Edición Nº 1102 - Viernes 16 de octubre de 2026

Cuando la estadística se convierte en relato político

Viernes 16 de octubre de 2026. Lectura: 5'

Por Gonzalo Durañona

Un anuncio oficial convirtió una reducción estimada de la indigencia en motivo de celebración política, sin reparar en los márgenes de error. El autor cuestiona el uso selectivo de las estadísticas y advierte que superar la pobreza exige más que mejorar un indicador.

Presidencia de la República anunció que "la indigencia se redujo 33%" durante el primer semestre de 2026. Fernando Pereira salió a festejar los resultados en las redes sociales. Todo parecía justificar una celebración. El pequeño inconveniente es que, para conseguir semejante contundencia, hubo que dejar afuera una parte bastante importante de la estadística: el margen de error.

El INE estimó que la indigencia pasó del 1,8% en el primer semestre de 2025 al 1,2% en 2026. La cuenta es fácil: la diferencia entre ambos números equivale a una caída del 33%. Hasta ahí, ningún misterio.

El problema es que una encuesta no es un censo. El INE consulta una muestra de hogares y, a partir de ella, estima qué ocurre en todo el país. Por eso sus resultados tienen márgenes de error. En 2025, aquel 1,8% tenía un margen aproximado de ±0,4 puntos; en 2026, el 1,2%, de ±0,3.



Y entonces el espectacular 33% empieza a caerse a pedazos.

Si tomamos los extremos de esos rangos solamente para entender la magnitud de la incertidumbre, los mismos datos son compatibles incluso con un escenario en el que la indigencia hubiera aumentado alrededor de 7%. No significa esto que la indigencia haya aumentado, significa que la diferencia observada no resulta estadísticamente significativa.

Pero nada de eso llegó al titular. Se toma el número que luce, se deja fuera la incertidumbre que molesta y una encuesta que pide cautela termina convertida en un contundente anuncio de gobierno. Cabe preguntarse qué habrán pensado los técnicos del propio INE al ver el destino político de su trabajo. Ellos conocen perfectamente esas limitaciones. El INE entrega una estimación; Presidencia hace de ella un relato político.

La indigencia vista desde una ventana

Hay un antecedente que retrata bastante bien el problema. La senadora Blanca Rodríguez, que vino a "jerarquizar la política", aportó en mayo un método bastante más sencillo para evaluar esa situación: mirar por la ventana de su casa. Donde antes veía personas durmiendo en la calle, dijo, ya no las veía. Al día siguiente vinculó esa percepción con las medidas del gobierno y sostuvo que estaban comenzando a dar resultados.

Hay una dificultad bastante evidente: la ventana de la casa de Blanca Rodríguez tampoco es una muestra estadística del Uruguay. Además, indigencia monetaria y situación de calle no son exactamente lo mismo. Pero el episodio resulta ilustrativo de una forma de discutir los problemas sociales: cuando la percepción personal coincide con el relato, alcanza con mirar por la ventana; cuando aparece una encuesta, se toma el número más conveniente y se olvidan sus márgenes.

Quienes vivimos y nos movemos diariamente por Montevideo y otros centros poblados del área metropolitana sabemos que las situaciones de extrema vulnerabilidad no son una abstracción estadística. Las vemos en las calles, en las plazas, en las puertas de comercios y viviendas. Eso tampoco constituye una encuesta, por supuesto, pero debería alcanzar para entender que estamos ante un problema social demasiado serio como para reducirlo a un titular triunfalista.

¿Y la pobreza?

Con la pobreza, el titular también merece que se levante el capó antes de comprar el vehículo. El oficialismo exhibe una caída de 2,9 puntos porcentuales, obtenida al comparar las estimaciones centrales de 17,7% y 14,8%. Esta vez la diferencia sí supera el umbral de significación estadística, pero eso no convierte mágicamente esos 2,9 puntos en una medida exacta de cuánto cayó la pobreza.

También aquí hay márgenes de error:



Si tomamos los extremos más conservadores únicamente para visualizar esa incertidumbre, la diferencia de población en situación de pobreza entre ambos años podría ser de apenas 0,9 puntos porcentuales. El 2,9 que sirve para el festejo es la estimación central, no una cifra tallada en mármol.

Y todavía falta abrir la pregunta políticamente más importante: ¿qué hizo que esos hogares cruzaran la línea de pobreza? Porque una cosa es salir de la pobreza mediante trabajo, inversión, productividad y mejores ingresos; otra bastante distinta es quedar algunos pesos por encima de una línea gracias a transferencias estatales y presentar después ese movimiento estadístico como evidencia de prosperidad.

Si una familia estaba debajo de la línea de pobreza, recibe una transferencia, queda apenas por encima y volvería a caer en cuanto esa ayuda desapareciera, habremos logrado sacarla de una estadística. Todavía no conseguimos sacarla de la vulnerabilidad.

La realidad que no entra en el comunicado

Y ahí es donde el festejo empieza a encontrarse con preguntas bastante menos cómodas. ¿Qué inversiones relevantes están llegando al Uruguay? ¿Cuántas empresas abren y cuántas cierran? ¿Cuántos puestos de trabajo genuinos se están creando? ¿Están creciendo la productividad y los ingresos provenientes del trabajo?

Esas son las variables que permiten saber si estamos construyendo prosperidad o simplemente administrando la pobreza. Un país no supera la pobreza empujando familias unos pesos por encima de una línea; la supera cuando consigue que puedan permanecer allí por sus propios medios: educación, inversión, productividad y trabajo.

El INE hace su trabajo: mide una realidad difícil, publica estimaciones y establece sus limitaciones. Después entra la política. No hace falta cambiar un número para construir un relato político; a veces alcanza con elegir cuidadosamente cuál mostrar y cuál dejar en el cajón. Y por más festejos que haya en las redes sociales, la realidad tiene la desagradable costumbre de no leer los titulares de Presidencia.



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