Uruguay mantiene el liderazgo regional en el Índice de Percepción de la Corrupción, pero la caída de tres puntos advierte que la fortaleza institucional no es irreversible.
La última edición del Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) 2025, elaborado por Transparencia Internacional, confirma una tendencia inquietante: la lucha contra la corrupción no solo está estancada en buena parte del mundo, sino que incluso democracias consolidadas muestran señales de deterioro.
A nivel global, el promedio mundial cayó a 42 puntos sobre 100, la primera baja en más de una década, según datos recogidos por medios internacionales . Dinamarca (89), Finlandia (88) y Singapur (84) lideran el ranking, pero 122 de los 182 países evaluados obtienen menos de 50 puntos, lo que indica niveles preocupantes de corrupción . El informe advierte, además, sobre una tendencia de debilitamiento institucional y reducción del espacio cívico en distintas regiones.
América Latina: estancamiento y erosión democrática
En América Latina el diagnóstico es claro: no hay avances significativos. Según el informe, la región muestra un “estancamiento preocupante” en la lucha contra la corrupción . Venezuela, Nicaragua y Haití vuelven a ubicarse entre los peores puntajes del continente, mientras que Uruguay, Chile y Costa Rica lideran la región.
Transparencia Internacional alerta que la inacción sostenida ha permitido la expansión del crimen organizado y la erosión de las instituciones democráticas . La consejera regional Luciana Torchiano advirtió que las redes criminales están debilitando los sistemas institucionales en varios países . Incluso los países mejor posicionados “no son inmunes” a estos riesgos.
El mensaje es inequívoco: la corrupción no es solo un problema administrativo; es un factor estructural que compromete la calidad democrática, la seguridad y el desarrollo económico.
Uruguay: caída en puntaje, liderazgo regional
En ese contexto, Uruguay vuelve a destacarse como el país mejor evaluado de América Latina, con 73 puntos sobre 100 . Sin embargo, el dato no es linealmente positivo.
El país cayó tres puntos respecto a la edición anterior, descendiendo del puesto 13 al 17º lugar mundial . Además, dejó de ocupar el primer lugar en América, siendo superado por Canadá (75 puntos).
A pesar del retroceso, Uruguay mantiene una posición destacada: continúa por encima del umbral de 70 puntos —algo que no ha abandonado desde 2012— y sigue figurando entre las democracias menos afectadas por la corrupción en la región.
El informe reconoce que Uruguay ratifica su estatus como la democracia más sólida de América Latina . Pero también subraya que el país no está aislado de las dinámicas regionales, en particular del avance del crimen organizado y sus impactos en la violencia y la seguridad.
¿Qué significa esta caída?
Perder tres puntos no implica un colapso institucional. Sin embargo, en un índice donde la estabilidad es clave y donde los cambios suelen ser graduales, un retroceso sostenido puede ser una señal de alerta.
El IPC mide percepción de corrupción en el sector público a partir de múltiples fuentes especializadas, en una escala de 0 (muy corrupto) a 100 (muy limpio) . No es una medición judicial ni estadística de delitos, sino una evaluación de confianza institucional. Y en materia institucional, la percepción importa.
En el caso uruguayo, el retroceso ocurre en un contexto regional de deterioro y de creciente presión del crimen organizado, un fenómeno que ya ha impactado en la seguridad pública y en el sistema penitenciario . El desafío es claro: preservar la fortaleza institucional en un entorno adverso.
Una advertencia para el futuro
El IPC 2025 deja dos mensajes centrales.
Para el mundo, confirma que la corrupción sigue siendo un problema estructural y que incluso democracias consolidadas pueden retroceder si no fortalecen controles, independencia judicial y transparencia.
Para Uruguay, el informe es a la vez una validación y una advertencia. Validación, porque el país sigue liderando América Latina en estándares institucionales . Advertencia, porque la caída de tres puntos muestra que la reputación institucional no es irreversible ni automática.
Mantener la posición de liderazgo no dependerá solo de compararse favorablemente con los vecinos, sino de reforzar la independencia judicial, proteger el espacio cívico y blindar al Estado frente a la penetración del dinero ilícito, como recomienda Transparencia Internacional.
En un mundo donde el promedio global retrocede y donde la corrupción erosiona democracias desde dentro, Uruguay sigue siendo una excepción regional. Pero el mensaje del índice es claro: la transparencia no es un logro permanente; es una construcción que exige vigilancia constante.