Edición Nº 1098 - Viernes 18 de setiembre de 2026

El fin de la deuda barata también llega a Uruguay

Edición Nº 1098 - Viernes 18 de setiembre de 2026. Lectura: 4'

Durante años, los gobiernos pudieron acumular deuda sin sentir demasiado su costo. Las tasas bajas hicieron soportables pasivos cada vez mayores. Ese mundo parece haberse terminado. Y aunque Uruguay llega mejor preparado que muchos otros países, tampoco puede escapar a las consecuencias.

La advertencia de la editora de The Economist, Zanny Minton Beddoes, es sencilla y bastante inquietante: la deuda pública mundial se encuentra en niveles extraordinariamente altos precisamente cuando los mercados de bonos empiezan a indicar que terminó la era del financiamiento barato para los gobiernos.

No es solamente una impresión. El Fondo Monetario Internacional calcula que la deuda pública mundial llegó a casi 94% del PIB en 2025 y, de mantenerse las tendencias actuales, alcanzará el 100% en 2029. Al mismo tiempo, los pagos de intereses pasaron en apenas cuatro años de alrededor del 2% a casi el 3% del PIB mundial.

Durante mucho tiempo, semejante acumulación resultó más fácil de sobrellevar porque los gobiernos podían refinanciar sus vencimientos a tasas ínfimas. Esa anomalía produjo incluso la ilusión de que el volumen de la deuda importaba menos mientras el costo de mantenerla fuera reducido.

Ese supuesto empieza a desaparecer.

La OCDE estima que los gobiernos de sus países miembros deberán tomar prestados unos US$ 18 billones durante 2026 y que cerca del 80% de ese financiamiento se utilizará simplemente para refinanciar deuda existente. Más importante todavía: una porción muy significativa de los bonos a tasa fija actualmente en circulación vence en los próximos años y las tasas de los títulos soberanos de largo plazo se encuentran claramente por encima de las que regían cuando buena parte de esa deuda fue emitida.

Ahí está el problema. La deuda vieja y barata va siendo sustituida, poco a poco, por deuda nueva y más cara.

Estados Unidos ofrece la dimensión más espectacular del fenómeno. La Oficina de Presupuesto del Congreso proyecta que el pago neto de intereses llegará este año a aproximadamente US$ 1 billón y seguirá aumentando hasta US$ 2,1 billones en 2036. Para entonces absorbería casi una quinta parte de todo el gasto federal. Y sus propias proyecciones sitúan el rendimiento del bono del Tesoro a diez años por encima del 4% durante prácticamente toda la próxima década.

The Economist va más lejos: advierte que, si las actuales tasas largas permanecen elevadas, el costo anual de intereses de Estados Unidos podría acercarse a triplicarse hacia el final de la década. No se trata necesariamente de una crisis inminente. Se trata de algo quizá más difícil políticamente: cada dólar adicional destinado al servicio de la deuda es un dólar que no puede gastarse sin más en defensa, pensiones, salud, infraestructura o cualquier otra prioridad.

¿Y Uruguay?

Uruguay llega a este cambio mundial en una posición bastante mejor que la de muchas economías emergentes.

A junio de 2026, el MEF informa que la deuda bruta del Gobierno Central equivalía al 61,2% del PIB y la deuda neta al 57,6%. Además, el 56,6% de la deuda ya estaba denominada en moneda local, solamente el 6,5% vencía dentro de los doce meses siguientes y la madurez promedio de la cartera era de unos doce años. Esa estructura amortigua considerablemente el impacto inmediato de una suba de las tasas internacionales.

También juega a favor el bajo riesgo país. Uruguay conserva grado inversor y durante 2026 alcanzó mínimos históricos en su diferencial EMBI.

Pero precisamente allí aparece una cifra que muestra por qué el país no es inmune.

En julio, Uruguay colocó deuda en dólares con vencimiento en 2037 a un rendimiento del 5,356%. La prima de riesgo uruguaya sobre el bono del Tesoro estadounidense comparable era de apenas 0,75 puntos porcentuales.

Es decir: Uruguay puede hacer casi todo bien y, aun así, pagar más de 5% en dólares, porque la mayor parte del costo ya no proviene del riesgo uruguayo, sino del precio internacional del dinero.

Si los bonos del Tesoro estadounidense permanecen caros, Uruguay puede mantener un spread reducido y ver igualmente aumentar el costo de las nuevas emisiones. No golpeará de inmediato todo el stock gracias al largo plazo de la deuda existente, pero irá filtrándose con cada nuevo déficit y cada vencimiento que deba refinanciarse.

Y no es una cuestión menor: para 2026 el Gobierno Central estimó necesidades brutas de financiamiento por US$ 6.889 millones, de las cuales unos US$ 2.906 millones corresponden a amortizaciones de deuda.

El fin del cheap government finance no significa, por tanto, que Uruguay esté al borde de una dificultad financiera. Significa algo más prosaico pero importante: endeudarse vuelve a tener un precio que no se puede ignorar.

Durante los años del dinero casi gratuito, podía discutirse cuánto gastar y dejar para después la discusión sobre cuánto costaba financiarlo. Si las tasas largas efectivamente han entrado en una etapa estructuralmente más elevada, ese lujo terminó.

También para Uruguay.



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