Edición Nº 1101 - Viernes 9 de octubre de 2026

El día que Israel no olvidará

Edición Nº 1101 - Viernes 9 de octubre de 2026. Lectura: 6'

Por Raúl Roca

Tres años después de la matanza de Hamás, Israel se detuvo para recordar a sus muertos. En el kibutz Reim y en Tel Aviv, las familias y los supervivientes compartieron una noche de homenaje. El regreso de los rehenes cambió este aniversario, pero no borró las consecuencias de aquel día.

A las 18:29 del miércoles 7, la música volvió a sonar en Reim, en el mismo lugar donde quedó interrumpida aquella mañana de octubre de 2023. No fue una fiesta. Fue un homenaje.

La hora no era casual. Las 18:29 evocan, doce horas después, las 6:29 de aquella mañana en la que comenzó el ataque terrorista. A esa hora, la comunidad del festival Nova volvió a encontrarse allí donde cientos de jóvenes habían llegado para bailar y escuchar música al amanecer y donde, poco después, la celebración se convirtió en tragedia.

Unas tres horas más tarde, a las 21:15, otro homenaje reunió en el parque Yarkon de Tel Aviv a familiares, sobrevivientes y ciudadanos. Dos escenarios y una misma fecha. El calendario ha avanzado tres años, pero para quienes vivieron aquella jornada la distancia respecto del pasado no es fácil de medir.

El gobierno había celebrado su ceremonia el día 5 en el cementerio militar del monte Herzl, en Jerusalén, de acuerdo con la conmemoración oficial vinculada al calendario hebreo. Las familias escogieron, en cambio, el 7 de octubre, la fecha que quedó grabada en la historia reciente de Israel.

El ataque de Hamás dejó 1.192 muertos y 251 personas secuestradas y trasladadas a Gaza. Los atacantes entraron en kibutzim -comunidades- del sur de Israel, en viviendas familiares y en el festival musical Nova, matando y secuestrando sin piedad ni límite. Los hermanos Kfir, de nueve meses, y Ariel, de cuatro años, fueron asesinados junto a su madre, Shiri Bibas. Su caso fue uno entre cientos de ejemplos de la crueldad ejercida aquel día. En 2025, los asesinos fueron eliminados por la unidad de élite Nili, creada especialmente para ubicar a todos los terroristas que asesinaron israelíes y turistas el 7 de octubre. De los 6.000 que ingresaron, unos 4.000 ya fueron eliminados.

Human Rights Watch documentó asesinatos deliberados de civiles y toma de rehenes, entre otros crímenes contra la humanidad. Detrás de las cifras había personas que estaban desayunando en sus casas, padres que intentaron proteger a sus hijos y jóvenes que habían acudido a bailar y escuchar música. Muchos salvaron otras vidas y perdieron la suya en actos de heroísmo.

Donde todo se detuvo

Este tercer aniversario tuvo una diferencia decisiva respecto a los anteriores. Los últimos veinte rehenes vivos regresaron en octubre de 2025. Once de ellos habían sido secuestrados en Nova. Por primera vez, la comunidad pudo reunirse con algunos de quienes permanecieron secuestrados durante meses. Hasta hace poco parecía imposible. Pero el regreso tampoco devuelve las cosas a su punto de partida. Quienes vuelven traen consigo la experiencia del cautiverio y deben afrontar una vida que siguió adelante mientras ellos estaban ausentes.

"Volvemos al lugar donde todo se detuvo", explicó a The Times of Israel Reef Peretz, director de la Comunidad Tribu Nova. Era, según señaló, la primera ocasión desde el ataque en la que podían encontrarse todos juntos los familiares de las víctimas y quienes regresaron del cautiverio. La asociación acompaña actualmente a unas 15.000 personas entre supervivientes y familias.

Durante meses, los que volvieron vivos tuvieron que recordar a quienes no regresaron. Ahora algunos de aquellos rostros que aparecían en fotografías y campañas por su liberación estaban físicamente presentes. Otros viven en el recuerdo de sus seres queridos. Quizás en el olam haba —mundo venidero—, el reino espiritual en el que cree el judaísmo tras la muerte.

