El eterno fuego de Hestia
Viernes 15 de mayo de 2026. Lectura: 9'
Por Gabriela y Roberto Pena Schneiter
Hoy, 15 de mayo, la ONU celebra el Día Internacional de las Familias, lo cual, conjuntamente con el feriado nacional de carácter tradicional del 25 de diciembre, el artículo 40 de la Constitución de la República y el libro 90 del doctor Julio María Sanguinetti, invitan a continuar reflexionando sobre el valor tradicional de la familia.
La costumbre se constituye en derecho
Por la reforma constitucional de 1918, en la Ley N° 6.997, de 23/10/1919, persiste como festividad el 25 de diciembre pero con el nombre de “Fiesta de la Familia”. Y en la discusión parlamentaria sobre este tema, el doctor José Salgado, como miembro informante de la Comisión de Legislación, expresaba: “(…) La Comisión entiende que no deben figurar en el nuevo Calendario fiestas por el simple carácter de ser antiguas fiestas religiosas; que si se incorporan a este proyecto de ley feriados como el del 6 de enero y el del 25 de diciembre, no es porque anteriormente hayan tenido el carácter de fiestas religiosas, sino por ser fiestas consagradas por la costumbre, que deben respetarse, porque a pesar de que la ley los declarara días de trabajo, seguramente la sociedad y la familia continuarían festejándolos, como lo han hecho hasta ahora. (…)” (102ª Sesión Ordinaria de la Cámara de Representantes, de 10/10/1919). Asimismo, cuando se reforma el régimen de feriados por el Decreto-Ley N° 9.000, de 27/04/1933, se mantiene el 25 de diciembre con su denominación, y cuando se reorganizan los feriados por el Decreto-Ley N° 14.977, de 14/12/1979, también se mantiene y se declara “feriado nacional de carácter tradicional”, pero se le quita su denominación. Esto último se infiere que fue a los efectos de unir a los uruguayos en una fecha tan especial y no generar divisiones o enfrentamientos, ya que la fecha también responde a un sentimiento muy respetable que comparte un buen sector de la sociedad. Es más, por su hondo significado tradicional ha quedado exceptuado del régimen de traslación de determinados feriados establecido por la Ley N° 16.805, de 24/12/1996, en la redacción dada por la Ley N° 17.414, de 08/11/2001.
Y todo esto se ha venido realizando porque, al decir del doctor Jorge Batlle, “(...) si hay algo que existe con fuerza y vigencia en la sociedad uruguaya, es un sentimiento auténtico y esencialmente laico, en cuanto laicidad significa, entre otras de sus muchas acepciones, el respeto de todos por el pensamiento de los demás y la libertad de poder decidir sin estar sujetos a ningún dogma o creencia que nos obligue a pensar de determinada manera o a actuar en función de ellos. Estamos libres y esa libertad que hemos adquirido es el fruto de la conducta de la sociedad uruguaya, no solamente a partir de la reforma de la Constitución del 30 sino de los últimos 150 años” (12ª Sesión Ordinaria –Extraordinaria– de la Cámara de Senadores, de 14/05/1987). Por lo tanto, se cree que el mantenimiento de la festividad del 25 de diciembre ha sido acertado porque es una fecha de un fuerte arraigo y porque, por lo general, se conmemora en familia. De ese Estado laico, con esas reuniones familiares, se fue desarrollando, entre otras tantas cosas, una de las más dignas tradiciones nacionales de convivencia, respeto y aceptación de sus integrantes, intra y extrafamiliar: la tolerancia.
La familia adquiere rango constitucional
Para el general José Gervasio Artigas, de acuerdo con lo expresado por el doctor Juan Zorrilla de San Martín en La Epopeya de Artigas, “un estado es, ante todo y sobre todo, un conjunto de hombres, o, más bien, de familias (…)” (Zorrilla de San Martín, 1910, págs. 361 y 362). Por eso, en la Constitución de la República de 1934, entre otras disposiciones sobre la familia, se dispuso en su artículo 39 que “el Estado velará por el fomento social de la familia”. Este artículo es modificado por el artículo 40 de la Constitución de 1967, que establece: “La familia es la base de nuestra sociedad. El Estado velará por su estabilidad moral y material, para la mejor formación de los hijos dentro de la sociedad”. En una de sus brillantes disertaciones, el doctor Julio María Sanguinetti, como representante nacional ante la Asamblea General, en aquel debate histórico en el que defendió el proyecto de reforma de la Constitución de la República, expresaba sobre la mencionada modificación: “Debemos afianzar (…) el concepto de que la familia es la base de nuestra sociedad, con lo cual establecemos un principio de organización de Estado, como síntesis de una sociedad que se base en esos principios originales de la vida de relación, imponiéndole al Estado la obligación de velar por la estabilidad moral y material de ese núcleo primario y fundamental de la organización social, al cual queremos defender para la mejor formación de los hijos dentro de esa misma sociedad” (253ª Sesión Ordinaria –Extraordinaria– de la Asamblea General, de 18/08/1966). Con respecto a este artículo, el doctor Jorge Batlle, en su discurso de asunción presidencial, expresaba: “(…) en oportunidad de participar en la reforma de la Constitución de 1966, pude contribuir a incluir en su texto algunas disposiciones, una de las cuales para mí es fundamental. La misma tiene que ver con la familia (…)”. Y al citar el mencionado artículo 40 continuaba diciendo: “Ello quiere decir, en buen romance, que en la vida vale más el ‘ser’ que el ‘tener’, representado el ‘ser’ por los valores morales, éticos y de conducta, que se aprenden, antes que en ningún otro lugar, en el regazo de la madre, en el seno de la familia y en la escuela, porque ésta es nuestro segundo hogar y seguirá siéndolo por siempre en este país. Toda política social tiene, pues, por finalidad vigorizar a la familia, a la familia uruguaya, porque haciéndolo se asientan los valores a los cuales está sujeta nuestra civilización (…)” (3ª Sesión solemne de la Asamblea General, de 01/03/2000).
