Cosse y el síndrome del gasto público compulsivo
Viernes 8 de mayo de 2026. Lectura: 4'
Mientras Uruguay discute déficit, jubilaciones y restricciones fiscales, Carolina Cosse decidió impulsar una nueva obra monumental alrededor del Palacio Legislativo. El proyecto tomó por sorpresa incluso al oficialismo, generó dudas en la propia Intendencia de Montevideo y expuso una vez más la fascinación de la vicepresidenta por el gasto grandilocuente. Peor aún: el presidente Yamandú Orsi salió a respaldar el dislate, confirmando que en el gobierno tampoco parece haber demasiado sentido de ubicación fiscal.
La vicepresidenta Carolina Cosse volvió a hacer lo que mejor sabe hacer: imaginar obras monumentales con plata ajena. Esta vez no fue un Antel Arena, ni una ciclovía imposible, ni una reforma urbana de dudosa prioridad en Montevideo. Ahora la exintendenta decidió lanzar un ambicioso proyecto para transformar el entorno del Palacio Legislativo, con un nuevo edificio anexo, cambios profundos en la circulación vial y una semipeatonalización parcial sobre General Flores, todo en nombre de los 100 años del edificio parlamentario.
El problema no es únicamente el costo —que todavía nadie logra precisar con claridad— sino la desconexión absoluta entre las prioridades reales del país y las obsesiones arquitectónicas de una dirigente que parece convencida de que gobernar consiste en dejar renders y maquetas. Porque mientras Uruguay arrastra déficit fiscal, problemas de competitividad, deterioro educativo y presión creciente sobre el gasto público, la presidenta de la Asamblea General entendió que era el momento ideal para impulsar una remodelación faraónica del Parlamento.
Y lo más notable es que ni siquiera su propio oficialismo estaba enterado.
Según reconstruyó El Observador en nota de Ramiro Pisabarro, la iniciativa tomó por sorpresa a la bancada del Frente Amplio. En reuniones previas de coordinación legislativa el tema jamás había sido planteado formalmente por Cosse. Recién cuando el proyecto explotó públicamente tras una filtración periodística, varios legisladores oficialistas se enteraron de su existencia mirando televisión. La reacción interna fue una mezcla de desconcierto, cautela y silencio incómodo.
La vicepresidenta respondió atribuyendo todo a una “operación de prensa”, denunciando una supuesta “disrupción” y una “deformación de la realidad” por parte de la oposición. Luego, ya en conferencia de prensa, insistió en victimizarse: “No esperábamos la operación de prensa que sucedió”. Como si el problema fuera que la ciudadanía se enterara de sus planes y no el contenido mismo de esos planes.
Pero el desconcierto no quedó restringido al Parlamento. Incluso dentro de la Intendencia de Montevideo —administrada por el propio Frente Amplio— aparecieron objeciones y “varias dudas”, especialmente por el impacto vial y urbano del proyecto. Técnicos de la comuna reconocieron reservas respecto a las modificaciones previstas para el tránsito y la movilidad hacia el oeste de Montevideo. Es decir: ni siquiera en la estructura política y técnica que gobernó Cosse durante años parecen demasiado convencidos de que esta idea tenga sentido.
La oposición, naturalmente, reaccionó con dureza. Legisladores blancos y colorados calificaron la propuesta como otra “obra faraónica” y cuestionaron que semejante iniciativa aparezca en un contexto económico donde el discurso oficial habla permanentemente de restricciones fiscales y necesidades sociales urgentes. Y cuesta discutirles demasiado. Porque el proyecto transmite exactamente eso: la lógica de la política espectáculo, de la monumentalidad vacía, del dirigente que cree que el legado se mide en cemento.
Más aún cuando la propia Cosse defendió el plan apelando a argumentos vaporosos sobre espacios públicos, integración urbana y resignificación ciudadana del entorno parlamentario. Conceptos ampulosos que suenan muy bien en un seminario de urbanismo progresista, pero que se vuelven bastante menos convincentes cuando la cuenta la pagan contribuyentes exhaustos.
En ese contexto, el presidente Yamandú Orsi perdió una oportunidad magnífica de guardar silencio. En vez de tomar distancia prudente frente a un proyecto polémico, costoso y claramente improvisado, decidió respaldar públicamente a Cosse y declaró que le “sorprendieron las críticas”. Una frase reveladora. Porque si realmente le sorprende que exista resistencia a gastar millones en un nuevo complejo parlamentario mientras el país discute déficit, jubilaciones y presión tributaria, entonces el problema no es solo Cosse. También es un presidente que parece no tener demasiado claro dónde está parado en materia fiscal.
El episodio deja además otra enseñanza política: la persistencia de una forma de ejercer el poder donde la escala importa más que la prioridad, donde el impacto visual pesa más que la racionalidad presupuestal y donde toda crítica es automáticamente reducida a una conspiración mediática o a una maniobra opositora.
La paradoja final es casi perfecta. La dirigente que convirtió el gasto grandilocuente en una marca personal ahora impulsa un megaproyecto que ni su bancada conocía, que la propia Intendencia observa con reservas y que el gobierno nacional sale a defender casi por reflejo corporativo. Todo mientras Uruguay discute cómo contener el gasto y sostener un equilibrio fiscal cada vez más delicado.
Hay políticos que parecen incapaces de resistirse a cortar cintas. Y hay otros que directamente necesitan imaginar nuevas cintas para seguir existiendo políticamente. Cosse pertenece claramente a la segunda categoría.
|
|
 |
La línea roja cruzada: la incertidumbre previsional empieza a cotizar
|
La enfermedad “infantil” Julio María Sanguinetti
|
Humanidades: cuando la consigna reemplaza al pensamiento
|
30%: la cifra que debería encender todas las alarmas
|
Lula negocia, ¿y Uruguay...?
|
Cuando la memoria es frágil y la ideología necia
|
PachaLeaks: el misterioso país donde la nafta uruguaya es barata
|
Cosse y el síndrome del gasto público compulsivo
|
Salud Pública en ebullición: renuncias, blindajes y un ministerio cada vez más cerrado
|
Competitividad: los deberes que Uruguay no puede seguir postergando
|
El antiyanquismo Luis Hierro López
|
Nathalie Barbé: si no gano, no vale Santiago Torres
|
Brasil y su denuncia de dumping lácteo, burda expresión de proteccionismo primario Tomás Laguna
|
Cuando el Estado decide por usted Juan Carlos Nogueira
|
1o. de Mayo: una reflexión sobre el Día de los Trabajadores Jonás Bergstein
|
Montevideo, ¿qué te han hecho? Angelina Rios
|
La comunicación política Alfredo Menini
|
La estación vuelve, el tren no Alicia Quagliata
|
El valor de lo cotidiano Susana Toricez
|
Irán abre otro frente y deja al descubierto sus fisuras internas
|
Una medida simbólica... y profundamente equivocada
|
Adorni: un escándalo en expansión
|
Trump y su fracaso en Irán
|
Frases Célebres 1079
|
Así sí, Así no
|
|