Dilemas izquierdosos
Viernes 6 de diciembre de 2024. Lectura: 4'
Por Julio María Sanguinetti
Cada vez que en nuestra América Latina aparece un gobierno de izquierda se abre el debate sobre su radicalismo o moderación y comienza allí una pulseada de ambigüedades.
Cuando ganó Boric, en una elección de extremos en que habían desaparecido los tradicionales socialistas y democratacristianos chilenos, se temió un desvío hacia el radicalismo. El joven dirigente estudiantil, sin embargo, revalidó su condición de demócrata y ha mantenido al país dentro de su buena tradición. A la inversa, al llegar Lula esperábamos un gobierno muy moderado y como consecuencia estable en lo económico y pragmático en lo internacional. En la intención, todo sigue siendo así, pero los hechos no se van dando tan bien en la medida que en lo económico se apostó demasiado al gasto para reactivar y ahora hubo que hacer un frenazo, hasta con pesados efectos devaluatorios. Al mismo tiempo, en lo internacional arrancó en una línea muy complaciente con Venezuela, de tono muy “sesentista”, hasta que también la realidad le va golpeando, con autoritarismos impresentables, que le alejan, a regañadientes, del espacio “progresista”.
Son ejemplos de la ambigüedad inevitable en estos gobiernos. Normalmente tienen que hacer una política económica que no les gusta nada y usan la política exterior como una variable de ajuste que calme a sus sectores más a la izquierda.
Algo de todo esto empieza ya a vivir, o sufrir, nuestro Presidente electo. El PIT-CNT le creó al Frente un molesto dilema con su propuesta de reforma constitucional para eliminar las AFAP´s e imponer los 60 años como fecha de jubilación. El resultado del plebiscito fue rotundamente negativo, pero como para nuestro sindicalismo ese no es un inconveniente, sigue hablando de cambiar la ley. En el curso de la campaña enredó al Frente con un “diálogo” al respecto y ahora está el gato encima de la mesa. El Ministro electo, con sensatez dijo que los 65 años permanecerían, aunque la aspiración es mejorar la posibilidad de los 60 años, aunque estimulando la jubilación más tardía…. Marcha adelante y marcha atrás… El Presidente quedó también entrampado en las definiciones y aclaraciones y terminó reivindicando su condición presidencial para afirmar que al final de cuentas es él quien decidirá. Con lo que ya su Ministro de Economía ha recibido su primer coscorrón, suaves pero real.
La verdad es que hicieron toda la campaña mintiendo de que la ley disponía los 65 años al barrer y ahora proponen algo parecido a lo que ella dispone, con opciones variadas según los casos. Se hacen malabarismos semánticos para llegar a lo mismo diciendo lo contrario. Al final, la realidad se va a imponer y los 65 años quedarán. La modificación legal tendrá que ser, guste o no, cosmética, ya que a la gente en general (y al país) les conviene jubilarse a los 65 años y no antes.
En el plano internacional también están allí parecidos dilemas. El Presidente electo creyó del caso marchar inmediatamente a saludar a Lula. Era la previsible concesión a la barra “socialista”. Por suerte no generó -hasta ahora- ninguna reacción destemplada del otro lado del Río de la Plata, pero no nos engañemos: el gesto no pasó desapercibido y habrá que remar con mucho entusiasmo y tino para mantener los imprescindibles equilibrios. Las posibilidades y riesgos son distintas a ambos horizontes, algo más de naturaleza comercial con Brasil y del ámbito geográfico con Argentina pero de igual valor e importancia. Con Argentina en una línea más abierta al comercio, puede darse -todavía- alguna flexibilidad en lo que hasta ahora ha estado cancelado.
El gran tema es que ha llegado Trump y esto pone en tensión todas las políticas occidentales. Se supone que su apoyo a Israel es incondicional, pero ha desconcertado al instalar a un libanés a cargo del tema del Medio Oriente. En la guerra ruso-ucraniano es notoria su frialdad, pero aflojar es darle a Putin una victoria, humillar a Europa, ofrecer un renovado aliento al Irán y de algún modo al peso de China, ya de por sí enorme.
En todo caso, nuestro país tendrá apelar a buena diplomacia. No alinearse automáticamente a Brasil ni a nadie. Procurar los equilibrios. Los temas no son de emociones declarativas. Cuidado con las palabras. Tenemos muchos intereses en juego, que siendo poco significativos para el resto por nuestro tamaño, suelen ser muy importantes para nosotros.
Nuestro Presidente electo es hombre prudente. También lo es hoy, en grado particular, el colega Mujica, que ha cortado amarras con todo su pasado de latinoamericanismo revolucionario. Por ese lado, pensamos que las cosas andarán razonablemente bien. Pero que no será fácil mantener el rumbo, ya que es demasiada la carga retórica que arrastra el conjunto de nuestra izquierda, hundida en los últimos años en confusiones tan monumentales como considerar izquierda al kirchnerismo y democracia “particular” a Venezuela.
Ha llegado la hora de la verdad. Y no se puede jugar ni con la macroeconomía ni con la política exterior. Para empezar, como aconsejara el Quijote, “al buen callar llaman, Sancho”.
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