Edición Nº 1089 - Viernes 17 de julio de 2026

Construyendo nidos

Viernes 17 de julio de 2026. Lectura: 2'

Por Susana Toricez

La construcción de un hogar, ya sea con ladrillos o con barro, revela una misma verdad: el futuro se edifica con esfuerzo, paciencia y perseverancia. A partir de una escena cotidiana, la autora reflexiona sobre las distintas maneras en que la adversidad puede convertirse, según quién la enfrente, en obstáculo o en oportunidad.

Hay observaciones cotidianas que reflejan, como espejos, la condición humana.

Pequeñas postales de la vida misma que nos devuelven una lección de aprendizaje y dignidad.

Hoy fui testigo de dos formas idénticas de tenacidad que se cruzaron bajo el mismo cielo encapotado.

En el terreno vecino, una pareja joven le hace frente al porvenir con lo que tiene: sus propias manos y el resto de energía que les queda tras la jornada laboral. Los veo llegar cansados, despojarse del rol de empleados y calzarse el de constructores de su propio destino. No esperan nada de nadie.

Hay un sacrificio enorme en cada ladrillo puesto, en cada pincelada que dan robándole horas al descanso, midiendo cada gasto en un país donde levantar paredes cuesta hasta el alma.

Hoy, la lluvia llegó sin aviso. Y con ella, la lógica impotencia, y la rabia contenida de ver cómo el agua frena el trabajo, estropea la mezcla y posterga el sueño. Para ellos, el cielo gris fue un freno, una tregua obligada en su carrera contra el tiempo.

Sin embargo, a pocos metros, en el árbol de mi jardín, la misma lluvia dictaba una sentencia contraria.

Una pareja de horneros trabajaba en su propia arquitectura silenciosa.

Al caer las primeras gotas, lejos de refugiarse, ¡parecieron celebrar!

Para estas aves, el agua no es un límite, sino la materia prima indispensable; es la que ablanda la tierra y les permite moldear el barro, poquito a poco, con una paciencia milenaria.

Con lo que el cielo le quitaba a los jóvenes, las aves bendecían su jornada con gorjeos, acarreando el lodo con el que sellan las paredes de su hogar.

¡Qué notable paradoja la de estos dos nidos en construcción!

Unos renegando del agua, los otros celebrándola, pero ambos impulsados por la misma fuerza soberana: el instinto noble de fundar un refugio para la vida.

Una lección de persistencia que nos recuerda que, aún bajo la tormenta y a distintos ritmos, el porvenir sólido siempre se construye desde abajo, con amor y mucha paciencia.



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