Edición Nº 1080 - Viernes 8 de mayo de 2026

Cuando la memoria es frágil y la ideología necia

Viernes 8 de mayo de 2026. Lectura: 4'

Entre la memoria y la impostura ideológica, la historia reciente muestra que, cuando Uruguay estuvo al borde, el auxilio vino de donde hoy algunos prefieren denostar. La visita al portaaviones estadounidense reabre una verdad incómoda: en los momentos críticos, el pragmatismo salvó al país mucho más que la consigna.

Las relaciones entre la dictadura del Gral. Perón y el gobierno de don Luis Batlle Berres estuvieron caracterizadas por tensiones varias que surgían entre un gobierno autoritario y su vecino democrático, abierto a recibir a aquellos argentinos opositores que buscaban refugio desde donde continuar su actividad de resistencia al régimen. Son muchas las anécdotas de aquella época entre un país poderoso militarmente y una pequeña nación muy digna que resistía todo tipo de embates desde su vecina orilla.

Hoy readquiere vigencia y merecen ser recordados los hechos ocurridos durante los años 1953 y 1954. Tiempos de máxima tensión durante los cuales, desde Montevideo, se temía por una invasión desde la Argentina. Las referencias de aquella época cuentan que la inteligencia militar uruguaya sospechaba de una compra de lanchas de desembarco por parte del ejército argentino. Seguramente no eran para un desembarco en las Malvinas, que no figuraban en agenda por entonces.

La misma tradición oral cuenta que el entonces Ministro de Defensa uruguayo, el Esc. Ledo Arroyo Torres, convocó a los comandantes de las FFAA para consultarlos sobre cuánto podía resistir Montevideo ante una invasión militar argentina. La Armada fue contundente: Montevideo no era capaz de resistir 24 horas. El Inspector General del Ejército (por entonces incluía la aviación), Gral. Óscar Diego Gestido, fue algo más optimista. Dijo entonces que en 48 horas bloquearían el puerto, a la vez de hacer cabecera en el Río Negro. En el segundo día avanzarían sobre la capital. El propio Gral. Gestido le preguntó al ministro Arroyo Torres de qué le servía esa información. El ministro, en tono lacónico, le contestó: “Quiero saber cuánto tiempo tengo para llamar a Washington…”. Semanas más tarde, un submarino de la Armada estadounidense ingresó en la bahía de Montevideo de visita… “Andaba por acá y pasé a saludar…”. Por una u otra razón, los temores por una invasión argentina se diluyeron, hasta que en 1955 Perón fue derrocado.

Más acá en el tiempo, otro gobierno peronista, el del Dr. Néstor Kirchner, también de triste memoria y referencia, era motivo de fuertes tensiones entre las dos orillas del Plata. Los reclamos de los entrerrianos por la instalación de Botnia, empresa finlandesa elaboradora de celulosa, en la margen izquierda del Río Uruguay derivaron en un fuerte enfrentamiento, con cierre de los puentes que unen a ambos países a través del mencionado río. El presidente Kirchner apoyó los cortes de ruta en Gualeguaychú y consideró que el reclamo era un “asunto nacional”, lo que fue calificado como “ataques y amenazas” por parte del presidente uruguayo, Dr. Tabaré Vázquez, quien entonces procuró el apoyo del gobierno de George Bush, presidente de los Estados Unidos. Incluso el presidente Vázquez llegó a invocar la necesidad de un eventual apoyo militar por parte del gobierno estadounidense. En marzo de 2007 el presidente Bush visitó Uruguay, fortaleciendo la relación con el gobierno uruguayo, mientras el “kirchnerismo” realizaba actos contra el líder estadounidense. Por entonces el presidente Vázquez justificó su actitud expresando: “¿Qué debía hacer el presidente de un país pequeño? Resguardarse y pedir apoyos. Eso fue lo que se hizo, pedirle apoyo político y diplomático a Estados Unidos, que declaró que Uruguay era un país amigo (...)”.

Entre los hechos antes relatados, ambos de carácter militar, ocurrió la crisis económico-financiera y social del año 2002, heredada de la región, pero muy en particular de Argentina. Cuando el Fondo Monetario Internacional negó las indispensables ayudas a nuestro país para que la crisis no desembocara en una revuelta social, fue el gobierno estadounidense del presidente Bush quien puso a disposición los fondos necesarios para salir de aquella terrible ciénaga en la que nos hundíamos irremediablemente. Nuestro país, a través del gobierno del Dr. Jorge Batlle y su notable equipo económico, supo responder a esa ayuda en los siguientes años, al punto de entregar el gobierno con la economía del país en orden y en franco crecimiento.

Más aún, fue el gobierno estadounidense el primero en abrir su mercado a la carne uruguaya tras la crisis de la fiebre aftosa ocurrida en el año 2001, lo que fue determinante para que otros mercados hicieran lo propio. Fiebre aftosa también contagiada desde la costa oeste del río Uruguay…

Hoy el presidente Orsi, respondiendo a una invitación del gobierno estadounidense, visitó un portaaviones de la armada de ese país que lo esperó en aguas internacionales. Motivo para que una caterva de ideologizados se rasgue sus vestiduras antiimperialistas ante el altar del marxismo internacional. Cuando el país lo necesitó, el “imperialismo”, lejos de someternos, nos tendió una mano, mal que le pese a los revolucionarios de café…



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