Entre quienes estuvieron en Reim figuraba Yuval Raphael, la cantante que representó a Israel en Eurovisión en 2025. Sobrevivió escondida durante horas en un refugio junto a una carretera. Esta vez regresó al lugar donde comenzó su historia de superviviente. Ella misma ha reconocido que volver resulta doloroso y aterrador. Pero también ha dicho que es allí donde debía estar.

En Tel Aviv, uno de los presentadores fue Eli Sharabi, superviviente del cautiverio. Su esposa y sus dos hijas fueron asesinadas en su casa del kibutz Beeri. Su presencia en el escenario resume una de las realidades más duras del 7 de octubre: algunos rehenes regresaron, pero no a la vida que habían dejado atrás. Algunos volvieron para abrazar a sus familias. Otros descubrieron que su familia había desaparecido.

Cuando las ceremonias terminan

Después de los homenajes comenzó la parte menos visible de esta historia.

El director de la Fundación Tribu Nova describió algunas de las dificultades que siguen enfrentando supervivientes y familiares: depresión, ansiedad, estrés postraumático y dificultades para retomar el trabajo y las obligaciones cotidianas. No todos reaccionan de la misma manera ni necesitan la misma ayuda. Pero sus testimonios muestran que regresar a la rutina es un proceso largo y desigual.

Para algunos, una canción, un sonido o una carretera pueden despertar recuerdos de aquella mañana. Otros intentan reconstruir sus horarios, volver al trabajo y recuperar relaciones que quedaron alteradas por lo ocurrido. Por eso, el homenaje pretendía también recaudar apoyo para continuar ayudando a los liberados y a los familiares. El acompañamiento no termina con la ceremonia: requiere atención psicológica, apoyo y tiempo.

El grupo Kumu («Levántense»), nacido de los supervivientes y familias de las víctimas, ha colocado su voz en el centro de los homenajes los últimos dos años. Sus organizadores mantienen abiertas las preguntas sobre las circunstancias que hicieron posible la magnitud de la tragedia y sobre la responsabilidad gubernamental, que debe ser esclarecida. Para las familias, recordar a los muertos y exigir respuestas forman parte de la misma necesidad: saber qué ocurrió y cómo impedir que una tragedia así pueda repetirse.

Este tercer aniversario ofrece una ventana hacia una dimensión de Israel que a menudo queda escondida detrás de los debates políticos, las operaciones militares y la negociación. Una parte de la prensa deforma los hechos y victimiza a los terroristas que causaron todo. La reacción de Israel fue dura y asestó un golpe demoledor a Hamás, aunque no terminó con la organización, refugiada en túneles subterráneos y viviendas de familias gazatíes, en escuelas, hospitales y mezquitas. La guerra siempre es una tragedia, pero no existió objetivamente ningún "genocidio", como sostiene la propaganda de Hamás y muchos medios.

La realidad aquí tiene nombre y apellido. Es una casa en un kibutz, una familia, una foto y una carretera. Tiene también una pista de baile donde una celebración terminó de modo brutal. Son hechos, no relatos. El miércoles, las familias llegaron con fotografías y nombres. Algunos volvieron a encontrarse con personas que no veían desde antes del ataque. Otros ocuparon, una vez más, el lugar de quienes faltan. Hubo música y discursos, pero también silencio.

En Reim, los supervivientes volvieron a caminar por el escenario de aquella mañana. En Tel Aviv, miles escucharon a quienes han tenido que reconstruir su vida después de un acontecimiento que la dividió para siempre.

Después llegó la noche y cada uno regresó a su casa. El acto terminó, pero queda la tarea diaria de acompañar a quienes siguen aquí y preservar la memoria de quienes ya no están. Ese es el sentido más concreto del aniversario: volver a pronunciar los nombres, escuchar a los que se salvaron y permitir que todos comprendan qué ocurrió aquel día. Con la certeza de que hay demasiadas personas inocentes que nunca volverán.



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