Edición Nº 1098 - Viernes 18 de setiembre de 2026

Conectividad aérea

Edición Nº 1098 - Viernes 18 de setiembre de 2026. Lectura: 3'

Por Angelina Rios

Uruguay apuesta a ampliar su conexión con el mundo y acaba de anunciar un nuevo régimen de incentivos para atraer más vuelos y turistas. Al mismo tiempo, las dificultades de las rutas hacia Salto y Rivera vuelven a poner sobre la mesa otra dimensión del problema: cómo asegurar que la conectividad aérea también contribuya a integrar el territorio.

El gobierno reglamentó el Régimen de Incentivo a la Conectividad Aérea Internacional, una herramienta destinada a estimular el aumento de pasajeros extranjeros y la incorporación de nuevas rutas. El Ministerio de Turismo y Aeropuertos Uruguay aportarán conjuntamente hasta US$ 2,5 millones por año para financiar los incentivos.

La iniciativa tiene una lógica clara. Para un país que necesita ampliar mercados turísticos, mejorar su accesibilidad y generar actividad, conseguir nuevas conexiones internacionales constituye una oportunidad.

Pero mientras Uruguay mira hacia afuera, dentro de sus fronteras algunas de las conexiones que hasta hace poco se presentaban como una apuesta a la integración atraviesan dificultades.

Paranair suspendió temporalmente durante setiembre sus vuelos regulares entre Montevideo y Salto, mientras la operativa hacia Rivera también sufrió modificaciones. La situación motivó al senador Tabaré Viera a presentar un pedido de informes al Poder Ejecutivo, en el que solicitó información sobre las causas de las interrupciones, la disponibilidad de controladores aéreos y las condiciones necesarias para garantizar la continuidad de las conexiones con ambos departamentos.

Vale la pena mirar apenas un año hacia atrás. El 5 de agosto de 2025, el Ministerio de Turismo anunciaba una tercera frecuencia entre Montevideo y Salto y preparaba la apertura de la conexión con Rivera. La ruta salteña había superado entonces los 4.000 pasajeros en sus primeros diez meses y las autoridades destacaban la importancia de fortalecer la conectividad doméstica como herramienta de desarrollo y descentralización.

En aquella oportunidad, el ministro Pablo Menoni formuló una definición que hoy adquiere una dimensión especial: “La conectividad no termina cuando el avión aterriza, sino que la conectividad recién empieza”.

Menoni se refería entonces a la necesidad de acompañar los vuelos con buena caminería y servicios que permitieran aprovechar realmente la conexión.

Un año después, aquella idea permite formular una pregunta más amplia.

Dos conectividades, un mismo país

El nuevo régimen de incentivos está dirigido específicamente a la conectividad internacional. No sería correcto plantear que los recursos destinados a esa política deberían simplemente utilizarse para financiar las rutas hacia Salto o Rivera.

Ahora bien, la cuestión aquí es otra: ¿puede Uruguay desarrollar una estrategia ambiciosa para conectarse con el mundo sin asegurar, al mismo tiempo, las condiciones necesarias para consolidar su conectividad territorial?

Un turista que aterriza en Carrasco puede querer continuar hacia otros destinos. Una empresa instalada en el norte necesita conexiones rápidas con Montevideo y con el exterior. Y para quienes viven en Salto o Rivera, disponer de una conexión aérea regular significa incorporar una alternativa que acorta distancias dentro del propio país.

Recordemos que Uruguay realizó inversiones importantes para modernizar su infraestructura aeroportuaria. Salto y Rivera cuentan hoy con terminales renovadas que hicieron posible recuperar y ampliar la aviación comercial hacia el norte. La apertura de la ruta hacia Rivera fue presentada oficialmente como un avance en la integración territorial.

Y aquí, parafraseando al ministro Menoni, Salto y Rivera muestran que inaugurar una ruta es apenas el comienzo.

Uruguay necesita conectarse más y mejor con el mundo. Pero también necesita que esa conexión pueda continuar más allá de Carrasco.



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