El cambio de eje
Por Julio María Sanguinetti
La declinación política de Astori y el cambio de rumbo en el Partido Socialista, pautan la profundización de la confrontación ideológica en las instancias electorales que se aproximan.
Es evidente que el rechazo a la candidatura de Astori produjo un cambio en el eje ideológico del Frente Amplio. Más allá de las diferencias que hemos tenido —y tenemos— con el Ministro, es evidente que políticamente representó una opción moderada. Era el sector que mucho gente, aun no siendo frentista, votaba para asegurarse de que no tuvieran espacio las “locuras” mayores de la histórica propuesta (“no pagar la deuda externa”, “estatizar la banca”, etcétera, etcétera).
Por más que el Ministro y su gente piensan participar de la interna, es evidente la notoria disminución de su peso político. Está claro que el balance de fuerzas cambió, el eje es distinto.
Cuando aún se digería este cambio muy importante, no suficientemente estudiado por los analistas, se produce la elección de autoridades del Partido Socialista. En ellas resultó el diputado Gonzalo Civila ungido como Secretario General del Partido y Daniel Olesker como primer titular al Senado. Se considera que esta victoria, sobre el Subdirector de Planeamiento y Presupuesto Santiago Soto, que representa la línea económica del gobierno actual, supone un giro hacia la vieja izquierda. Ambos dirigentes han dicho que al Partido Socialista le faltó “fuerza” para ciertas definiciones programáticas, como aumentar los impuestos al capital y a las herencias y subsidiar el empleo.
El mismo diputado Civila, en “El País” (25 de febrero de 2019) dice lo siguiente, sobre el tema de seguridad publica, en una reunión de rechazo a la propuesta de Larrañaga: "Tenemos una visión muy distinta de cómo construir una sociedad sin violencia y con niveles de seguridad mucho mejores a los que tenemos. Estamos realmente muy convencidos de que la perspectiva que el primer gobierno del Frente Amplio intentó realizar, se debe profundizar”. Queda claro que considera a Bonomi como orientador de una política represiva y añora los tiempos de los Ministros socialistas Dr. José Díaz y Daysi Tourné. Fueron los años de la doctrina de la responsabilidad de la sociedad por el delito, de la exculpación del delincuente y de la liberación de presos que la ley “de humanización carcelaria” largó a la calle en numero aproximado de 700. Como se ha demostrado, esto produjo un aumento de la rapiña y generó en el mundo delictivo una sensación de impunidad que se generalizó.
Por su parte, Daniel Olesker insiste en que hay mayor margen para aplicar impuestos “ a los ricos”, que —como ya ha ocurrido con la renta y aun con el patrimonio— los termina pagando la clase media del país. Sin olvidar de que los llamados “ricos” son los que precisamos que inviertan y que, castigados en demasía, mirarán a Miami o a Asunción, como es notorio que ya viene ocurriendo. El capital “es cobarde”, solía decir Perón, y quien no lo asuma, le verá alejarse de este país que, por sus dimensiones económicas, no tiene los márgenes de los países desarrollados, de los que ya está muy cerca en la presión fiscal.
Estamos, entonces, ante un cambio cualitativo en el Frente Amplio y, como dice el precandidato comunista Óscar Andrade, “en octubre se plebiscita un proyecto de país contra otro”. Si esto es en octubre, con más razón será en noviembre, cuando solo queden dos opciones. Éstas ya no serán partidarias, ni aun personales, sino la representación simbólica de los principios básicos. Como vengo repitiendo, de un lado estarán los que creen que Venezuela es una democracia y del otro los que creemos que esa una dictadura. Y cada día nos convencemos más de que es así, porque el uruguayo que vea a Venezuela como una democracia, aun “especial”, está proclamando que no cree en la libertad de prensa, ni en la separación de poderes, la economía de mercado, una producción insertada en el mundo ni aún en los derechos humanos y la organización democrática de partido libres. O sea que son definiciones fundamentales.
En noviembre no votaremos candidato blanco, colorado o independiente. Votaremos justamente visiones o proyectos de país distintos, ideas muy diferentes en los temas fundamentales, como hemos explicado reiteradamente. Y así será. Es importante que dirigentes y ciudadanos vayan interpretando esta realidad, que mostrará primero internas, luego parlamentarias y —finalmente— presidenciales, según lo va indicando la realidad.
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