Edición Nº 1100 - Viernes 2 de octubre de 2026

El legado de Andresito: de la aculturación misionera al mestizaje artiguista

Viernes 2 de octubre de 2026. Lectura: 11'

Por Gabriela y Roberto Pena Schneiter

La 32ª edición del Día del Patrimonio Cultural de la Nación tiene como consigna “Raíces Indígenas: pasado, presente y futuro”. Por esa razón, los autores reflexionan sobre esta idea política, transitando por algunos reconocimientos republicanos, el indigenismo frenteamplista y el aporte guaraní a través de la figura de Andresito.

El Día del Patrimonio Cultural de la Nación fue creado como forma de exaltar el sentimiento nacional hacia los valores que representa. Al ser la temática para este año sobre las raíces indígenas, que son representativas de una cultura en el proceso evolutivo de la formación histórica del Uruguay, hubiera sido interesante evocar a los indígenas guaraníes simbolizados en la figura de Andresito, como lo ha sugerido el doctor Julio María Sanguinetti, porque su legado sigue demostrando la pervivencia de los valores de Occidente en la nación. Pero, lamentablemente, el frenteamplismo no quiere exaltarlos y está tendiendo a socavar las bases fundamentales de la nacionalidad, para imponer un colectivismo que lleva inexorablemente al totalitarismo a través de su característica trampa ideológica de la sensiblería marxista.

Reconocimientos republicanos: libertad, integración y convivencia

El choque cultural en América dio paso a la civilización occidental; sin embargo, la cultura autóctona indígena —principalmente guaraní— ha dejado testimonios y ha sido reconocida a lo largo de los años. Entre los reconocimientos que ha hecho el país se encuentra el apoyo al Primer Congreso Americano de la Lengua Guaraní-Tupí a través de la Ley N° 12.300, de 16/08/1956, de la cual es interesante rememorar parte del mensaje inicial del Poder Ejecutivo, de 08/01/1949: “(…) nuestro país tiene un interés concreto e inmediato en el estudio de la lengua guaraní-tupí, determinado por la vasta y numerosísima nomenclatura toponímica de origen netamente guaraní vigente desde la época de la conquista y la colonia, como asimismo por la existencia de innumerables vocablos de indudable origen guaraní que sirven para la denominación de cosas y útiles de uso común o que se emplean en la nomenclatura de la fauna y la flora del Uruguay.” (42ª Sesión Ordinaria de la Cámara de Senadores, de 08/08/1956). Otros de los tantos reconocimientos están dados a través de la preservación de sitios arqueológicos y yacimientos paleontológicos indígenas, la prohibición de la salida del país de piezas raras o singulares encontradas allí, y por el hecho de que estas serán propiedad del Estado, pudiendo el Poder Ejecutivo darles el destino que considere más adecuado (artículos 14 y 15 de la Ley N° 14.040, de 20/10/1971, y artículo 9° del Decreto del Poder Ejecutivo N° 536/972, de 01/08/1972).

Los numerosos reconocimientos han demostrado a lo largo del tiempo el respeto que ha tenido la nación por los indígenas, como también lo ha tenido con otras manifestaciones culturales, estando todas ellas siempre enmarcadas en los valores de la civilización occidental, que es la esencia de la cultura uruguaya. Y esto ha sucedido porque en el país tradicionalmente se ha enaltecido, “(…) por encima de toda idea exclusivista de nacionalidad, la idea, más amplia y generosa, de la solidaridad humana. (…) recordando —de conformidad con el más hondo espíritu de liberalismo— que si la tolerancia es el complemento necesario de la libertad, la cultura es la forma propia de la tolerancia” (Rodríguez Monegal, E. 1967. José Enrique Rodó. Obras Completas, Segunda edición. Madrid: Aguilar S.A., págs. 1053 y 1054). Por estas razones, tanto don José Gervasio Artigas como don Fructuoso Rivera, basados en su reconocida magnanimidad y profundo humanismo, desde los albores de la Patria, siempre entendieron que culturalizar y civilizar a todas y cada una de las personas del pueblo oriental era primordial para su libertad, integración y convivencia en la incipiente sociedad criolla.

El indigenismo frenteamplista: otro velo colectivista para destruir la tradición liberal

A pesar de todos los reconocimientos a los indígenas, algunos actores de la sociedad han venido utilizando a los indios charrúas, a través de la tergiversación y el falseamiento de la historia, para intentar afectar el honor del precursor del Partido Colorado y, en consecuencia, las raíces del Partido nacidas del liberalismo constitucional.

