Cuando la estabilidad no alcanza
Viernes 25 de setiembre de 2026. Lectura: 4'
Por Ruth Furtenbach
La autora sostiene que la estabilidad institucional y económica, aunque imprescindible, ya no basta para impulsar al país. Uruguay necesita, afirma, transformar esas fortalezas en inversión, productividad, crecimiento y desarrollo.
Uruguay ha consolidado buena parte de su prestigio a través de ciertas fortalezas como la estabilidad institucional, la seguridad jurídica, la inflación controlada y el cumplimiento de sus obligaciones. Sin embargo, a la luz de los acontecimientos de los últimos días, resulta evidente que esas condiciones, aunque indispensables, son insuficientes para impulsar el desarrollo.
La caída de la actividad económica durante el segundo trimestre, la discusión de la Rendición de Cuentas, el conflicto en el puerto de Montevideo y los reclamos formulados en la Expo Prado pueden parecer a primera vista asuntos diferentes. Sin embargo, todos revelan un mismo problema: la dificultad del país para crecer de manera sostenida y generar los recursos necesarios para responder a sus demandas sociales.
Frente a esta realidad, la respuesta del gobierno resulta insuficiente. Atribuir la desaceleración económica a factores climáticos no parece una explicación convincente ante la ausencia de una estrategia clara de crecimiento. La baja productividad, el costo del Estado, las dificultades para atraer y mantener inversiones y los obstáculos que enfrentan quienes producen y generan empleo no habrán comenzado exclusivamente con esta administración, pero corresponde al actual gobierno enfrentarlos.
Se percibe que hasta ahora el oficialismo ha demostrado una mayor facilidad para describir los problemas y presentarlos como parte de una herencia recibida que para adoptar decisiones concretas destinadas a resolverlos. En ese relato, parece olvidarse que el Frente Amplio gobernó el país durante quince años consecutivos y que, por tanto, no puede considerarse completamente ajeno a algunas de las dificultades estructurales que hoy denuncia.
La discusión de la Rendición de Cuentas muestra que las necesidades son muchas y que áreas esenciales como la educación, la seguridad, la infancia y la atención de las personas en situación de calle requieren respuestas que no pueden postergarse. No obstante, un Estado más costoso no es necesariamente un Estado más eficiente, ni una mayor asignación presupuestal garantiza, por sí sola, mejores políticas públicas. Hasta ahora, los resultados visibles han sido escasos y, en algunos ámbitos especialmente sensibles, como la seguridad, incluso muy preocupantes. El gobierno debería explicar no solo cuánto gasta, sino también qué resultados concretos espera obtener, en qué plazos y mediante qué mecanismos evaluará su cumplimiento.
Por otra parte, el conflicto en el puerto de Montevideo también exhibió las dificultades de la administración para adoptar decisiones oportunas. El Poder Ejecutivo demoró en intervenir mientras se acumulaban paralizaciones y aumentaba la incertidumbre para trabajadores, empresas y operadores del comercio exterior. Cuando finalmente estableció servicios mínimos obligatorios, una parte importante del daño ya estaba producido. En un país como el nuestro, que pretende incentivar su comercio exterior y presentarse como una plataforma logística confiable, la continuidad de la actividad portuaria debería ser de las primordiales.
De igual manera, los acuerdos comerciales y la apertura de nuevos mercados pierden buena parte de su valor si nuestras empresas enfrentan costos elevados, trámites excesivos o dificultades para transportar sus productos con regularidad. La inserción internacional no puede limitarse solo a firmar acuerdos, sino que exige preparar al país para competir. Y esa tarea requiere decisiones que el gobierno parece postergar para no enfrentar resistencias dentro de su propia base política.
En definitiva, considerando todos estos aspectos, el crecimiento económico no es un fin abstracto ni una aspiración exclusiva del sector empresarial, sino una condición indispensable para desarrollar políticas públicas, crear empleo y ampliar las oportunidades de todos los uruguayos.
Uruguay aún conserva fortalezas importantes, pero administrar la estabilidad que el país ha construido no equivale a conducir un proceso de transformación orientado al desarrollo y al crecimiento económico. Ricardo Pascale advirtió en una entrevista concedida a Montevideo Portal en 2021 que “la tiranía del corto plazo nos va consumiendo” y que “el futuro no está en el debate”. Su reflexión mantiene plena vigencia, ya que para avanzar no alcanza con atender las urgencias inmediatas; es necesario definir una estrategia de largo plazo, anticipar, decidir y ejecutar, incluso cuando las decisiones impliquen costos políticos.
La estabilidad fue una gran conquista. El desafío es transformarla en inversión, productividad y desarrollo. Porque un país puede mantenerse estable pero, al mismo tiempo, permanecer inmóvil.
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