El Frente ingrato
Viernes 28 de agosto de 2026. Lectura: 3'
Por Luis Hierro López
La misma coalición de izquierdas que hizo un caceroleo a la semana de declarada la pandemia del Covid sigue actuando desde el gobierno con ingratitud republicana; no acepta las reglas de juego del respeto y responde con espíritu reaccionario.
Escribe Álvaro Ahunchaín en su columna de El País: “Hoy el FA protesta por los Da Silva, los Bianchi y los Rodríguez que se van de boca, pero había que escucharlos propagar en 1971 que la campaña de Wilson Ferreira estaba financiada por la Esso, o que los partidos fundacionales eran la expresión política de ‘la rosca oligárquica’. Difícil olvidar una tapa de un semanario de izquierda con la cara de Sanguinetti, en 1985, y el título ‘un gobierno en la luna’, u otra con la de Jorge Batlle literalmente hundida dentro de un inodoro, en 2000. No eran revistas de humor: se trataba de publicaciones dedicadas al análisis político. Cómo no recordar el enchastre que padeció Batlle en el 71 sobre una supuesta «infidencia» que no fue tal, infundio que el FA desempolvó para incidir en el balotaje de 1999.”
“En el 94 lanzaron el rumor de que Sanguinetti, a punto de ser electo, padecía una enfermedad grave. En 2004 llegaron a publicar en la prensa que Jorge Larrañaga era golpeador. En la última elección colocaron pasacalles donde ponían el delito de Penadés como un ejemplo de corrupción del gobierno. Hace escasas semanas, un diputado frenteamplista publicó en las redes un mensaje denunciando la tontería de la «asociación para delinquir en el cuarto piso de la Torre Ejecutiva», o la entrega del pasaporte a un narcotraficante (por la que su responsable directa fue premiada por el actual gobierno con una embajada en Portugal).”
Suscribo absolutamente esa interpretación de Ahunchaín, que registra varios episodios confirmados en los que el Frente Amplio atacó con saña a dirigentes de partidos opuestos. Alguien podrá argumentar que esos ataques no surgieron de las autoridades frentistas, pero no nos engañemos: el Frente Amplio es bipolar y, si bien algunas de esas calumnias pueden haber surgido de los militantes, es claro que los dirigentes nunca desmintieron esos desbordes; por el contrario, los alentaron. El propio Yamandú Orsi, siendo candidato, habló del “narcoestado” en Uruguay, cuando se montó toda la opereta sobre el narcotraficante Marset, lo que obligó a que el presidente Lacalle lo interpelara en público y le reclamara mayor seriedad en sus planteos.
Es notorio que los partidos que cobijan en su seno a sectores antidemocráticos terminan admitiendo que una mentira repetida mil veces acaba aceptándose como una verdad o, por lo menos, como una verdad a medias. El uso de la calumnia como instrumento político termina validándose, sin dar lugar a la probidad y al respeto institucional que la república merece.
Esas actitudes provocan un enorme daño a la convivencia, por lo que sus protagonistas no pueden reclamar luego, con cara de “yo no fui”, que no se les conteste con dureza.
Uruguay tiene una democracia afianzada y prestigiosa, pero debemos cuidarla todos los días. Un signo claro de debilidad es politizar a la Justicia, intervenir en los asuntos de los fiscales, lanzar acusaciones sin pruebas contra los adversarios y repetir mentiras que la Justicia no confirma. Esas prédicas terminan muy mal y les hacen daño a todos, especialmente a quienes las propagan. Los frenteamplistas que se preocupan tanto por su mal desempeño en las encuestas deberían pensar cuánto de esa caída tiene que ver con estas maniobras y campañas basadas en la mentira.
La democracia se fortalece con partidos políticos que actúen con probidad, tanto al ser gobierno como al ser oposición, y que defiendan con ardor sus ideas y compromisos, sin necesidad de atacar a sus adversarios; con una Justicia independiente que condene a quien se haya apartado de la ley; y con una libertad de prensa absoluta que asegure que los medios de comunicación no se corrompan al servicio de uno u otro partido. El Frente Amplio —así como los otros partidos— puede hacer importantes contribuciones cívicas. Pero también puede dinamitar el sistema...
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