Días particulares
Viernes 19 de junio de 2026. Lectura: 4'
Por Julio María Sanguinetti
Entre el Mundial de Clubes, la Rendición de Cuentas y las tensiones sindicales, Julio María Sanguinetti reflexiona sobre algunas de las controversias que atraviesan la actualidad uruguaya. Desde el debate sobre los colores de la bandera nacional hasta las presiones corporativas sobre el gobierno, el expresidente advierte sobre los riesgos de ignorar las restricciones fiscales en un país que acumula déficits crecientes y enfrenta decisiones clave para los próximos años.
Nunca son días triviales los de la Rendición de Cuentas. Mucho menos cuando coinciden con un campeonato mundial de fútbol. Si a ello le agregamos las inesperadas guerras que hasta nos subieron los combustibles, queda claro que el frío estuvo no sólo en los termómetros.
Del mundial comento que con frecuencia debo aclarar algo que debería ser obvio: la bandera uruguaya es azul y blanca. No es celeste. Como no es celeste la de Artigas de 1815 y la de Lavalleja de 1825. Ambas tienen azul, como azul era todo lo republicano en aquel tiempo, en que el blanco y el celeste estaban muy ligados a las monarquías.
La bandera argentina es celeste y blanca, discutiéndose mucho sobre el origen de la decisión de Belgrano. Hay quienes asocian los colores al culto mariano y hay quienes lo atribuyen, con error, a los Borbones (cuyos símbolos son la flor de lis sobre fondo azul). Los reyes Borbones, sin embargo, desde 1771 hasta hoy usan una banda celeste, que es la de la Orden de Carlos III, de modo que hay allí un antecedente muy vigente.
Entre nosotros, en el complejo proceso de configuración de nuestra independencia, que incluyó la bandera argentina, hubo cambios y vacilaciones. La ley de 12 de julio de 1830 fue clara, sin embargo, en cuanto a que los colores son azul y blanco. No celeste ni azul celeste, como dijo la primera. Sucesivas leyes y decretos lo han confirmado.
Naturalmente, es bien explicable el error en los EE.UU., dado el color de nuestra camiseta de la selección, que nació simplemente de una casualidad. Si la camiseta estuviera referida a los símbolos nacionales, debió ser azul, pero como en lo que se considera el primer triunfo internacional de nuestro fútbol usamos una celeste que nos prestaron, allí quedó sellado el destino.
Seamos claros: si es explicable el error en los extranjeros, no lo es que las autoridades de nuestra Asociación no hayan hecho la corrección. Es una vergüenza que la tormenta de delegados que viajó no lo haya hecho. Veremos el domingo.
Mientras tanto, se anuncia la paz entre los beligerantes del mundo, pero suenan aquí tambores de guerra con la benemérita Rendición de Cuentas. Es uno de los más persistentes cultos nacionales. La Constitución impone a los gobiernos la natural obligación de rendir cuentas y, a la vez, asume la excepcionalidad de alguna norma que contemple algo inesperado, distinto u olvidado en el Presupuesto aprobado el año anterior.
En nuestro país, la excepcionalidad es la norma y allí están, bajo acoso, el Presidente de la República y el Ministro de Economía. La Fenapes, la inefable organización de profesores de Secundaria, emplaza al Presidente de la República: o la recibe o va a la huelga. A la hora de escribir estas líneas, no sabemos qué hará el Presidente. Más importante que su respuesta es ese tono de amenaza. Por buena voluntad podrá acceder o simplemente negarse, dada la extorsión, pero en cualquier caso el modo en que ese sindicato se dirige al gobierno es inaceptable.
Mi colega Mujica dijo un día que “habría que reventarlos”. Aun sin endosarla, esa frase revela el hartazgo de un gobernante frente a la arrogancia de un gremio que nada hace para mejorar su servicio, que ni se ha enterado de los cambios en el mundo y, en cambio, reclama como si el país estuviera holgado financieramente.
Para completar el triste panorama de Secundaria, el diario “El País” publicó una interesante nota sobre la última sesión de la Asamblea Técnico - Docente, un caos inorgánico e insustancial, en que todo estuvo presente menos la educación. Ese es el clima gremial, y eso que en esa ocasión no hubo ningún panfleto revolucionario.
El gobierno se juega más de lo que parece en este semestre. Tiene por delante administrar las propuestas del Diálogo Social y esta Rendición. Cuando arrastramos ya varios años con déficit del orden de 3 mil millones de dólares y este año estaremos seguramente más cerca de añadir otros 4 mil, ¿no advertimos que estamos próximos al pretil de la azotea? Faltan tres años y medio. ¿Podremos seguir agregando entre 3 y 4 % del PBI anuales en más deuda externa?
De a ratos parece que el gobierno lleva mucho tiempo y apenas pasó el año. Tiene que asumir que para alcanzar la meta se requerirá mucha disciplina. Porque los cartuchos de la escopeta son muy limitados...
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