Dos votos, un Pacha y un Castillo lleno de sospechas
Viernes 4 de setiembre de 2026. Lectura: 5'
Juan Castillo volvió a discrepar públicamente con Alejandro Sánchez. Esta vez no fue por un conflicto sindical sino por los votos de Cabildo Abierto para aprobar la Rendición de Cuentas. El ministro comunista sugirió que detrás del acuerdo pudo haber embajadas, directorios y otras cosas que “no se ven”. Desde Presidencia respondieron que no hubo cargo alguno. Todo dentro de la más absoluta armonía, naturalmente.
En el gobierno de Yamandú Orsi parece estar naciendo una tradición: cada tanto el ministro de Trabajo, Juan Castillo, y el secretario de la Presidencia, Alejandro “Pacha” Sánchez, explican públicamente dos versiones bastante distintas de lo que hace el mismo gobierno.
La ventaja es que el ciudadano puede elegir.
El episodio más reciente comenzó el 25 de agosto en el comité de base Chucarro, en Pocitos, durante la celebración del Día del Comité de Base. Castillo, dirigente histórico del Partido Comunista, hablaba ante unos cincuenta militantes sobre las dificultades que había enfrentado el Frente Amplio para aprobar la Rendición de Cuentas en Diputados.
El oficialismo no tenía mayoría propia y necesitaba dos votos. Los encontró en los dos diputados de Cabildo Abierto.
Hasta allí, ninguna novedad escandalosa. En un Parlamento sin mayorías automáticas se negocia. Cabildo Abierto presentó una serie de planteos y el Poder Ejecutivo aceptó varios: modificaciones en las transferencias destinadas a niños y adolescentes, recursos para el sistema penitenciario, medidas sobre cooperativas de vivienda, una campaña sobre los efectos del consumo de marihuana y el retiro de disposiciones que reasignaban recursos de las Fuerzas Armadas, entre otros puntos. También quedaron compromisos para futuras instancias presupuestales.
Alejandro Sánchez había presentado aquello como un éxito del diálogo. Negociar, explicó, significa precisamente que cada parte deja algo por el camino. Incluso sostuvo que “pactar”, palabra que a veces parece adquirir en Uruguay resonancias de actividad clandestina, es sencillamente “la base de la democracia”.
Castillo, sin embargo, aportó una versión algo menos bucólica.
“Conseguir dos votos ahora te va costando embajadas, directorios y vaya a saber cuántas cosas que no se ven públicamente”, dijo. Y agregó que “algunos entienden la política de esta manera también”. La información fue publicada originalmente por Búsqueda.
No es exactamente la descripción de una negociación parlamentaria en la que dos partidos intercambian modificaciones a una ley.
Es, más bien, la descripción de otra cosa.
Porque una cosa es conceder veinte millones de pesos para infraestructura penitenciaria, aceptar una campaña contra el consumo de cannabis o retirar artículos que afectaban partidas militares. Todo eso puede gustar o no, pero está a la vista y forma parte del toma y daca normal de cualquier negociación legislativa.
Otra muy distinta es sugerir que los votos se consiguen repartiendo embajadas, directorios y quizás algunas otras mercancías que permanecen fuera del escaparate.
El problema adicional es que Castillo no es un senador opositor ni un comentarista de radio. Es ministro de Trabajo del gobierno cuya negociación estaba poniendo bajo sospecha.
Y la negociación no fue conducida por un oscuro funcionario escondido en algún subsuelo de Torre Ejecutiva. Participaron directamente el presidente Yamandú Orsi y, con especial protagonismo, Alejandro Sánchez. Según Búsqueda, Castillo incluso había manejado que algunos ministros participaran en las conversaciones con Cabildo Abierto, pero Presidencia optó por conducirlas por su cuenta.
De modo que el Pacha tuvo que salir una vez más con el extinguidor.
Consultado el lunes 31, Sánchez afirmó que “en política y en democracia se negocia, porque la democracia es la gestión de las diferencias, no de las unanimidades” y negó expresamente que hubiera cargos como moneda de cambio: “No hay ningún cargo de por medio”.
Quedan entonces dos posibilidades, ninguna particularmente cómoda.
O Castillo posee información sobre embajadas, directorios y otras compensaciones no reveladas, en cuyo caso sería interesante que la compartiera con el resto de los uruguayos.
O no posee esa información y simplemente decidió insinuar ante un comité de base que sus compañeros de gobierno negocian votos mediante cargos públicos.
Puede haber una tercera explicación: que Castillo estuviera hablando con esa libertad retórica que a veces aparece cuando un dirigente abandona Torre Ejecutiva, entra en un comité de base y recupera por unas horas la condición de militante.
El inconveniente es que después vuelve a ser ministro.
Ya había pasado
Además, no es el primer cortocircuito entre ambos.
Pocas semanas antes, durante el conflicto en la Terminal Cuenca del Plata, Castillo había marcado la declaración de esencialidad como un límite político. Sánchez, en cambio, dejó claro que si para resolver la situación el gobierno debía recurrir a ella, lo haría, y que si ese era el límite del ministro, este tendría que renunciar. Después hubo conversación telefónica, aclaraciones sobre el contexto de las declaraciones y Castillo aseguró que había entendido las explicaciones.
Asunto terminado.
Hasta el siguiente.
No parece existir entre Castillo y Sánchez una disputa personal irreconciliable. Hay algo políticamente bastante más interesante: representan sensibilidades diferentes dentro de un gobierno que debe administrar simultáneamente al Frente Amplio, al movimiento sindical, las restricciones presupuestales, una Cámara de Diputados sin mayoría propia y la necesidad de conseguir votos allí donde los encuentre.
Sánchez ocupa el lugar del negociador pragmático. Si faltan dos votos, hay que buscarlos. Si para obtenerlos hay que modificar artículos, asumir compromisos o conversar con Guido Manini Ríos, se conversa.
Castillo conserva mucho más el lenguaje de la militancia comunista y sindical, donde determinadas concesiones producen urticaria y Cabildo Abierto no aparece precisamente entre los parientes ideológicos más cercanos.
Las dos almas pueden convivir.
Lo que resulta algo más complicado es que una de ellas sugiera públicamente que la otra anda comprando voluntades con embajadas.
Mientras tanto, Cabildo Abierto consiguió modificaciones que considera importantes, el gobierno consiguió sus dos votos y la Rendición de Cuentas fue aprobada en general.
Todos ganaron algo.
Salvo, tal vez, la teoría de que en Torre Ejecutiva todos dicen lo mismo.
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