Actualmente, en el ámbito político, este intento se manifiesta por medio de una operación embustera, descontextualizada, demagógica y de mala fe por parte de legisladores frenteamplistas que lo único que están logrando es un gran daño a la integración y convivencia nacional.

Toda esta operación posiblemente haya comenzado con la exposición oral del señor representante doctor Gonzalo Carámbula —uno de los protagonistas de la perjudicial transmutación cultural montevideana—, quien, refiriéndose a los charrúas y a partir de la lectura de una novela sobre “el tema del exterminio, el genocidio del pueblo charrúa”, que pretende asumir como una verdad histórica y trasmitir a las nuevas generaciones, señalaba que “increíblemente no existen antecedentes del planteo de este asunto en el Parlamento Nacional, ni en el Senado, ni en la Cámara de Representantes”, lo cual es obvio por tratarse justamente de una fábula. Y continuaba afirmando, de manera ofensiva, que “este exterminio se concretó a partir de una opción política muy decidida y que implicó matar, sin mayores sobresaltos ni remordimientos”, y todo esto fundamentado en que ahora se tiene “una dimensión más avanzada y más progresista de los valores de los derechos humanos y de su preservación.” (3ª Sesión Ordinaria de la Cámara de Representantes, de 05/04/1989).

Esta meticulosa operación frenteamplista prosigue hasta nuestros días a través de exposiciones de motivos, informes de comisiones parlamentarias y disertaciones de legisladores durante la aprobación de leyes sobre seudohomenajes charruistas —siendo la de mayor controversia la Ley N° 18.589, de 18/09/2009, por la cual se declara el 11 de abril de cada año “Día de la Nación Charrúa y de la Identidad Indígena”—, así como de exposiciones escritas y orales de representantes y senadores y de la resolución de la Comisión Nacional Honoraria de Sitios de Memoria del Pasado Reciente N° 36/2021, de 15/12/2021, que declara el Paso de Salsipuedes como sitio de memoria, el cual está claramente fuera del espíritu de la Ley N° 19.641, de 13/07/2018, más allá del refutable contenido de esta ley. Las intenciones de esta operación son de una profunda intolerancia y un hondo resentimiento, ya que no apuestan a lo que une a los uruguayos, sino a lo que los divide. Y en esta 32ª edición del Día del Patrimonio la operación queda camuflada bajo su consigna y potenciada con la Revista Día del Patrimonio 2026, en la cual muchos de sus artículos tienen un profundo e ilusorio sentimiento charruista.

Es inconcebible que se pretenda transformar hechos ocurridos en el siglo XIX en leyendas, puesto que don Fructuoso Rivera siempre actuó en el marco de la Constitución y la ley, y, fundamentalmente, con convicción, moral y concordia. Todo esto lo afirmó y proclamó en su discurso de asunción presidencial ante la Honorable Asamblea General, de 06/11/1830, cuando, entre otras cosas, manifestaba: “Contando, pues, con vuestras sabias deliberaciones, con vuestros saludables y con la cooperación de todos los Orientales, yo me resigno y acepto el mando supremo de la Nación, no porque me considere con la capacidad necesaria para promover su dicha y felicidad futura, sino porque siento en el fondo de mi corazón una disposición general hacia la fraternidad y unión de todos los miembros de esta gran familia. Empecemos por reconocer que lo pasado ya no existe sino como un recuerdo útil para mejorar lo futuro. El pueblo Oriental y su Constitución, esta será nuestra divisa; con ella seremos fuertes, con ella seremos invencibles”.

Toda la versión sectaria que se ha echado a correr sobre el general Rivera ofrece una visión errónea de su trascendental vida con respecto a los indígenas charrúas, ya que “(…) cuidó siempre de la mejor suerte de ellos, toleró con la mayor paciencia sus graves desmanes, y hasta cuando obligado por las insoportables consecuencias de sus mayores delitos, tuvo que recurrir a la fuerza para defender a la sociedad del pillaje y los sangrientos atentados de la barbarie de aquellos indígenas, sólo lo hizo hasta donde la necesidad de la lucha dejaba lugar para ser humana. Y después de ella dispuso la distribución de los sobrevivientes del combate que no emigraron, entre las familias acomodadas y de calidad que mejor trato podían darles.” (Vidal, Ángel H. 1932. La leyenda de la destrucción de los Charrúas por el general Fructuoso Rivera. Revista del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay. Montevideo. Tomo IX, pág. 171).

