¿Legisladores de tiempo completo?
La propuesta de Daniel Caggiani para establecer la dedicación exclusiva de diputados y senadores abrió una discusión que va bastante más allá de si un legislador puede tener otro ingreso. Transparencia, conflictos de interés, derecho al trabajo, vínculo con la actividad privada y profesionalización de la política aparecen en un debate que, en definitiva, plantea una pregunta: ¿qué Parlamento queremos?
Una nueva regla para el Parlamento
El senador del Frente Amplio Daniel Caggiani presentó un proyecto de ley que propone establecer un régimen de dedicación exclusiva para diputados y senadores.
La iniciativa ingresó al Senado el pasado 26 de agosto y ese mismo día fue derivada a la Comisión de Constitución y Legislación, donde comenzará su estudio parlamentario.
La propuesta establece que, mientras ejerzan su cargo, los legisladores no podrán desarrollar actividades laborales o profesionales, dependientes o independientes, remuneradas u honorarias. Tampoco podrán integrar sociedades o directorios de personas jurídicas nacionales o extranjeras, percibir ingresos provenientes de actividades comerciales ni cobrar jubilaciones, pensiones o retiros.
El cambio no alcanzaría a los actuales parlamentarios, sino que comenzaría a regir en la próxima legislatura.
Lo que hoy está permitido pasaría, por tanto, a integrar el régimen de incompatibilidades de quienes ocupen una banca.
Transparencia y conflicto de interés
El argumento central de Caggiani es la transparencia.
Los legisladores discuten y votan normas que inciden sobre empresas, sectores económicos, profesiones y actividades productivas. Para el senador frenteamplista, esa responsabilidad exige reducir al máximo la posibilidad de que los intereses particulares interfieran con las decisiones de quienes deben representar el interés general.
Caggiani también pone sobre la mesa la dedicación que requiere la función. Entiende que la tarea parlamentaria debe ser de tiempo completo y recuerda que diputados y senadores reciben una remuneración importante precisamente para desempeñarla.
Su planteo puede resumirse en dos conceptos: dedicación e independencia.
Pero es justamente allí donde comienzan las diferencias.
¿Qué Parlamento queremos?
El senador nacionalista Sebastián Da Silva rechazó la iniciativa y defendió una concepción diferente de la actividad parlamentaria.
Para Da Silva, que un legislador mantenga vínculos con una profesión o actividad privada no constituye necesariamente una debilidad. Por el contrario, reivindica que al Parlamento lleguen médicos, ingenieros, maestros, veterinarios, productores, obreros y personas provenientes de diferentes ámbitos de la sociedad.
Su cuestionamiento apunta a la profesionalización de la política. Sostiene que un Parlamento compuesto únicamente por personas cuya actividad sea la propia política podría terminar perdiendo contacto con las realidades sobre las que después debe legislar.
El debate introduce así una tensión que no resulta sencilla de resolver.
La actividad privada puede generar conflictos de interés. Pero también puede proporcionar experiencia y conocimiento directo de sectores sobre los cuales el Parlamento toma decisiones.
El mundo fuera del Palacio
El diputado colorado Juan Martín Jorge coloca el énfasis precisamente en ese último aspecto.
Su posición es que el Parlamento necesita personas que conozcan también el “mundo real”: profesionales, comerciantes, productores, trabajadores y emprendedores que mantengan contacto con actividades desarrolladas fuera de la política.
Para Jorge, obligar a abandonar durante cinco años una profesión, empresa o actividad puede desalentar a personas con experiencia en otros ámbitos a aceptar una candidatura.
Y agrega otro elemento a la discusión que es si la preocupación es evitar una clase política que haga de las bancas una actividad permanente, también debería debatirse la posibilidad de limitar la cantidad de períodos durante los cuales un legislador puede permanecer en el Parlamento.
La pregunta, aquí cambia entonces ligeramente.
¿La independencia se consigue separando completamente al legislador de su actividad anterior o estableciendo reglas suficientemente claras para evitar que esa actividad interfiera con sus decisiones?.
¿Quién puede dedicarse a la política?
Juan Martín Rodríguez, diputado blanco, introduce otra preocupación y se pregunta quiénes estarían en condiciones de asumir una banca bajo un régimen de exclusividad.
Rodríguez sostuvo que la propuesta podría provocar que a la política terminaran dedicándose solamente los “platudos” y advirtió, en el otro extremo, sobre una posible “lumpenización” de la tarea legislativa.
La expresión generó polémica, pero detrás del planteo existe una interrogante concreta.
¿Qué sucede con un profesional que debe abandonar durante cinco años su estudio, consultorio, comercio o actividad para ingresar al Parlamento? ¿Cómo se reinserta cuando termina su mandato?
Según los críticos de la iniciativa, una medida concebida para independizar a los legisladores de intereses económicos podría generar un efecto no buscado que sería favorecer a quienes poseen suficiente respaldo económico para abandonar temporalmente su actividad o a quienes ya han convertido la política en su profesión.
Lo que permite la Constitución
La discusión tiene además una dimensión jurídica particular.
La Constitución ya establece incompatibilidades para senadores y representantes nacionales. Pero el artículo 126 habilita expresamente al Parlamento a ampliar esas prohibiciones.
La disposición establece que una ley, aprobada por mayoría absoluta del total de componentes de cada Cámara, podrá reglamentar las prohibiciones previstas en los artículos anteriores o “establecer otras”.
Por lo tanto, la iniciativa no requiere reformar la Constitución, sino que se apoya en una facultad que el propio artículo 126 concede al legislador.
La diferencia no es menor.
La propuesta necesitaría 16 votos en el Senado y 50 en la Cámara de Representantes. El Frente Amplio dispone de los votos necesarios en la Cámara alta, pero no alcanza por sí solo la mayoría absoluta en Diputados.
La controversia, entonces, no será solamente conceptual. También habrá una negociación parlamentaria.
El fondo del debate
Reducir el debate a si un legislador que recibe una remuneración importante debería o no tener otros ingresos sería simplificarlo.
Un legislador que continúa ejerciendo una actividad profesional, comercial o empresarial mantiene contacto con una realidad que puede trasladar al Parlamento. Pero esa misma actividad puede generar intereses económicos relacionados directamente con decisiones que deberá adoptar.
Las dos situaciones pueden coexistir.
Por eso la cuestión no pasa únicamente por prohibir o permitir otro trabajo. También supone discutir mecanismos de transparencia, declaraciones de intereses, obligaciones de abstención frente a determinados asuntos e incompatibilidades específicas.
No se trata solamente de decidir si un diputado o un senador puede tener otro trabajo.
Se trata de establecer qué condiciones garantizan que un legislador pueda representar con independencia a la sociedad sin perder contacto con la sociedad que representa.
LAS CUATRO VOCES
Daniel Caggiani, senador del Frente Amplio:
“Lo que hay que tratar de hacer es que la política no sea una tarea para beneficiarse personalmente”. (Radio Carve)
Sebastián Da Silva, senador del Partido Nacional:
“Es un divague y una muestra de populismo barato y berreta”. (Radio Montecarlo)
Juan Martín Jorge, diputado del Partido Colorado:
“El Parlamento necesita gente que también conozca el mundo real: profesionales, comerciantes, productores, trabajadores y emprendedores. No una clase política que vive exclusivamente de la política”. (La Diaria)
Juan Martín Rodríguez, diputado del Partido Nacional:
“De los mayores disparates que se han presentado como proyectos de ley en esta legislatura (…) Un nuevo paso hacia la lumpenización de la actividad parlamentaria”. (Su cuenta social X)