La Familia y el Estado: entre la responsabilidad y la protección
Por esas razones constitucionales, la derogada Ley de Enseñanza N° 14.101, de 04/01/1973, establecía en sus artículos 11 y 12 que serían cometidos de la Educación Primaria y de la Secundaria Básica “exaltar los valores de la familia” y “desarrollar los fundamentos de una educación familiar (…)”, porque, en definitiva, para los niños y adolescentes “la vida familiar es el ámbito adecuado para el mejor logro de la protección integral” (artículo 12, Ley N° 17.823, de 07/09/2004, Código de la niñez y la adolescencia). Con relación a la importancia de ese ámbito adecuado, se rememoran algunas palabras del doctor José María Aznar: “La familia es una de las mayores garantías de solidez, de cohesión y de solidaridad en cualquier sociedad. (…) En los malos momentos, sobre todo en los momentos en que la economía no avanzaba, la familia fue un factor de ayuda extraordinario para enfrentarse al desempleo y tener la oportunidad de volver a salir adelante. (…) no (…) deberíamos tener miedo a hablar de la importancia y del fundamento de la familia. Evidentemente, hay que estar abierto a las nuevas realidades sociales. No se puede ignorar que hay situaciones que no se daban hasta ahora. (…) La propia familia parece más frágil y más inestable que antes. Pero, por eso mismo, porque hay nuevas situaciones y nuevos problemas, estoy convencido de que vale la pena defender con claridad los principios en los que se basa la familia. (…) Al tratar la familia, hay que tener siempre en cuenta que se está manejando una cuestión que entraña un concepto de valor, un principio moral. Ése es el fondo del asunto. Por eso, aunque sean necesarias las ayudas y las desgravaciones, no hay que reducirlo todo a ese campo. La familia pone en juego y requiere valores que están por encima de lo exclusivamente económico. La responsabilidad familiar no se puede delegar en nadie y menos aún se puede traspasar al Estado. Los padres han de ejercer la responsabilidad que les corresponde si quieren que los hijos les respeten. (…) La familia, con todo lo que entraña de ejercicio de la responsabilidad y de aprendizaje del respeto, es uno de los fundamentos del ejercicio de la libertad. De hecho, la familia es la institución que asegura la transmisión y la pervivencia de las virtudes cívicas básicas.” (Aznar, J. M. 2004. Ocho Años de Gobierno. Una Visión Personal de España, Primera edición. Buenos Aires: Editorial Planeta. Págs. 16 a 18).
Y retomando el cometido que ha tenido el Estado para el cuidado y preservación de la familia a través de la historia, se comprueba que ha fomentado infinidad de políticas sociales, centradas o no en la familia, con el objeto de fortalecer, promover y garantizar su desarrollo integral, y ha coordinado actividades de distintas instituciones con ese objetivo, así como también ha hecho hincapié en el rol fundamental que tiene la mujer en la familia. Sobre esto último, ya lo advertía don José Enrique Rodó cuando afirmaba –con referencia a las horas de trabajo– que a la mujer se le debía reservar tiempo suficiente en el hogar “para formar y mantener la sagrada unidad de la familia, piedra sobre la que descansan toda moralidad y todo orden social” (Rodríguez Monegal, E. 1967. José Enrique Rodó. Obras Completas, Segunda edición. Madrid: Aguilar S.A. Pág. 679). No obstante, y entendiendo que existen diversos conceptos de la familia en otros sistemas sociales, culturales o políticos, se cree que con la retrógrada ideología marxista-frenteamplista en el país se han venido implementando políticas que no son parte de su idiosincrasia, las cuales han provocado que lo anormal se vea como normal.
90 años en familia
Después de haber leído el emocionante libro 90 del doctor Julio María Sanguinetti, en el que da un pantallazo de los principales momentos de su vida, que no es otra cosa que haberse entregado al servicio de la República, también se visualiza algo tan o más importante que su legado político y periodístico: el valor tradicional de la familia. Él mismo expresa en la presentación del libro que en su vida “la familia ha sido el pilar. Y la devoción republicana el aliento permanente para seguir escribiendo, hablando y discutiendo.” (90, Correo de los Viernes, Edición N° 1078, de 24/04/2026). Y en el propio libro expresa: “En la vida de todo político la familia ocupa siempre un rol relevante. Sea por su presencia o, a la inversa, por su ausencia, cuando ella no está. De un modo o del otro, es siempre influyente.” (Sanguinetti, 2026, pág. 171).
Por todo lo expresado, se concluye que la familia ha sido, es y seguirá siendo la responsable de crear las mejores condiciones ambientales posibles para los hijos, pero también ha consolidado a través de la historia del país la prevalencia de los principios y valores de la tradición liberal, democrática y republicana, nacidos del ideario artiguista e inmortalizados por el doctor Julio María Sanguinetti en su libro 90.
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