Edición Nº 1077 - Viernes 17 de abril de 2026

El “Rafa”

Viernes 6 de marzo de 2026. Lectura: 2'

Por Susana Toricez

Una tragedia inesperada puede cambiarlo todo en un instante. Frente al dolor, la fragilidad humana y la conciencia de que a cualquiera podría ocurrirle lo mismo, surge una reflexión inevitable sobre la compasión, la vida y el valor de seguir adelante incluso después de las pérdidas más duras.

Nunca supe la razón por la que no me simpatizaba.
Había algo en él que no me caía bien.

Y de pronto se convierte en protagonista de una tragedia.

Un accidente de tránsito en el que embiste a una moto y muere quien la manejaba. Se lo procesa por homicidio culposo, por lo que seguramente deberá cumplir una condena.

Pero durante ese proceso, una infección generalizada lo obliga a ingresar de urgencia a un CTI. Su estado de salud era muy grave y complejo, al producirse una falla multiorgánica.

Pasa más de un mes hasta que, para evitar algo mucho peor, los médicos resuelven amputarle los dos pies y casi todos los dedos de las manos.

¡Qué tristeza, por favor! ¡Cómo le cambió la vida a ese ser humano!

Estoy seguro de que todos —quienes lo quieren y quienes no— nos hemos puesto en el lugar de este muchacho, porque sabemos que a cualquiera le puede pasar lo que él está sufriendo.

¿Cómo no mirar con otros ojos a una persona que atraviesa una situación tan dolorosa?

Creo que casi todos los uruguayos somos hoy menos exigentes y más bondadosos.

A un hombre que se ganaba la vida honradamente, que no le hizo mal a nadie a propósito, no es justo que le pase algo tan cruel.

Pero está vivo, y la vida sigue.

Dentro de toda esa tragedia que conmueve, no puedo dejar de recordar a la madre de Darío Silva, exjugador del fútbol uruguayo, a quien, como resultado de un accidente de tránsito, le amputaron su pierna derecha.

Luego de salir del gravísimo estado en el que había quedado, un periodista le preguntó a la madre cómo se sentía al saber que su hijo no jugaría más al fútbol.

La sencilla señora, con una sonrisa y en un tono casi coloquial, le respondió al periodista:

—Es verdad que no podrá jugar más al fútbol, pero podré seguir escuchándolo gritar los goles, porque está vivo.

Esa madre, que en una situación tan extrema logró ver con tanta claridad el lado positivo, me conmovió profundamente y nunca olvidé sus palabras.



Congreso de Educación: la oposición marca un límite institucional
Una peligrosísima aventura
Julio María Sanguinetti
90 años en imágenes, vida y memoria
Uno va muriendo, el otro no termina de nacer
Penalistas cuestionan el Ministerio de Justicia
JUTEP ante el espejo: entre la oportunidad y el descrédito
La marcha atrás como política sabia
Uruguay se enfría: señales tempranas que ya no pueden ignorarse
Caso Moisés: cuando la ley y la justicia no van de la mano
Elena Grauert
Tributo a la vitivinicultura
Tomás Laguna
La cultura como campo de batalla
Juan Carlos Nogueira
La Bicefalia de la Marca País Uruguay
Pablo Fernández
Los “4 mapas” palestinos y la verdad histórica
Edu Zamo
Apellidos y derechos en una noción plena de familia
Angelina Rios
La política del reestreno: la urgencia no admite pausas
Alicia Quagliata
Una pena
Susana Toricez
Una tregua breve en una guerra larga
Péter Magyar: el hombre que emergió desde dentro
Begoña Gómez: poder sin cargo, privilegios sin control
El retorno de Vladimir Padrino: continuidad, reciclaje y señal de poder
Frases Célebres 1076
Así si, Así no
Inicio - Con Firma - Ediciones Anteriores - Staff Facebook
Copyright © 2024 Correo de los Viernes.