Cuando la garrapata es vector de la necedad política
Viernes 15 de mayo de 2026. Lectura: 6'
Por Tomás Laguna
Si bien la garrapata acompañó a la ganadería desde el fondo de la historia, y desde siempre se convivió con ella, en los últimos años se ha apreciado un preocupante incremento en los niveles de infestación y presencia de las enfermedades trasmitidas por este vector. Esta realidad que angustia ha terminado politizándose tras un cuestionado decreto del Poder Ejecutivo que deroga disposiciones de la anterior administración de gobierno, avaladas entonces por los mismos servicios técnicos del MGAP que hoy están en funciones, en el mezquino propósito de derivar culpas a las anteriores autoridades del MGAP.
La garrapata es responsable de la tristeza bovina, complejo de enfermedades hemoparasitarias (anaplasmosis y babesia) con incidencia importante en la merma productiva y, en casos extremos, la muerte del ganado. La tan invocada vacuna no deja de ser una solución, si bien solo logra cierta inmunidad con una efectividad del entorno del 80% de la población atendida, dependiendo del manejo que se haga. Estamos ante enfermedades cuya presencia resulta muchas veces impredecible y con efecto silencioso sobre el rodeo vacuno.
Este preocupante incremento en la presencia de garrapata está ocurriendo en regiones hasta no hace mucho tiempo consideradas libres, pero en particular en establecimientos donde no era motivo de preocupación alguna.
La inmediata explicación refiere a uno de los aspectos más temidos en la sanidad animal: la aparición de resistencia a una amplia gama de específicos veterinarios utilizados para su combate. En los inicios del control de la garrapata se acudió a los arsenicales, luego los órganofosforados, los piretroides y las “mágicas” ivermectinas. Todos productos hoy obsoletos en sus efectos. Para agravar la situación, otros productos efectivos como el Ethion y el Fipronil están hoy prohibidos.
Para complejizar el panorama, la primera medida de control ha sido desde siempre los campos limpios. Los pastizales y las malezas son reservorios aptos para la mejor reproducción de la garrapata, y es regla que cuanto mayor es la capacidad de reproducción también lo es la posibilidad de generar poblaciones resistentes. Pues bien, la falta de ovinos en nuestros campos como resultado de la pérdida de valor de la lana, agravada por la vulnerabilidad del rubro ante las jaurías de perros salvajes (¡¡nunca resuelta!!) y el abigeato, ha llevado a una drástica reducción de las ovejas, y con ello a una suerte de control natural en el crecimiento de las pasturas en esa muy sanitaria convivencia de vacunos y ovinos.
Finalmente, habría que agregar los cambios que se han producido en los sistemas productivos, con mayor rotación de animales, sistemas de producción más intensivos y consecuente mayor extracción y faena.
Como sea, los argumentos expuestos son circunstancias propias de nuestra ganadería sin razón que amerite asignar responsabilidades a nadie en particular, más allá de la que corresponde a nuestra propia institucionalidad en la materia.
La situación de muchos ganaderos en el norte de la República, zonas históricamente endémicas, está llegando hoy al límite. Productores de por sí responsables y que realizan un buen trabajo sanitario no logran evitar la pérdida de ganado, la que ocurre cual goteo persistente. Esto genera desesperación y, como tal, aumenta la disposición a aplicar acaricidas, cuyo uso en exceso contribuye, a su vez, a la mayor resistencia. Es que el uso indiscriminado de los acaricidas es parte del agravamiento de la infestación. Son muchas las regiones donde los ganaderos no remiten a industria ante la duda por los residuos de los específicos veterinarios, considerando que no hay periodo de espera que les otorgue seguridad. Como alternativa, remiten su ganado a los corrales de engorde del sur o bien a otros invernadores. No son pocos los que hoy entienden que era preferible sobrevivir a la sequía antes que este combate desigual con la garrapata. Más aún, sostienen que la mayor mano de obra propia de los ovinos está siendo requerida hoy por los vacunos.
Desde siempre las enfermedades y plagas de mayor prevalencia se han enfrentado a una misma disyuntiva: erradicación o convivencia. Lo primero, podemos aseverar, está harto demostrado que no funciona. No ocurrió con la aftosa; el resultado fue catastrófico, basta recordar el año 2001. Tampoco con la brucelosis. Durante la administración del anterior gobierno del conglomerado se planteó la erradicación de la brucelosis, lo que derivó en una agresiva campaña, rifle sanitario mediante. Aquella fue una situación límite en políticas sanitarias y sus daños colaterales al “santo botón” (valga la expresión coloquial); hoy se continúa conviviendo con la enfermedad en un intento de mantenerla controlada... En el caso que nos ocupa es de esperar que a ningún trasnochado se le ocurra plantear la erradicación. Lecciones ya aprendidas, resulta imposible una campaña en ese sentido ante las medidas extremas que tal objetivo exige y los costos inherentes.
Las políticas en materia de sanidad animal, como en sanidad vegetal, deben necesariamente ser políticas de Estado, exentas de contaminación política e ideológica, que se mantengan más allá del devenir de los distintos gobiernos. Pero ocurre que en este país todo está contaminado políticamente. Al menos dependiendo de la calidad humana y sensatez de los funcionarios con responsabilidad política en cada caso… El reciente decreto del Poder Ejecutivo, derogando disposiciones de la anterior administración en cuanto al movimiento de ganado en función de su condición sanitaria en materia de garrapata, es un claro ejemplo de esto último.
Llama la atención que los mismos servicios profesionales que dependen del MGAP y que avalaron las disposiciones anteriores hoy se desdicen de lo establecido durante el gobierno pasado, cuando se flexibilizó la presencia del ácaro en el ganado según el destino de la tropa. Medida que procuraba evitar la obsesión por “limpiar” al ganado de garrapatas y el consecuente uso excesivo de los acaricidas, con los riesgos de residuos en faena, además de promover la resistencia. El nuevo decreto establece una regulación estricta en cuanto a la no presencia del ácaro, descargando toda la responsabilidad sobre el productor y el profesional veterinario que debe otorgar el visto bueno sanitario para el despacho de tropa. Cambio de estrategia grueso, decisión 100% política, responsabilidad directa del ministro Fratti, que desde un primer momento ha sugerido las “listas negras” de productores por cuenta de los frigoríficos (ya nos referimos desde este espacio a este dislate), defensor a ultranza de la interdicción de predios, con el tremendo daño y angustia que provoca en los productores.
Los ganaderos crecen en indignación. Tras una visita reciente del ministro Fratti a Paysandú, luego de un encuentro con ganaderos del departamento para discutir el tema garrapata, se escucharon voces de mucho enojo: “nos encontramos con un ministro bastante soberbio, le hicimos planteos pero el Ministerio no está con ganas de escuchar”, mayor la indignación ante los dichos del ministro en cuanto a que “los productores son una manga de relajados”, que no saben hacer test de resistencia o bien instrumentar un plan sanitario, entre otras cosas…. La empatía y el respeto por sus interlocutores no son, precisamente, característica de este “cerrillero” ministro.
Lo del título, la garrapata vector también de la necedad política.
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