Edición Nº 1096 - Viernes 4 de setiembre de 2026

El combativo Juan Castillo no sabe qué hacer

El Director de Trabajo puso su cargo “a disposición”. No renunció pero tampoco afirmó que sigue, a la espera de que el gobierno o el partido Comunista resuelvan su destino. Se quede o se vaya, el episodio significa un triste final para el dirigente sindical convertido en burócrata.

El decreto estableciendo la esencialidad de la enseñanza fue firmado por el Ministro de Trabajo, Ernesto Murro – maestro, dirigente sindical, ex representante de los trabajadores en el BPS y ex presidente de ese organismo – y por lo tanto fue acompañado, hasta ahora, por el director de trabajo del Ministerio, Juan Castillo, el dirigente comunista que fue durante largos años un líder sindical y que últimamente se dedicó a la actividad partidaria, llegando incluso a ser Vicepresidente del Frente Amplio.

Castillo no renunció a su cargo, como muchos especulaban que ocurriría. Dados sus antecedentes y en la medida en que el partido Comunista se declaró expresamente en contra de la medida, parecía lógico que el involucrado abandonara sus funciones sin duda alguna.

Pero las dudas aparecieron, quizás por su lealtad al gobierno, quizás por su apego al cargo –lo que algunos sindicalistas que invadieron el Ministerio de Trabajo el lunes pasado le reprocharon al recordarle que gana más de $ 100.000 por mes– y entonces el otrora combativo dirigente optó por el facilongo camino del medio: puso el cargo a disposición, que es lo que hacen las personas que quieren quedarse en sus cargos y optan por ese atajo. Si alguien quiere renunciar, renuncia y punto, sin discusión ni reconsideraciones.

Al cierre de esta edición de Correo de los Viernes el partido Comunista estaba reunido para analizar la situación, mientras el Ministro Murro no le aceptó la renuncia. Obvio, porque si se le aceptaba él mismo quedaba en una muy difícil situación.

Todo el Pit-Cnt vive la confusión y el cimbronazo, por haber permitido desde hace tiempo que sus representantes sean legisladores o jerarcas del Poder Ejecutivo. La culpa no es del pobre Juan Castillo, un perfecto burócrata, sino de la central obrera que ha alentado la confusión maligna entre sindicalismo y frentismo, entre ideologías y ambiciones personales.




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