Cuidado con el país real...
Edición Nº 1044 - Viernes 18 de julio de 2025. Lectura: 5'
Por Julio María Sanguinetti
Más allá de los grandes números de una economía o sociedad, aletean realidades particulares. A veces no se advierte lo que va pasando en esos ámbitos y un día los grandes números también se complican.
En el caso uruguayo, los indicadores son razonables. El paciente no padece fiebre monetaria y aunque está algo obeso, está haciendo vida normal. Sin embargo, cuidado con los síntomas y algunas peligrosas aventuras, que pueden cambiar más de lo esperado.
El tema más reciente es la exportación de ganado en pie. Conozco el tema desde hace muchos años, cuando la industria de la carne padecía un monopolio del abasto a Montevideo y lujosas carnicerías se instalaban en la inverosímil “frontera” de Carrasco y La Paz. En lo personal contribuimos a salir de aquella actividad totalmente distorsionada y allí estuvo también presente el tema de la exportación de ganado en pie. Confieso que durante un tiempo defendí la prohibición en medio de una profunda crisis de la industria, en que los grandes monstruos extranjeros del barrio del Cerro iban cayendo, mientras avanzaban establecimientos más pequeños del interior. Esa prohibición defendía el abasto de materia prima para los grandes en caída y se iba resquebrajando con autorizaciones parciales. Finalmente, la realidad nos convenció de que había que dejar libre la exportación, porque era fundamental para el desarrollo ganadero y también para la industria, a la que la obligaba a tener la máxima eficiencia.
Hoy la realidad industrial es muy distinta y es inevitable mantener abierta la posibilidad de exportar el ganado en pie si la industria no ofrece un precio acorde con el mercado mundial. Es verdad que hay capacidad ociosa en las plantas, pero no solo pensamos en el desarrollo ganadero como en la propia libertad de mercado, cuando dos o tres grandes organizaciones industriales extranjeras concentran algo así como el 70% de las compras y ahora están en vías de una peligrosísima asociación, que agravaría enormemente la situación. Si hay un solo comprador de esa magnitud, sería muy difícil pensar en una verdadera competencia libre.
De todo lo dicho resulta que es muy mala la disposición de prohibir la exportación del ganado en pie, que rechina frontalmente con las ideas expuestas desde el Ministerio de Economía.
Mientras tanto, dos sindicatos tradicionalmente radicales tienen en jaque a dos industrias importantes. El de la pesca, con su constante presión, ha impedido un crecimiento mayor de esa actividad para la que geográficamente estaríamos destinados. Ahora, además, ya está atentando su misma sobrevivencia. En plena zafra parar la pesca, con irreparables daños comerciales y financieros, es criminal. Sobre todo porque no hay proporción entre el reclamo y la medida. No se está luchando contra la injusticia social. Se está reclamando un puesto más en la tripulación (digamos que un vicecapitán, que sustituye el titular cuando éste descansa) y por ese reclamo, que no figura en los convenios vigentes, se lleva a la crisis a todo un sector. Donde lo perdido ya está perdido, porque lo que no se pescó, no se pescó y a otra cosa.
El otro compañero de ruta es el sindicato de Conaprole. La industria láctea tuvo en las últimas décadas una expansión formidable. También vivimos, en el ejercicio del Ministerio de Industrias (de 1969 a 1971) y en el trabajo parlamentario, tiempos de monopolios y de cuotas rígidas, cuando se estaba recién insinuando la exportación. Ésta explota recién en los años 70 y 80 del siglo pasado, hasta lograr que el 70% de nuestra producción salga al exterior, luego de abastecer un mercado interno felizmente de alto consumo. La leche es un alimento notable para la nutrición infantil, con un precio más que razonable. Cuando se piensa que un litro de leche (que salva las neuronas de un niño en crecimiento) cuesta $44,00 y un refresco común el doble, se aprecia hasta qué punto es importante la leche. Además de esta dimensión, está la exportación, que ronda los 850 millones de dólares al año y llega a 80 países.
Desgraciadamente, la gran presión sindical y la economía de escala de Conaprole han generado niveles salariales que han dejado fuera de competencia a las industrias más pequeñas. Mientras, en la otra punta, la de la producción primaria, viene cayendo el número de tambos de un modo vertiginoso. Es una tarea muy sacrificada, exigente de tiempo y calidad. Allí no hay feriados.
La cuestión es que todo ha ido llegando a límites y también han cambiado los hábitos del consumidor, que se vuelca ahora con gran preferencia a la leche de larga vida. Conaprole plantea entonces el cierre de una pequeña planta en Rivera, que ocupa una veintena de trabajadores y hoy ya no tiene escala económica. Volvemos también a la desproporción entre el problema y las medidas. Porque Conaprole ofrece condiciones muy excepcionales para los eventuales despidos y no justifica llevar toda una industria a una paralización.
Añadamos a todo esto que la desindexación salarial que planteaba el Ministro Oddone, también se ha diluido hasta casi desaparecer. O sea que en la pulseada por mantener a raya la inflación, se ha perdido un mecanismo que, además, contribuía a mejorar el salario real. El viejo reflejo sindical de impulsar el salario nominal como razón de existir, vuelve a la carga.
Dicho todo lo cual, cabe señalar que pese a las definiciones macroeconómicas, a las líneas generales trazadas con acierto por el Ministro de Economía, paso a paso le han ido corriendo la línea. Y todo, de a poco, empieza a tomar un color preocupante.
El país macroeconómico todavía luce razonable. El real empieza a vivir problemas puntuales, que a poco de andar nos pueden llevar a todos a un indeseable desequilibrio.
No juguemos con los muebles, como se decía antiguamente.
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