Edición Nº 1092 - Viernes 7 de agosto de 2026

El Balance Estratégico de Talento: una nueva forma de mirar el desarrollo

Viernes 7 de agosto de 2026. Lectura: 4'

Por Fitzgerald Cantero Piali

En esta nueva columna, Fitzgerald Cantero Piali propone sustituir la tradicional mirada sobre la “fuga de cerebros” por un enfoque más amplio: el Balance Estratégico de Talento (BET). La propuesta busca medir no solo la pérdida de capital humano, sino también la capacidad de un país para formar, atraer, retener y proyectar talento, incorporando una visión estratégica sobre su verdadero impacto en el desarrollo económico y social.

No se puede gestionar aquello que no se mide.”

La frase se ha repetido tantas veces que corre el riesgo de perder fuerza. Sin embargo, sigue siendo una de las verdades más importantes para quienes diseñan políticas públicas.

En la columna anterior propuse una pregunta:

¿Cuánto invierte una sociedad en formar el talento cuyo mayor aporte económico termina generándose fuera de su territorio?

Me llegaron respuestas, comentarios y críticas que tuvieron algo en común.

Antes de discutir soluciones, necesitamos comprender mejor el fenómeno.

Y para comprenderlo, primero debemos aprender a observarlo.

Durante décadas hemos analizado la llamada fuga de cerebros. Sabemos por qué emigran muchos profesionales, cuáles son los principales países de destino y cuáles son los sectores que más talento demandan.

Pero ese concepto tiene una limitación importante.

Nos obliga a mirar únicamente una parte de la realidad.

Observa quiénes se van.

No observa quiénes llegan.

No observa quiénes regresan.

No observa quiénes, aun viviendo en otro país, crean empresas, transfieren conocimiento, financian proyectos, forman equipos de investigación o mantienen vínculos permanentes con sus países de origen.

En definitiva, mide un flujo.

No un balance.

Y las economías modernas rara vez toman decisiones estratégicas observando únicamente uno de los lados de la ecuación.

Ningún ministro de Economía analizaría exclusivamente las importaciones sin considerar las exportaciones.

Ningún banco central evaluaría únicamente las salidas de divisas sin observar también los ingresos.

La lógica siempre es la misma.

No basta con conocer un movimiento.

Hay que comprender el equilibrio completo.

Quizás haya llegado el momento de aplicar ese mismo criterio al capital humano.

Esa es la idea que inspira el Balance Estratégico de Talento (BET).

No pretende ser un ranking de países.

Tampoco un índice para premiar o castigar políticas migratorias.

Mucho menos un juicio sobre quienes deciden desarrollar su vida profesional en otra parte del mundo.

Su propósito es diferente.

Busca construir un marco que permita observar cómo una sociedad forma, atrae, retiene, recupera y proyecta su talento.

Porque todas esas dimensiones forman parte de un mismo fenómeno.

Un país puede perder profesionales altamente calificados y, al mismo tiempo, recibir inversiones, conocimiento, redes internacionales o emprendimientos impulsados por esos mismos ciudadanos desde el exterior.

Otro puede retener a la mayor parte de sus graduados, pero no lograr transformarlos en innovación, productividad o crecimiento económico.

Ambas situaciones exigen respuestas distintas.

Y ambas quedarían invisibles si solo contamos cuántas personas emigran.

Por eso imagino el BET no como un indicador único, sino como un sistema de observación compuesto por distintas dimensiones.

La primera debería medir la capacidad de una sociedad para formar talento.

La segunda, su capacidad para retenerlo.

La tercera, para atraer profesionales provenientes de otros países.

La cuarta, para mantener vínculos activos con quienes desarrollan sus carreras en el exterior.

Y la quinta, quizás la más importante de todas, para estimar dónde termina generándose el mayor retorno económico, científico y tecnológico de esa inversión colectiva.

No será una tarea sencilla.

La información existe, pero permanece dispersa entre universidades, organismos internacionales, oficinas nacionales de estadística, plataformas profesionales, centros de investigación y bases de datos especializadas.

El desafío no consiste únicamente en obtener nuevos datos.

Consiste, sobre todo, en integrarlos bajo una lógica diferente.

En dejar de observar el talento como un fenómeno exclusivamente migratorio para comenzar a analizarlo como un activo estratégico para el desarrollo.

Muchos lectores me escribieron durante los últimos días aportando ideas muy valiosas.

Algunos propusieron incorporar mecanismos para medir el retorno del trabajo remoto.

Otros sugirieron analizar las redes de científicos latinoamericanos en el exterior, la movilidad intrarregional o incluso construir estimaciones iniciales utilizando bases de datos de universidades y plataformas profesionales.

Todos esos aportes refuerzan una misma convicción.

Existe una conversación pendiente.

Y quizás también exista la oportunidad de construir colectivamente una herramienta que hoy no tenemos.

No sé todavía cuál será la versión definitiva del Balance Estratégico de Talento.

Pero sí sé cuál debería ser su objetivo.

Ayudarnos a cambiar la pregunta.

Durante demasiado tiempo nos preguntamos cuántos profesionales perdíamos.

Tal vez haya llegado el momento de preguntarnos cuál es el balance estratégico del talento que una sociedad forma, conecta con el mundo y convierte en desarrollo.

Porque en la economía del conocimiento, la riqueza de las naciones dependerá cada vez menos de los recursos que extraigan del subsuelo y cada vez más de su capacidad para desarrollar, articular y proyectar el talento de su gente.



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