Crecer menos de lo prometido: la señal de alerta del Comité de Expertos
Edición Nº 1070 - Viernes 27 de febrero de 2026. Lectura: 4'
El recorte en las proyecciones de crecimiento para 2026 no es un simple ajuste estadístico: confirma que los supuestos del Presupuesto eran demasiado optimistas y coloca bajo presión el cumplimiento de las metas fiscales. Con una economía que crecerá menos de lo previsto, el margen para sostener el equilibrio de las cuentas públicas se estrecha y obliga a replantear expectativas antes de que el desvío se transforme en problema estructural.
Las últimas proyecciones del Comité de Expertos creado por la Ley de Urgente Consideración (LUC) y convocado por el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) no son un mero ajuste técnico. Son, en rigor, una advertencia. Y una advertencia seria.
El informe más reciente del Comité (Acta N° 5 del 19 de febrero pasado) recorta la proyección de crecimiento para 2026 a 1,8%, por debajo de los supuestos utilizados en la elaboración del Presupuesto quinquenal, que descansaban en una expansión más robusta. También ajusta a la baja el PIB potencial para los próximos años, ubicándolo en torno al 2,1% promedio en el período 2026-2029. No es una diferencia marginal: es un cambio de escenario.
Y lo más inquietante es que esta corrección no sorprende a quienes vienen siguiendo el debate desde el año pasado. Cuando el Poder Ejecutivo envió el proyecto de Presupuesto al Parlamento, prácticamente todos los analistas económicos advirtieron que los supuestos de crecimiento eran excesivamente optimistas. Se señaló entonces que el marco macroeconómico descansaba en una dinámica regional incierta, un contexto internacional volátil y una capacidad de expansión doméstica limitada. La señal fue clara: si el crecimiento no se materializaba como estaba proyectado, las metas fiscales quedarían bajo presión.
Hoy esa advertencia empieza a confirmarse.
El problema no es solo crecer menos
Una décima menos de crecimiento puede parecer irrelevante en el plano discursivo. En el plano fiscal, no lo es. Un menor crecimiento implica:
- Menores ingresos tributarios respecto a lo proyectado.
- Mayor dificultad para cumplir con la meta de resultado fiscal estructural.
- Tensiones adicionales sobre el gasto, en un contexto donde muchas erogaciones son rígidas.
- Menor margen para absorber shocks externos.
El Presupuesto fue construido sobre una determinada senda de expansión económica. Si esa senda se corrige a la baja, el equilibrio del edificio fiscal empieza a resentirse. El Comité de Expertos no fija políticas, pero su revisión implica que el Estado deberá recaudar menos de lo previsto o ajustar expectativas.
Además, el recorte del PIB potencial es una señal aún más estructural: no se trata solo de un bache coyuntural, sino de una economía que, según la nueva estimación, tiene menos capacidad de crecimiento sostenido que la supuesta en la planificación oficial. Eso condiciona toda la estrategia fiscal y de endeudamiento.
Inflación y dólar: estabilidad que no compensa
El Comité proyecta una inflación en torno al 4,3% para 2026, dentro del rango meta, y un dólar relativamente estable cerca de los 40 pesos a fin de año. Estos datos aportan previsibilidad macroeconómica, pero no compensan el impacto de un menor crecimiento.
De hecho, una inflación más baja también implica menor recaudación nominal en ciertos tributos. Y un tipo de cambio estable, si bien reduce riesgos financieros, no necesariamente dinamiza la actividad exportadora en un contexto regional complejo.
La luz amarilla que se enciende
La institucionalidad fiscal uruguaya fue fortalecida justamente para evitar desvíos basados en supuestos optimistas. El rol del Comité es, en ese sentido, actuar como un contrapeso técnico. Su mensaje ahora es inequívoco: el escenario es más débil que el contemplado originalmente.
Si el crecimiento no converge hacia los niveles presupuestados, el gobierno enfrentará tres caminos posibles:
1. Ajustar el gasto.
2. Incrementar presión tributaria.
3. Permitir un desvío de la meta fiscal.
Ninguno de ellos es políticamente neutro ni económicamente inocuo.
La economía uruguaya no está en crisis. Pero la distancia entre el crecimiento proyectado y el crecimiento real es un recordatorio de que las cuentas públicas no pueden sostenerse sobre hipótesis voluntaristas. Lo que en el Parlamento se advirtió como exceso de optimismo hoy empieza a aparecer como una restricción concreta.
El Comité de Expertos no dramatiza. Pero sus números, leídos con rigor, sí deberían hacerlo.
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