Cosse marca distancia
Viernes 21 de agosto de 2026. Lectura: 6'
Carolina Cosse dejó de limitarse a acompañar al gobierno de Yamandú Orsi y comenzó a diferenciarse de él. Admitió el descontento ciudadano, cuestionó la lentitud de la gestión, hizo suyas las críticas de la militancia y reclamó explicaciones a Cancillería. Rodeó sus reproches de algunas frases de respaldo, pero el movimiento político resulta inocultable: la vicepresidenta empieza a tomar distancia.
La entrevista de Carolina Cosse en el programa Lado B, de TV Ciudad, no fue un inocente ejercicio de reflexión ni una simple defensa del gobierno con algunos matices. Fue una operación de posicionamiento político. La vicepresidenta cuidó las formas, elogió el rumbo general y reconoció el trabajo del Poder Ejecutivo, pero utilizó cada uno de esos respaldos como antesala de una crítica. A esta altura, la acumulación de reparos permite advertir algo más que diferencias puntuales: Cosse comenzó a despegarse de Yamandú Orsi.
Lo primero que hizo fue reconocer aquello que buena parte del oficialismo todavía intenta relativizar: existe un profundo descontento con el gobierno. “Es innegable”, afirmó, y agregó que “no se puede mirar para otro lado”. No habló de una percepción exagerada por la oposición ni de una simple dificultad comunicacional. Admitió un problema político real, que alcanza incluso a quienes votaron al Frente Amplio.
Los números respaldan esa afirmación. La última medición de Opción registró 57% de opiniones negativas sobre el gobierno y apenas 19% de valoraciones positivas. La desaprobación de Orsi llegó a 50%, frente a una aprobación de 22%. Más grave para el oficialismo es el deterioro dentro de su propio electorado: desde el comienzo del período, las opiniones positivas entre los votantes frenteamplistas cayeron de 61% a 39%, mientras las negativas aumentaron de 2% a 28%, según informó El Observador.
Mientras otros dirigentes buscan impugnar las encuestas o responsabilizar a la oposición, Cosse decidió colocarse del lado de los descontentos. Ya lo había hecho durante el acto del Frente Amplio en el teatro El Galpón, cuando recordó que las recorridas de El Frente Amplio te escucha habían recogido dolor, quejas, críticas, planteos y propuestas. Su respuesta a la militancia fue inequívoca: “Tienen razón”.
La frase no constituyó una autocrítica genérica, de esas en las que todos reconocen errores para que nadie asuma responsabilidades. Cosse les dio la razón a quienes cuestionan la marcha del gobierno. Y agregó que no todos los problemas vienen de afuera y que el oficialismo debe observar la viga en el ojo propio. En otras palabras, rechazó la cómoda explicación de que las dificultades obedecen exclusivamente a la herencia recibida, la oposición, los medios o una conspiración contra la política. Hay errores propios y están dentro del gobierno que encabeza Orsi.
Caras y Caretas presentó sus declaraciones como una autocrítica. Pero Cosse hizo algo políticamente más hábil: se incluyó formalmente en la responsabilidad colectiva mientras se ubicaba como intérprete de quienes reclaman cambios. Comparte el gobierno, pero comienza a hablar como si estuviera llamada a corregirlo.
La vicepresidenta sostuvo que el Poder Ejecutivo trabaja “mucho y en serio” y mantiene un rumbo justo. Sin embargo, inmediatamente señaló que el gobierno a veces “carece del ritmo que las cosas tienen hoy”. La cortesía de la primera frase no neutraliza la dureza de la segunda. Si la gestión carece del ritmo que exige la realidad, entonces llega tarde. Y un gobierno que llega tarde a los problemas termina siendo percibido como un gobierno sin iniciativa, incapaz de transformar sus anuncios en resultados.
La falta de ritmo ha sido una de las debilidades más visibles de Orsi: decisiones demoradas, problemas que se prolongan, diagnósticos que sustituyen a las soluciones y una comunicación presidencial que demasiadas veces parece ir detrás de los acontecimientos. Cosse evitó nombrarlo directamente, pero en un régimen presidencialista el ritmo del gobierno lo impone, antes que nadie, el presidente. El cuestionamiento tiene un destinatario evidente.
