Edición Nº 1100 - Viernes 2 de octubre de 2026

Cuando la Fed sube la tasa, Uruguay también paga

Viernes 2 de octubre de 2026. Lectura: 8'

La decisión de la Reserva Federal de Estados Unidos de volver a subir la tasa de interés para contener una inflación que se resiste a regresar a su objetivo parece lejana para una economía pequeña como la uruguaya. No lo es. Puede encarecer el financiamiento del país, fortalecer al dólar, presionar sobre los precios internos y afectar las exportaciones. Uruguay llega, sin embargo, mejor preparado que en otros períodos de turbulencia financiera internacional.

La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) resolvió el 16 de setiembre elevar en 25 puntos básicos su tasa de referencia, que pasó a ubicarse en un rango de 3,75% a 4%. Fue la primera suba en tres años y la decisión fue unánime. La explicación es sencilla: pese al endurecimiento monetario de los últimos años, la inflación estadounidense continúa por encima del objetivo de 2% establecido por la autoridad monetaria.

Más importante que el movimiento de un cuarto de punto es la señal enviada hacia adelante. Las proyecciones divulgadas por la propia Fed ubican la mediana de la tasa esperada para fines de 2026 en 4,1%, frente al 3,8% que se proyectaba en junio, y mantienen ese 4,1% para 2027. Al mismo tiempo, la inflación PCE prevista para este año fue elevada a 3,7%. Es decir: la Fed está transmitiendo a los mercados que la lucha contra la inflación puede requerir tasas altas durante más tiempo del que se esperaba.

¿Y qué tiene que ver todo esto con Uruguay? Bastante.

Un dólar potencialmente más fuerte

El primer canal de transmisión es el dólar. Cuando los títulos estadounidenses ofrecen rendimientos mayores, invertir en Estados Unidos se vuelve relativamente más atractivo. Parte del capital internacional puede abandonar activos considerados más riesgosos —entre ellos los de países emergentes— y regresar hacia instrumentos denominados en dólares.

Eso suele fortalecer a la moneda estadounidense y ejercer presión sobre las monedas de economías emergentes. No significa que el dólar necesariamente vaya a subir en Uruguay: el tipo de cambio local también depende de lo que ocurra con Brasil, China, Argentina, los precios de exportación y los movimientos propios de capitales. Pero la decisión de la Fed agrega una fuerza internacional que juega en favor de una moneda estadounidense más firme. Economistas uruguayos consultados después de la decisión han señalado precisamente ese canal, aunque advierten que el comportamiento del peso dependerá también de otros factores regionales y globales.

Una apreciación del dólar tendría dos caras para Uruguay.

Por un lado, aliviaría parcialmente la situación de sectores exportadores que desde hace tiempo advierten sobre los problemas de competitividad asociados a un peso relativamente fuerte. Por otro, un dólar más caro encarece bienes importados, combustibles, insumos y otros productos cuyos precios están directa o indirectamente vinculados a la moneda estadounidense.

Y allí aparece el segundo problema: la inflación.

Una complicación adicional para el Banco Central

El Banco Central del Uruguay mantiene actualmente la tasa de política monetaria en 5,75%. En agosto justificó esa decisión señalando que la inflación interanual se encontraba en 4,27% y que las expectativas a dos años estaban alineadas con la meta de 4,5%, aunque algunos componentes persistentes —particularmente determinados servicios— seguían requiriendo atención.

La Fed no obliga al BCU a subir su tasa. Las políticas monetarias de ambos países responden a realidades diferentes y Uruguay conserva autonomía para determinar la suya.

Pero la decisión estadounidense reduce el margen de comodidad.

Si las tasas norteamericanas más altas fortalecieran significativamente al dólar en Uruguay y ese movimiento comenzara a trasladarse a precios internos, el BCU tendría que incorporar ese nuevo factor a sus decisiones. En otras palabras, cuanto mayor sea la presión externa sobre el tipo de cambio y la inflación, más difícil resultará continuar relajando la política monetaria.

El Fondo Monetario Internacional acaba de señalar que el BCU debe continuar reaccionando a la información disponible y estar preparado para modificar su tasa mientras vigila los factores que inciden sobre la inflación. Al mismo tiempo, considera conveniente que el tipo de cambio funcione como amortiguador de los shocks externos.

Endeudarse será más caro

Probablemente el efecto más directo para las cuentas públicas aparezca en el costo del financiamiento.

La tasa de los bonos del Tesoro estadounidense funciona como referencia para buena parte de los mercados financieros internacionales. Uruguay paga, además de esa referencia, una prima asociada al riesgo que los inversores atribuyen al país.

Por tanto, aunque el riesgo Uruguay no aumente, una tasa internacional más alta puede elevar el costo total al que el Estado obtiene nuevos recursos.

