Cuando el delito tiene cara de adolescente
Viernes 25 de setiembre de 2026. Lectura: 4'
Por Angelina Rios
Once jóvenes entraron a un supermercado de Paso Molino bajo la modalidad conocida como robo piraña. Ocho tenían entre 14 y 17 años. Los otros tres, 18 y 19. El episodio vuelve a poner frente a una pregunta que excede a la seguridad pública: qué ocurre antes de que adolescentes y jóvenes que deberían estar construyendo su futuro aparezcan juntos protagonizando un hecho delictivo.
Hay imágenes que llaman la atención por la violencia. Otras, por la cantidad de personas que participan. Pero algunas inquietan especialmente cuando se conoce la edad de sus protagonistas.
Eso ocurrió esta semana, en Paso Molino.
Un grupo ingresó a un supermercado mientras otros permanecieron afuera. Hubo amenazas y en pocos minutos se llevaron bebidas y mercadería. La Policía actuó rápidamente y detuvo a once personas a pocas cuadras del comercio.
Entonces apareció el dato que cambió la mirada sobre el episodio. Ocho tenían entre 14 y 17 años. Los otros tres, apenas 18 y 19.
Jurídicamente, existe una frontera clara entre unos y otros. Socialmente, estamos prácticamente frente a una misma generación.
El propio comerciante, después de sufrir el décimo robo en su establecimiento, lo resumió con una frase sencilla: “Son botijas, tendrían que estar estudiando”.
Más allá del episodio
La responsabilidad por un delito es individual y la edad no disminuye el daño provocado a quien es amenazado o despojado de sus bienes.
Pero detenerse únicamente en el momento del robo deja afuera una parte del problema.
¿Qué ocurrió antes? No conocemos la trayectoria educativa, familiar o social de cada uno de los jóvenes detenidos en Paso Molino. Sería incorrecto atribuirles una historia que no conocemos.
Sí sabemos lo que muestran los datos sobre adolescentes que ya ingresaron al sistema de responsabilidad penal.
El Censo 2025 del INISA reveló que el 85% de los adolescentes que se encontraban bajo su órbita no había terminado el ciclo básico al momento de ingresar. El dato no significa que abandonar los estudios conduzca al delito. Tampoco explica por sí solo las trayectorias de quienes delinquen. Pero muestra una fractura que merece atención.
El vínculo que se pierde
La educación no es solamente el lugar donde se aprenden matemáticas, lengua o historia. También organiza tiempos, genera vínculos, establece referencias y mantiene a los adolescentes conectados con una institución.
Cuando ese vínculo se debilita o desaparece, reconstruir una trayectoria se vuelve más difícil.
La ANEP y el INISA vienen trabajando para conocer la situación educativa de cada adolescente bajo responsabilidad del instituto y elaborar propuestas que permitan recuperar esos recorridos.
Pero cuando un adolescente ya ingresó al sistema penal, estamos interviniendo después. El desafío más difícil está antes.
Una modalidad que reaparece
El episodio de Paso Molino llamó la atención también por su forma. Un grupo numeroso actuando rápidamente, algunos ingresando al comercio y otros permaneciendo fuera.
Horas después se conoció otro robo bajo modalidad piraña en una farmacia de Tres Cruces. Los responsables llegaron en motos, rompieron un vidrio y se llevaron perfumes. Por ese episodio fue detenido un adolescente.
Dos casos no permiten afirmar que Uruguay esté frente a una nueva tendencia. Las propias estadísticas oficiales muestran que durante el primer semestre de 2026 las rapiñas disminuyeron 4% y los hurtos 7,5% respecto del mismo período del año anterior.
Pero la aparición de grupos de adolescentes y jóvenes que actúan colectivamente merece atención. No solamente por cómo delinquen. También por la edad a la que empiezan a hacerlo.
Llegar antes
Frente a un delito corresponde la actuación de la Policía, la Fiscalía y la Justicia. En Paso Molino, la respuesta policial permitió detener rápidamente a los once involucrados.
Pero una política de seguridad no comienza cuando llega el patrullero.
Si entre los adolescentes que ingresan al sistema penal existe un nivel tan alto de rezago educativo, la prevención también involucra a la educación, las políticas sociales, las familias y las oportunidades que aparecen —o no aparecen— mucho antes.
No se trata de sustituir responsabilidad por explicación. Se trata de entender que ambas pueden coexistir.
Los jóvenes involucrados en el episodio de Paso Molino deberán responder de acuerdo con lo que determine la Justicia. Sus edades, sin embargo, dejan planteada una pregunta que ya no es individual: ¿cuánto antes estamos llegando a esos botijas?
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