Andresito: símbolo del aporte guaraní para la pervivencia de los valores occidentales

Esta operación cizañera ha llevado a personalidades y legisladores del Partido Colorado, y a integrantes del Grupo Reivindicación de Rivera y los Republicanos, entre otros, a rescatar la verdad histórica a través de documentos fidedignos que demuestran la inalterable honorabilidad de don Fructuoso Rivera así como también la mayoritaria presencia guaraní y su significativo aporte en la conformación de la República. Por eso, el doctor Julio María Sanguinetti en uno de sus espléndidos artículos, Mitología charruista, ocultamiento guaraní (El País, 19/04/2026), destaca la importancia que han tenido tanto “la tradición guaraní y su mestizaje con la tradicional sociedad criolla” como la figura de Andresito, y sugiere, con sabiduría y atino, que “si la idea del Día del Patrimonio era en este año recordar nuestros orígenes indígenas, bien podría haberse simbolizado en su nombre, con ajuste a la real historia”.

A Andresito, al ser uno de los representantes de la lealtad y la defensa del ideario liberal artiguista —ideario impregnado de libertad, democracia y republicanismo—, el Parlamento le ha venido realizando homenajes de forma consensuada y de algunos de ellos se han recopilado cualidades de su personalidad. Por ejemplo, al crearse un parque adyacente al puerto de La Paloma (Ley N° 7.436, de 23/11/1921), en la discusión parlamentaria el doctor Pablo María Minelli, como proponente de su denominación, manifestaba: “Andresito fue aquel capitán de Artigas, aquel indio capitán, que surgido entre las sombras de la barbarie y del pasado, sintió como pocos en su alma rústica la inquietud de la luz y del porvenir; vivió con el puño en la espada, la frente en el ideal, y murió sin consuelos ni leyendas (…); recibió de manos del libertador el gobierno de una provincia argentina, asombró por la ponderación de sus actos y la firmeza de su carácter, levantó en masa a una muchedumbre, invadió el territorio enemigo, conquistó pueblos, sitió ciudades, distrajo a varios ejércitos adversarios y clavó, en pleno corazón de las Misiones Orientales, en una clara mañana, el pabellón de Artigas. Además, sus intentos no admitieron nunca la menor duda; respiraron siempre la mayor nobleza; su lenguaje dijo constantemente la bondad de su alma y (…) su tolerancia no fue nunca desmentida.” (38ª Sesión Ordinaria de la Cámara de Representantes, de 06/06/1921). Asimismo, al denominarse con su nombre una escuela del departamento de Rivera (Ley N° 19.141, de 11/10/2013), en el informe de la Comisión de Educación y Cultura, se manifestaba: “(…) indio guaraní, adhirió a la prédica de Artigas comandando huestes de valientes guaraníes (…), peleando en defensa del proyecto federal artiguista. Nacido (…) en un ambiente fuertemente influido por su origen jesuítico, fue adoptado bajo su protección por Artigas (…). Poseedor de vasta formación cultural, hablaba y escribía correctamente el castellano, el portugués y su nativo guaraní, destacándose por sus dotes como músico. (…) Su actuación al frente de las fuerzas artiguistas lo llevó a ser designado Comandante General de la Provincia de Misiones, instalando su sede en Candelaria en 1815, ejerciendo el gobierno en forma justa y correcta en el marco de la orientación política artiguista. Logró la recuperación de los pueblos misioneros allende el río Uruguay, que estaba en manos de los invasores portugueses. Luego ejerció la gobernación de Corrientes, en 1819, dentro del más estricto respeto a la ley.” (27ª Sesión Ordinaria de la Cámara de Representantes, de 02/07/2013).

Por todo lo expuesto, se concluye que en esta conmemoración del Día del Patrimonio Cultural de la Nación 2026 se ha perdido la posibilidad de evocar a los indígenas simbolizados en Andresito, lo que hubiera contribuido, por su legado, a preservar y difundir los valores del ideario liberal artiguista, y a seguir comprendiendo y profesando que su figura ha sido uno de los principales eslabones entre Artigas y Rivera para la constitución de la República Oriental del Uruguay. Porque el admirable y consecuente Artigas fue el precursor de la embrionaria nacionalidad, mientras que el sorprendente y pragmático Rivera fue su gestor al realizar “(…) el plan primitivo de Artigas: atacar al heredero de Portugal donde Artigas quiso atacar a Portugal mismo, en las Misiones Orientales, allá en el Norte, hacia la frontera del Paraguay, donde luchó y cayó Andresito, el gran Andresito.” (Zorrilla de San Martín, J. 1910. La Epopeya de Artigas. Montevideo: Barreiro y Ramos. Tomo II, pág. 380).



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