Edición Nº 1069 - Viernes 20 de febrero de 2026

Cuando la identidad busca refugio

Viernes 20 de febrero de 2026. Lectura: 3'

Por Angelina Rios

En plazas y redes sociales, adolescentes que se identifican simbólicamente con animales comienzan a hacerse visibles bajo la etiqueta «therian». Más que una moda excéntrica, el fenómeno interpela a una sociedad que parece ofrecer cada vez menos certezas a sus jóvenes.

En algunas plazas de Montevideo y de otras ciudades de la región, empiezan a verse escenas que hasta hace poco tiempo hubieran parecido extrañas. Adolescentes con máscaras de animales, colas de peluche, movimientos que imitan a perros, gatos o zorros, y videos que circulan por redes sociales bajo la etiqueta de therians.

No se trata de un deporte ni de un juego competitivo, ni de una tribu urbana tradicional. Tampoco es simplemente un disfraz. Es una forma de identificación simbólica con animales, que se expresa en la estética, el movimiento y la pertenencia a comunidades digitales.

Quienes participan de estas comunidades suelen explicar que no creen ser animales en sentido literal. Más bien, se identifican con ciertos rasgos simbólicos: independencia, instinto, sensibilidad, libertad o pertenencia a una manada.

En ese sentido, el animal funciona como un refugio emocional, un espacio imaginario donde no existen la presión por la imagen en redes, la incertidumbre sobre el futuro ni la exposición constante al juicio de los demás.

Pero justamente ahí aparece la pregunta de fondo. Cuando un adolescente se siente más cómodo en la identidad simbólica de un animal que en su propia identidad humana, ¿qué nos está diciendo eso sobre la sociedad en la que vive?

Cada época tuvo sus formas de rebeldía juvenil: el rock, el punk, el hip hop, el skate, el cosplay. Todas esas expresiones tenían algo en común: eran identidades humanas alternativas, disruptivas, pero humanas al fin.

El fenómeno therian parece ir un paso más allá. No propone solo otra estética o música, sino otra forma simbólica de ser. Y eso puede leerse como un síntoma cultural.

Algunos adolescentes de hoy enfrentan un contexto distinto, marcado por la hiperconectividad permanente y la presión por la imagen y la validación digital.

Diversos estudios internacionales muestran un aumento sostenido de la ansiedad, la depresión y la sensación de soledad entre jóvenes. En ese marco, las comunidades therian pueden funcionar como refugios simbólicos.

El problema no está necesariamente en la máscara. El problema puede estar en lo que hay detrás.

Es posible que para algunos jóvenes sea solo un juego simbólico o una estética pasajera. Pero también es probable que, en otros casos, sea una señal de aislamiento, ansiedad o falta de integración.

Cuando una generación comienza a buscar refugio en identidades no humanas, la pregunta no debería dirigirse solo a los jóvenes, sino al entorno que los rodea.

Ninguna sociedad debería acostumbrarse a que sus jóvenes sientan que ser persona es demasiado difícil.

Días atrás, en un encuentro de therians en la Plaza Independencia, se acercaron hasta allí otros jóvenes solo para burlarse e insultarlos. El hecho evidenció la tensión en estas nuevas expresiones juveniles y la reacción social.

Más que ridiculizar el fenómeno, habría que preguntarse qué necesidades sociales expresa y prestarle más atención a la salud mental y a las políticas de integración juvenil.

Y la pregunta aparece inevitablemente: ¿es una expresión cultural juvenil o una señal de algo más profundo?



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