El Frente Amplio y sus programas
Viernes 5 de setiembre de 2025. Lectura: 3'
Por Luis Hierro López
No son nuevas las polémicas en torno al programa del Frente Amplio. Un repaso somero de las propuestas y las realidades indica que la coalición de izquierda ha manipulado sus presentaciones ideológicas, ocultándolas y maquillándolas.
“Yo pensaba que usted me iba a atacar con lo del comunismo”, le comentó Tabaré Vázquez a Jorge Batlle luego de perder la elección de 1999 y haber mantenido una polémica sobre el impuesto a la renta personal que legisladores frenteamplistas habían impulsado y sobre cuyos alcances el candidato frenteamplista no estaba muy al tanto. En realidad, ese proyecto de ley, radicado en la Cámara de Diputados, era realmente abusivo, con tasas altísimas y finalidades casi expropiatorias. La crítica a ese impuesto y la incapacidad de Vázquez para defenderlo fueron los ejes de aquella elección.
Esa contradicción no sería la única, porque tras anunciar en 2004 que iban a “temblar las raíces de los árboles”, la izquierda no pudo o no quiso aplicar transformaciones de fondo en el plano económico ni internacional. Se mantuvo la orientación macroeconómica, no se rompió con el Fondo Monetario Internacional —con el que, por el contrario, se acordaron asistencias y políticas—; se incentivaron las inversiones forestales y en plantas de celulosa; se produjo el proceso de concentración de la propiedad de la tierra más intenso que se conozca y, para colmo, se procuró establecer un TLC con Estados Unidos. Todo lo contrario a lo que la izquierda había proclamado durante décadas.
Las grandes transformaciones anunciadas se limitaron principalmente a dos: el impuesto a la renta personal y el sistema de salud, basado en la duplicación de los aportes de los trabajadores al fondo común. Ninguna de esas políticas ha generado grandes resultados, ya que el impuesto a la renta personal termina siendo una carga al trabajo y a la iniciativa personal —como lo han terminado reconociendo importantes dirigentes frenteamplistas, como el actual presidente de la coalición, Fernando Pereira— que no ha mejorado las condiciones históricas de la distribución de la riqueza, plano en el que Uruguay tiene muy buen comportamiento. Y el establecimiento del Fonasa tampoco ha significado por sí mismo una garantía de mejores servicios sanitarios o prestaciones más equitativas.
El segundo período estuvo signado por las “velitas al socialismo” que proponía el presidente Mujica, que terminaron siendo un conjunto de voluntarismos sin destino, proyectos fracasados o inconclusos, imaginerías de toda especie que no se concretaron en políticas públicas efectivas y concretas.
La segunda presidencia de Vázquez se volcó a la política de cuidados, un fin loable sin duda, pero de difuso resultado.
Y este cuarto período nos sorprende a todos con la confesión del señor Valcorba en el sentido de que el programa es impracticable, que no se puede financiar y que eso se sabía al momento de prepararlo y aprobarlo. No se trata de un acto de honestidad intelectual, sino realmente de una estafa electoral inadmisible, porque el viceministro de Economía aseguró que las limitaciones que ahora se advierten no se deben a la “herencia maldita” ya que se sabía de antemano que las propuestas eran impracticables. Es decir, se engañó al electorado deliberadamente, cometiendo un daño incalculable a la confianza y a la certidumbre que la democracia necesitan.
Da la impresión de que el Frente Amplio no quiere realmente transformar la realidad, dejar una marca histórica, realizar una misión, sino meramente ejercer el poder y seguir jugando al empate.
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