La propuesta de hacer “más y mejor política” tampoco debe ser recibida como una frase vacía. Cosse reclamó un diálogo profundo, sostenido y sistemático con la población y afirmó que se necesita “mucho Frente Amplio”. Ambas observaciones contienen una censura a la conducción actual. Si hace falta un diálogo más profundo es porque el existente resulta superficial o insuficiente. Si se necesita más Frente Amplio es porque el gobierno se ha distanciado de su fuerza política y, sobre todo, de una militancia que esperaba cambios más rápidos y contundentes.
La vicepresidenta está disputando la interpretación del malestar. Para algunos integrantes del oficialismo, el problema radica en que el gobierno no comunica adecuadamente todo lo que hace. Para Cosse, en cambio, no alcanza con mejorar el relato: hay que escuchar, corregir y acelerar. El problema no sería solamente cómo se cuenta la gestión, sino la gestión misma.
En seguridad fue más prudente, aunque tampoco ofreció un respaldo ilimitado. Admitió que la inseguridad es un problema grave y pidió tiempo para la aplicación del Plan Nacional de Seguridad. Pero dejó establecida una condición: habrá que evaluarlo y cambiar lo que no funcione. Es decir, se negó a anticipar un éxito y preparó el terreno para reclamar modificaciones si los resultados no aparecen. El apoyo al Ministerio del Interior quedó sujeto a examen.
El golpe más directo estuvo dirigido a la política exterior. Cosse recordó que los frenteamplistas tienen especialmente arraigados principios como la autodeterminación de los pueblos, la solución pacífica de los conflictos y el respeto a la soberanía. Luego consideró legítimo que reclamen claridad sobre algunas decisiones adoptadas por el gobierno.
Consultada sobre una eventual pérdida de soberanía, sostuvo que en “varias” acciones “falta información” y reclamó “más o mejor información de Cancillería”, de acuerdo con El Observador. No habló de una duda marginal ni de un episodio aislado. Habló de varias actuaciones y puso en cuestión la información proporcionada por el ministerio que dirige Mario Lubetkin.
Que una vicepresidenta afirme públicamente que faltan explicaciones de Cancillería es una desautorización política. Significa que ni siquiera dentro de la conducción oficialista existe claridad suficiente sobre decisiones sensibles y que el gobierno no ha logrado convencer a su propia fuerza política de que está respetando sus principios tradicionales. Lubetkin es el destinatario inmediato, pero la responsabilidad final vuelve a recaer sobre Orsi, que conduce la política exterior.
El País destacó las expresiones con las que Cosse defendió el rumbo de la administración. Pero la sustancia política estuvo en los reparos: el gobierno trabaja, aunque no tiene el ritmo necesario; posee un rumbo justo, aunque genera descontento; cuenta con un plan de seguridad, aunque puede requerir cambios; desarrolla una política exterior, aunque no brinda información suficiente; y pertenece al Frente Amplio, aunque necesita mucho más Frente Amplio.
No hubo ruptura, porque Cosse no necesita romper. Le alcanza con comenzar a construir una identidad diferenciada dentro del oficialismo. Puede acompañar los aciertos, marcar los errores y presentarse ante la militancia como la dirigente que escucha aquello que el gobierno no estaría escuchando. Es una posición políticamente cómoda y potencialmente rentable.
La vicepresidenta no atacó frontalmente a Orsi, pero tampoco habló como una integrante disciplinada de su equipo. Habló como una dirigente con poder propio, consciente del deterioro presidencial y dispuesta a ocupar el espacio que deja una conducción vacilante. Sus elogios preservaron las apariencias; sus críticas expresaron el verdadero mensaje.
Cosse marca distancia. Y comenzó a hacerlo cuando el gobierno atraviesa su peor momento de opinión pública, cuando crece la insatisfacción dentro del Frente Amplio y cuando Orsi todavía no encuentra la manera de recuperar la iniciativa. En política, semejante coincidencia difícilmente sea casual.
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