiense Sherritt International de retirarse de una empresa mixta vinculada al níquel cubano tras décadas de actividad en la isla.
Washington considera que atacar a GAESA equivale a golpear el verdadero centro de gravedad económico de la dictadura.

La revolución de los privilegiados

El discurso oficial cubano sigue presentando al régimen como defensor de los humildes frente al imperialismo. Pero la realidad económica muestra otra cosa: una nomenklatura militar y partidaria que controla dólares, turismo, importaciones y negocios estratégicos mientras la población se hunde en la precariedad.

El modelo GAESA expone la transformación del castrismo en un capitalismo oligárquico administrado por uniformados y burócratas del Partido Comunista. No existe libre mercado para los ciudadanos comunes, pero sí privilegios empresariales gigantescos para la élite gobernante.

En Cuba, el ciudadano no puede crear riqueza libremente, pero los generales sí pueden administrar hoteles cinco estrellas, bancos y conglomerados multimillonarios.

El resultado está a la vista: emigración masiva, infraestructura colapsada, hospitales sin recursos, salarios pulverizados y una población cada vez más desesperada. Mientras tanto, la casta gobernante continúa aferrada a un sistema que concentra poder económico y político en las mismas manos.

GAESA no es una anomalía del régimen cubano. Es su esencia. Un aparato militar-empresarial que convirtió la revolución en un negocio privado sostenido sobre la pobreza de todo un pueblo.



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