Cuarenta minutos bajo amenaza
Un grupo de hinchas de Cerro tomó bajo amenazas el coche 306 de UCOT y obligó a su conductor a trasladarlos desde la zona de la Curva de Tabárez, en el Cerro, hasta el intercambiador Belloni. El recorrido se extendió durante aproximadamente 40 minutos.
Durante ese tiempo, Carlos, el conductor de la unidad, manejó bajo amenazas con armas de fuego y con escasas posibilidades de comunicar abiertamente lo que estaba ocurriendo. Mientras transitaba por Carlos María Ramírez encontró una oportunidad para advertir la situación.
No llamó directamente al 911. Primero se comunicó con el largador de la empresa y le explicó que atravesaba una “situación complicada” y que necesitaba apoyo policial. A partir de ese aviso, fue el servicio 911 el que se comunicó con él.
Una comunicación bajo la lupa
Cuando recibió la llamada, el ruido dentro del ómnibus dificultaba la conversación. Carlos intentó explicar que no podía hablar más fuerte. Según su relato, la comunicación se cortó y no volvieron a contactarlo durante el resto del recorrido.
Su testimonio colocó inmediatamente el funcionamiento de la respuesta ante emergencias en el centro de la discusión.
El Ministerio del Interior dispuso una auditoría en el Centro de Comando Unificado para reconstruir cómo fue procesada aquella comunicación y establecer qué ocurrió desde que se tomó conocimiento de la situación.
La investigación deberá aportar elementos para determinar si los protocolos previstos fueron cumplidos y qué información estuvo disponible mientras el vehículo continuaba su recorrido.
No se trata solamente de establecer cuánto tiempo pasó. También importa saber quién conocía la situación, qué información tenía y qué posibilidades existían de intervenir sin aumentar el riesgo para el conductor y quienes estaban dentro del ómnibus.
El botón de pánico
El episodio abrió además otra discusión. El funcionamiento de los mecanismos silenciosos de emergencia instalados en las unidades están a revisión.
El dirigente de Ascot-UCOT Matías Costa sostuvo que los botones de pánico ya están disponibles, pero que todavía no operaban debido a un problema de software que, según acotó, debía ser solucionado por la Intendencia de Montevideo.
La afirmación recibió una respuesta del intendente Mario Bergara. El jefe comunal aseguró que el sistema funciona y aclaró que la señal de los botones no tiene como destino la Intendencia, sino las propias empresas de transporte.
“No es para avisarle a la Intendencia”, señaló Bergara. Y agregó que, si es necesario perfeccionar el mecanismo, se hará.
La diferencia entre ambas versiones no es solamente técnica. Determinar si el dispositivo estaba operativo, quién debía recibir la señal y qué procedimiento debía activarse resulta especialmente relevante después de un episodio en el que el conductor tenía posibilidades muy limitadas de comunicarse.
La respuesta del Ministerio
Después de lo ocurrido representantes de UCOT y del sindicato se reunieron con el ministro del Interior, Carlos Negro.
Además de ordenar la auditoría sobre la actuación del 911, el Ministerio comenzó a evaluar junto con las empresas de transporte la implementación de botones de pánico y cámaras con conexión directa a los servicios de emergencia.
La propuesta introduce una diferencia sustancial respecto de un sistema en el que la señal puede llegar inicialmente a la empresa y reducir intermediarios entre quien está atravesando una situación de peligro y quienes tienen capacidad para intervenir.
El caso plantea así una discusión que excede la existencia de un dispositivo. Importa saber a quién alerta, quién recibe la información, cómo se transmite y qué respuesta se activa a partir de ella.
Más allá de las tribunas
Los involucrados están siendo identificados y se tomarán medidas para impedirles el ingreso a espectáculos deportivos.
Pero limitar lo sucedido a un problema entre hinchas y fútbol dejaría fuera una dimensión más amplia.
Durante aproximadamente 40 minutos, un vehículo de transporte colectivo atravesó parte de Montevideo mientras su conductor estaba sometido a amenazas. El episodio plantea interrogantes sobre prevención, coordinación, protocolos de emergencia y capacidad de reacción.
El presidente Yamandú Orsi señaló que es necesario continuar ajustando el trabajo entre los clubes, la Asociación Uruguaya de Fútbol y el Ministerio del Interior. Pero agregó otro elemento que trasciende este episodio y es la cantidad de armas de fuego que circulan en el país.
El especialista en seguridad Fernando Vaccotti también llevó la discusión más allá del partido de fútbol. Consideró que lo ocurrido representa una “prueba para el Estado” y advirtió sobre una escalada que, a su juicio, exige revisar prevención, inteligencia y capacidad de respuesta.
Lo que dejó el recorrido
La investigación sobre el secuestro continuará y la auditoría dispuesta por el Ministerio del Interior deberá aclarar qué ocurrió con la comunicación mantenida con el conductor.
También deberá resolverse la controversia sobre los botones de pánico y determinar cuál es el mecanismo más eficaz para que una señal emitida desde un ómnibus llegue rápidamente a quien tiene capacidad de intervenir.
Pero el episodio ya dejó una advertencia
En una emergencia, quien está amenazado puede no disponer de tiempo para explicar qué sucede. Puede no poder hablar, describir dónde está ni decir quién lo amenaza. En esos casos, una llamada, un botón o una cámara dejan de ser simplemente herramientas tecnológicas para formar parte de un sistema que debe ser capaz de interpretar una señal y actuar.
El fútbol fue el contexto en el que ocurrió este episodio. La capacidad de respuesta ante una emergencia es la discusión que quedó abierta.
LAS CUATRO VOCES
Carlos, chofer del 306 de UCOT:
“Voy por Carlos María Ramírez, cuando veo la situación, llamé al largador y expliqué que venía con una situación complicada en el ómnibus, que precisaba apoyo policial. Allí, el 911 me llama, pero no me escuchaban por el ruido del ómnibus. Le digo: ‘Discúlpeme, pero no puedo hablar más fuerte de lo que hablo’, y ahí me cortó el teléfono (…) En ningún momento me volvieron a llamar para ver si pasaba algo ni mandaron un patrullero. Cero respuestas”. (Telemundo)
Yamandú Orsi, Presidente de la República:
“Hay que seguir afinando con los clubes, la Asociación Uruguaya de Fútbol y el Ministerio del Interior. Son cosas que las tenemos que evitar. Uruguay está con mucha arma de fuego en la vuelta”.(Subrayado)
Fernando Vaccotti, capitán de navío retirado y especialista en seguridad internacional:
“Estamos ante una prueba para el Estado; esto está escalando”. (Informativo Carve)
Matías Costa, dirigente de la Asociación Sindical de Cooperativistas y Obreros del Transporte (ASCOT):
“Para nosotros sigue siendo un secuestro aunque quieran cambiar el título. Está claro que el compañero estaba privado de la libertad (…) Los botones de pánico ya están disponibles, pero aún no operan por un problema de software que la IM debe agilizar. Nosotros entendemos que no va a ser la única solución, pero es un granito más de arena que va a aportar a la solución”. (La Diaria)