Esto no significa que toda la deuda pública uruguaya se encarezca inmediatamente. Y aquí aparece una diferencia fundamental respecto de décadas anteriores.

Uruguay realizó durante años una estrategia deliberada de reducción de vulnerabilidades: aumentó el porcentaje de deuda denominada en moneda nacional, extendió los vencimientos y redujo considerablemente la exposición a tasas variables. Al cierre de 2025, 55,5% de la deuda bruta del Gobierno Central estaba denominada en moneda local y el plazo promedio hasta el vencimiento alcanzaba los doce años; apenas 5,6% vencía durante los doce meses siguientes.

Esa estructura funciona ahora como un seguro.

Una suba de tasas internacionales no provoca, por tanto, un aumento instantáneo y generalizado de los intereses que paga Uruguay. Pero sí encarece gradualmente las nuevas emisiones y la deuda que debe refinanciarse.

La diferencia es importante: no estamos frente a un problema financiero inmediato, sino ante un potencial aumento del costo fiscal futuro si las tasas internacionales permanecen elevadas durante un período prolongado.

Menos margen para un país con restricciones fiscales

Ese efecto adquiere particular importancia porque Uruguay no llega a esta coyuntura con abundante espacio fiscal.

El FMI señaló esta semana que, en su escenario base, la deuda del Sector Público No Financiero permanecería aproximadamente estable respecto del PIB a mediano plazo, pero advirtió sobre distintos riesgos y destacó la conveniencia de mejorar el resultado primario para colocar la deuda en una trayectoria descendente. También reconoció que la estrategia de desdolarización y administración de deuda aplicada por Uruguay reduce considerablemente los riesgos de refinanciamiento, tasa de interés y tipo de cambio.

Por eso, una etapa prolongada de dinero caro en el mundo constituye una dificultad adicional.

Cada dólar destinado al pago de mayores intereses es un dólar que no puede destinarse a otras políticas públicas. Y cuanto mayor sea el costo financiero internacional, más exigente será para Uruguay mantener simultáneamente sus compromisos de gasto y una trayectoria sostenible de deuda.

El otro riesgo: los precios de lo que Uruguay vende

Existe además un canal menos inmediato, pero potencialmente importante.

Las tasas elevadas buscan precisamente enfriar la economía estadounidense. Si el endurecimiento monetario terminara provocando una desaceleración relevante en Estados Unidos y contribuyera a enfriar la actividad mundial, podría disminuir la demanda internacional y afectar los precios de las materias primas.

Para Uruguay esto importa especialmente.

Carne, celulosa, soja y lácteos continúan ocupando posiciones centrales en la estructura exportadora. En mayo, por ejemplo, esos cuatro rubros estuvieron entre los cinco principales productos exportados por el país, mientras China, la Unión Europea, Brasil y Estados Unidos figuraron entre sus principales mercados.

Un mundo creciendo menos puede significar menores precios para algunos de esos productos. Y allí el efecto deja de ser estrictamente financiero: menores precios de exportación significan menos ingreso de divisas, menor rentabilidad para sectores productivos y eventualmente menor actividad económica.

No es un resultado inevitable. Dependerá de la magnitud y duración del ajuste monetario estadounidense y, especialmente, de lo que ocurra con China y con los mercados específicos de los principales productos uruguayos.

No es 2002, ni tampoco es inocuo

Uruguay tiene hoy defensas que no poseía en anteriores períodos de turbulencia internacional.

La deuda está mucho menos dolarizada, sus vencimientos son largos, la exposición a tasas variables es reducida, las reservas proporcionan un importante respaldo y el país conserva acceso a los mercados internacionales en condiciones comparativamente favorables. La propia estrategia de financiamiento del Gobierno ha continuado privilegiando instrumentos en moneda nacional.

Eso permite evitar una lectura alarmista de la decisión de la Fed.

Pero sería igualmente equivocado considerarla irrelevante.

El verdadero interrogante no es qué efecto tendrá sobre Uruguay una suba de 25 puntos básicos. Por sí sola, probablemente sea manejable. La cuestión es qué sucederá si este movimiento representa el comienzo de un período prolongado de tasas estadounidenses más altas.

En ese escenario Uruguay enfrentaría simultáneamente un financiamiento externo más costoso, posible presión alcista sobre el dólar, menores márgenes para reducir su propia tasa de interés y, si la economía mundial se desacelera, riesgos adicionales sobre los precios de sus exportaciones.

La paradoja es conocida para las economías pequeñas: Uruguay no tiene ninguna incidencia sobre la decisión que tomó la Reserva Federal, pero deberá administrar cuidadosamente sus consecuencias.

La Fed sube la tasa para combatir la inflación de Estados Unidos. Parte de la cuenta, como tantas veces ocurre en una economía mundial profundamente interconectada, puede terminar pagándose bastante lejos de Washington.



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